¿Por qué un colapso real de Estados Unidos arrastraría al mundo entero?

 

Interdependencia, hegemonía y el mito del “rescate” geopolítico en la era del declive relativo.

Redacción Exposición Mediática.- Durante los últimos años, y con mayor intensidad tras la pandemia, la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad entre grandes potencias, ha ganado fuerza una narrativa recurrente: la idea de que Estados Unidos se encuentra al borde de un quiebre económico sistémico y que actores como China o Rusia podrían —o incluso deberían— “salvarlo”.

La pregunta, sin embargo, está mal formulada desde su origen. No solo porque simplifica un sistema extraordinariamente complejo, sino porque ignora una realidad incómoda para todos los polos de poder: si Estados Unidos colapsara de manera real y profunda, el impacto no sería localizado, sino global, inmediato y severo, afectando incluso a aquellos países que hoy se presentan como sus principales adversarios estratégicos.

Este análisis no parte de simpatías ideológicas ni de alineamientos políticos, sino de la arquitectura objetiva del sistema económico y financiero internacional.

Colapso no es crisis: una distinción necesaria

Antes de avanzar, es imprescindible aclarar conceptos. Estados Unidos ha atravesado crisis económicas severas a lo largo de su historia: 1929, los años setenta, 2008. Ninguna de ellas supuso un colapso sistémico del Estado ni del orden económico global.

Hablar de colapso real implica algo distinto:

• Pérdida estructural de confianza en sus instituciones financieras.

• Incapacidad sostenida para financiar su deuda.

• Quiebre del dólar como eje del sistema monetario internacional.

• Paralización prolongada del comercio y del crédito global.

Ese escenario no es el actual. Lo que existe es un declive relativo de la hegemonía estadounidense, acompañado de tensiones internas, polarización política y desgaste del modelo económico. Declive no es colapso, aunque ambos conceptos se confundan deliberadamente en el debate público.

El dólar: más que una moneda, la infraestructura invisible del mundo

Uno de los errores más comunes en el análisis geopolítico contemporáneo es reducir el dólar a una simple divisa nacional. En realidad, el dólar funciona como la capa base del sistema financiero global.

Más del 80 % del comercio internacional se liquida directa o indirectamente en dólares, incluso entre países que no comercian con Estados Unidos. Energía, alimentos, materias primas, transporte marítimo, seguros, derivados financieros y contratos de futuros están anclados, de una u otra forma, a la moneda estadounidense.

Un colapso de EE. UU. implicaría:

• Una crisis de confianza en el dólar.

• Disrupciones masivas en los sistemas de pago.

• Congelación de transacciones internacionales.

China, pese a sus esfuerzos por internacionalizar el yuan, no dispone aún de una infraestructura financiera capaz de absorber de inmediato ese volumen sistémico. Rusia, aunque ha avanzado en esquemas alternativos, sigue operando en un mercado global cuyos precios y referencias continúan denominándose mayoritariamente en dólares.

El problema no es político: es técnico y estructural.

La deuda estadounidense como pilar del sistema financiero global

Paradójicamente, la enorme deuda pública de Estados Unidos —frecuentemente presentada como su mayor debilidad— es también uno de los principales estabilizadores del sistema global.

Los bonos del Tesoro estadounidense:

• Son considerados el activo libre de riesgo por excelencia.

• Funcionan como colateral para bancos, fondos de inversión, aseguradoras y bancos centrales.

• Respaldan operaciones de crédito a escala planetaria.

Si ese activo perdiera su estatus de seguridad:

• Se desvalorizaría el colateral global.

• Se activarían llamadas de margen en cadena.

• El crédito internacional se contraería abruptamente.

No se trataría de una crisis similar a la de 2008, sino de un evento de magnitud muy superior, sin un prestamista de última instancia claro ni un sustituto inmediato del sistema actual.

Estados Unidos como consumidor final del mundo

Más allá de las finanzas, Estados Unidos cumple un rol esencial como principal mercado de consumo del planeta. Su economía no solo produce bienes y servicios; absorbe producción global.

Países como China, Alemania, México, Vietnam, Corea del Sur o Japón dependen en mayor o menor medida del mercado estadounidense para sostener:

• Empleo industrial.

• Estabilidad social.

• Crecimiento económico.

Un colapso estadounidense reduciría drásticamente la demanda global, provocando:

• Cierres masivos de fábricas.

• Aumento del desempleo.

• Tensiones sociales y políticas en economías exportadoras.

Para China, cuya prioridad estratégica es la estabilidad interna, este escenario sería particularmente peligroso.

Wall Street y la centralidad financiera global

El sistema financiero internacional sigue orbitando alrededor de Estados Unidos. Wall Street no es solo una bolsa de valores; es el nodo central de:

• Flujos de capital.

• Mercados de derivados.

• Inversiones tecnológicas.

• Capital de riesgo.

Un colapso sistémico estadounidense implicaría una congelación prolongada de inversiones, afectando la innovación, el desarrollo tecnológico y la financiación de proyectos estratégicos en todo el mundo.

Ni Shanghái ni Moscú pueden sustituir ese rol de manera inmediata. La transición, de ocurrir, sería larga, compleja y costosa.

El vacío de poder: del orden al caos

Otro error habitual es asumir que el colapso de una potencia hegemónica produce automáticamente un nuevo equilibrio multipolar. La historia demuestra lo contrario.

Los vacíos de poder suelen generar:

• Inestabilidad institucional.

• Conflictos regionales simultáneos.

• Proteccionismo extremo.

• Aumento del riesgo de escaladas militares por errores de cálculo.

China y Rusia no buscan el caos global. Buscan reducir la capacidad unilateral de Estados Unidos, no destruir el sistema del que también dependen.

La verdad incómoda: nadie quiere un colapso, todos gestionan un declive

Contrario al discurso simplista, China y Rusia no desean un colapso real de Estados Unidos. Su objetivo estratégico es más sofisticado:

• Erosionar la hegemonía.

• Diversificar centros de poder.

• Construir alternativas graduales al orden actual.

Esto explica por qué:

• China desacopla lentamente su economía del dólar, pero sin provocar una ruptura abrupta.

• Rusia desafía el sistema, pero evita acciones que provoquen un colapso global incontrolable.

• No se trata de rescatar a Estados Unidos, sino de contener su declive sin detonar el sistema.

Síntesis: demasiado grande para caer sin consecuencias

Estados Unidos no es invulnerable, pero tampoco es prescindible en el corto plazo. Su economía, su moneda y sus instituciones están profundamente entrelazadas con el funcionamiento del mundo moderno.

Un colapso real no sería una victoria para sus rivales, sino un evento sistémico de consecuencias imprevisibles.

Por eso, el escenario más probable no es el colapso, sino una transición prolongada, conflictiva y negociada hacia un orden más multipolar, donde la hegemonía estadounidense se diluye, pero no desaparece de golpe.

En geopolítica, como en física, las estructuras demasiado grandes no se rompen sin provocar ondas expansivas. El mundo lo sabe. Y por eso, pese al ruido, nadie empuja realmente al abismo.

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