Por Andrés Rodríguez
La verdad es que luego de escuchar esa gran producción de mi amigo Marcos Sánchez y de recibir la agradable noticia de otro gran amigo que comparten precisamente, igual apellido y quien recibiera los honores bien merecidos de haber sido declarado poeta nacional 2025 y quien fuera prologuista de nuestra primera coleccion de cuentos: “La Perfidia de tu amor”, es imposible sustraerse a una sensación de nostalgia que nos presagia el introito de su admirable producción musical «Navidad Robada» que por igual está en inglés como «Stolen Christmas«.
Un privilegio para mí haber sido contactado para evaluar el contexto de la canción y emitir un juicio de valor. Pienso que compartir su atendible inquietud sobre cómo vemos o interpretamos hoy día que estamos en los inicios de ser una sociedad esclavizada por la pantalla digital y la IA, presagiando un futuro no muy promisorio que digamos como adulto.
A pesar de que la composición contó con asistencia de la IA, en el caso de Marcos, su uso radica con fines creativos, lo que le convierte en un usuario activo y protagónico toda vez el proceso creativo, recae y es además dirigido por él.
Debo felicitar al amigo Marcos Sánchez por su inagotable y diverso ánimo creativo: “Navidad Robada” me ha hecho transportar a una época que como bien cita la canción, parece olvidada.
Recuerdo como si fuera hoy, cuando , siendo un adolescente adulto o viceversa, le comenté a mi fallecida madre, que la llegada de la Navidad me resultaba un cliché muy sobrevalorado y que las emociones que sentí a con su llegada “ me daba lo mismo”, por que no me producían los sentimientos de antes, de cuando era más joven, respondiéndome ella, con su sabiduría de madre y maestra comprensiva; “No mi hijo, lo que te pasa es que te estás poniendo viejo«. Cosa que no entendí,
Paradójicamente, luego de tener más edad, porque confieso que no le veía ningún vínculo con lo que me había dicho. La Navidad es una época que sin lugar a dudas y sin entrar al principal sentimiento religioso que debe primar sobre todo, es una época que nos marcó en nuestra niñez, en su gran mayoría, con las excepciones de aquellos que los marcó desfavorablemente, ya sea por la pérdida de un ser querido u otro evento desafortunado.
Entiendo que es una época emblemática para la humanidad. Mi esposa solía decir que «no le gustaba La Navidad” y era, precisamente porque le hacía recordar con tristeza a su difunto padre.
Recuerdo que también me Decía mi ilustrada madre que “en paises como Cuba y Rusia no celebraban la Navidad» y confieso sentir una enorme pena por los habitantes de allí, pues no podía ni hacerme una remota idea de cómo podían comportarse en ese mágico tiempo.
La magia de la Navidad es como todo niño recuerda emocionado y los adultos cuando se encuentran con ese niño interior que cohabita con nosotros. Las luces, los cohetes, los adornos navideños, los villancicos, las veladas, los aguinaldos, la cena colectiva del barrio, la llegada del extranjero de los familiares ausentes con sus regalos, ese furor colectivo y contagiante.
Incluso, los merengues de moda de la época y un largo etcétera de situaciones muy agradables. Es imposible no recordarla y sentir nostalgia por una época que se nos escapa con el paso de los años y los indetenibles cambios de la época.
Porque los filósofos nos enseñaron «que todo está en constante cambio”, nada queda igual, pero luego con la sabiduría que nos dan los años y la reflexión, caímos en la cuenta de que todo es una ilusión, mucho ruido y » alegría».
Muchas reconciliaciones, muchas promesas incumplidas y cada vez son menos los que asistimos (incluyéndome) a la “misa del gallo”, a la considerada más grandiosa celebración que conmemora el nacimiento de nuestro Salvador y Padre.
De repente cada día dejamos al olvido, entre arbolitos, guirnaldas y luces espectaculares, petardos fastuosos y cada vez más caros, explosivos y peligros ese gran “homenajeado Redentor” que fue sacrificado por todos nuestros pecados. Que hemos dejado olvidado como un desecho inservible, relegado a un último plano.
Que en esta Navidad no deje de enseñarle a tu descendencia que es lo que verdaderamente celebramos y adoramos. ¡Retomemos la verdadera esencia navideña que es la representación del nacimiento del Niño Jesús en su pesebre junto a sus progenitores y no dejemos que un viejo gordo con risa contagiosa nos robe La Navidad!
El autor es abogado notario y escritor.
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