Por: Marcos José Núñez
El pasado viernes 5 de diciembre de este año que está culminando, amanecimos con la impactante noticia de que el gigante del streaming Netflix estaba en medio de negociaciones para lograr la adquisición definitiva de otro gigante de la producción cinematográfica, Warner Bros.-Discovery.
Netflix, gran empresa del entretenimiento digital, quien desde su incepción hace casi tres décadas, ha estado del algún modo innovando en la manera como recibimos o adquirimos productos para nuestro consumo, está abriendo un acuerdo para luego cerrar un trato de cara a la compra del más grande estudio de cine en la historia, por un monto inicialmente de 82.7 billones de dólares.
Anteriormente Paramount Pictures, compañía de gran tradición en el cine y quien ya ha incursionado con éxito en el mundo del streaming, había intentado varias veces arrebatarle a Netflix la oportunidad de comprar a Warner Bros. Discovery pero luce que no le llegaron al precio por acción y al valor de los activos.
Con la movida estratégica llevada a cabo por Netflix, esta última busca apoderarse de una vez y por todas de Warner Bros. Pictures, Warner Bros. Television, los canales de HBO y su competencia directa en streaming que es la popularísima marca HBO Max.
Sin embargo, el verdadero objetivo de la adquisición parece ser la obtención de una inmensa cineteca que junto a propiedades intelectuales de altísimo valor e impacto y que forman parte de la cultura popular como las franquicias de Harry Potter, Juego de Tronos, el Señor de los Anillos y el casi infinito catálogo de DC Comics, llenaría masivamente los bolsillos de los nuevos propietarios con el desarrollo y futura explotación de los mismos.
Hagamos un poco de historia para poner en contexto. La compañía Warner Bros. Media que hace tan solo unos años, concretamente el 8 de abril de 2022, fue adquirida para fusión por el grupo Discovery Inc. Entidad dueña de la popular cadena de medios Discovery Channel, pasa actualmente por su tercera transformación societaria en menos de una década.
Ya antes, en 2018 Warner Bros. Había pasado a manos de AT&T multinacional de las telecomunicaciones. La adquisición de esa compañía cuya matriz en ese entonces se llamaba Time-Warner, se había hecho mediante la compra del 71% del capital accionario por un monto en ese momento de unos 85 mil millones de dólares aproximadamente.
Esos movimientos corporativos en el mundo del entretenimiento en los últimos años, se debe fundamentalmente al gran crecimiento que ha experimentado estudios cinematográficos como lo es Disney, quien ha estado en los últimos quince años haciendo operaciones que lo colocan por delante de otros rivales de la industria.
Disney, una entidad del mundo del entretenimiento que abarca divisiones de animación, parques de diversiones, canales de televisión, estudios de cine entre otros activos, compró una parte del catálogo de propiedad intelectual de Marvel Cómics y su división fílmica, produciendo unos cambios profundos en el mundo cinematográfico en la década pasada.
Dejando atrás a sus competidores, con la llamada “Saga del Infinito” pese a no tener los derechos de todos los personajes de Marvel, Disney de forma agresiva se dispuso a unificarlos a todos bajo su sombrilla corporativa, adquiriendo gran parte de Twenty Century Fox, estudio rival y cuya matriz también tenía divisiones de televisión, cable, etc., quienes poseían parte de los derechos sobre propiedad intelectual muy valiosa que Marvel les había cedido por problemas económicos unas décadas antes.
Aunque la concentración y el oligopolio pueden no ser del todo aconsejables en términos de calidad y competencia de cara al público, el verdadero inconveniente está en el hecho de que el streaming, como nueva forma de presentar contenidos para la televisión, ha sido altamente disruptivo en desmedro de la televisión por frecuencias y del cine en general.
Se ha podido verificar un impacto hasta cierto punto negativo en las recaudaciones que tiene la industria cinematográfica en la última década y una baja drástica en el consumo de la televisión en general, un fenómeno que ni siquiera cuando irrumpió la televisión tradicional frente al cine y al teatro en la década de los años cuarenta del siglo XX o la televisión por satélite frente a la radio, veinte y tantos años después.
Como dijimos en entregas anteriores, el cine mueve de manera directa el comercio y la economía alrededor de sus realizaciones, tanto en la etapa de producción como de exhibición en salas, tanto para filmes tipo blockbuster como aquellos que son de mucho menos presupuesto y por igual en relación al llamado cine independiente.
Aunque en empresas como Netflix, se ha abierto innegablemente ventanas de oportunidad para noveles realizadores, para un cine más artístico o menos comercial y para la reproducción de obras fílmicas muy populares pero ya estrenadas en años o épocas anteriores, creemos que hay espacio para que tanto el cine como la televisión tradicional sigan existiendo junto al streaming con éxito, sin que perdamos su utilidad y su presencia en nuestras vidas.
Aunque en el comunicado que ha sido dado a conocer en la prensa, se indica que el objetivo de Netflix siempre es y ha sido entretener al mundo y que se pretende transformar la industria para los próximos cien años de narración, sabemos bien que el modelo de negocio de dicha compañía en realidad tiende a crear una situación un tanto difícil como hemos descrito, independientemente de las buenas intenciones que parezca tener.
De todas formas, esperamos que todo salga bien y que esta operación que se anuncia como una transformación del cine, no resulte en su muerte definitiva.
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