¿Por qué somos tercermundistas si iniciamos 120 años antes que EE.UU.? (2 de 3) 

 

Por Alfredo de los Santos Jorge

Aunque hoy Estados Unidos es la superpotencia más influyente del planeta, lo cierto es que nosotros iniciamos el Nuevo Mundo 120 años antes. La Providencia nos favoreció con tierras tropicales fértiles, ríos cristalinos, clima benigno, ausencia de fieras salvajes y abundancia natural.

No necesitábamos abonos ni tecnologías avanzadas: la tierra producía por sí sola. Éramos, en términos bíblicos, un auténtico jardín del Edén.

En esta isla se fundó la primera ciudad, la primera universidad, la primera iglesia, el primer ayuntamiento y la primera calle del Nuevo Mundo. La joya de la corona americana estaba en Quisqueya, llamada entonces La Española.

Y, sin embargo, la pregunta resulta inevitable:

¿Cómo es posible que 533 años después seamos un país tercermundista, mientras que, a apenas dos horas de vuelo (unos 1,500 kilómetros) se levanta la nación más poderosa del mundo, fundada 120 años después que nosotros?

El verdadero enigma

Para entender este aparente absurdo histórico, no basta con revisar fechas o recursos naturales.

Hay que ir más profundo. No se trata del origen de las especies, sino de algo más decisivo.

¿Qué había dentro de las Carabelas de Cristóbal Colón en 1492 y qué traía el Mayflower cuando llegó a Massachusetts en 1620?

Ahí está la clave. No es una comparación entre barcos, sino entre propósitos, misiones, valores e ideales. La diferencia entre ambas naciones no es geográfica ni racial: es moral, espiritual y cultural.

Aclaración necesaria sobre Colón

Conviene desmontar un mito. Cristóbal Colón no fue un loco improvisador ni sus tripulantes eran delincuentes o presidiarios.

Colón era navegante, cartógrafo y estudioso, formado en la Universidad de Pavía. Sus viajes no fueron un salto al vacío, sino el resultado de estudios rigurosos en geografía, astronomía, geometría y cartografía.

La expedición estaba compuesta por unos 90 hombres: marineros, soldados, carpinteros, médicos y otros oficios. El objetivo era claro: abrir una ruta comercial hacia Asia y expandir el Imperio español.

Las naves se distribuían así:

40 tripulantes en la Nao Santa María, nave capitana.

26 en la Carabela La Pinta.

24 en la Carabela La Niña.

Los Reyes Católicos financiaron la empresa a cambio de beneficios económicos y títulos para Colón: Almirante y Virrey.

El fin era inequívoco: riqueza, expansión y dominio. De ahí el nombre de La Española, primera colonia del Imperio.

El contraste decisivo: Mayflower vs. Carabelas

Aquí comienza la gran diferencia. En las naves de Colón no viajaba una sola mujer. Todos eran hombres que pensaban regresar a Europa cargados de oro, especias y riquezas. Nadie vino a echar raíces, a criar hijos ni a morir en esta tierra.

El Mayflower, en cambio, llegó a Massachusetts con 101 personas, entre ellas 18 mujeres adultas, algunas embarazadas, y varios niños. Eran familias completas. No venían a explorar ni a extraer riquezas: venían a quedarse para siempre.

Huían de la persecución religiosa en Europa y estaban dispuestos a luchar y morir por una nueva vida basada en la fe, el trabajo y la libertad. Y así fue: en los primeros tres meses, en medio de un invierno brutal, murieron 45 de los 101 colonos. De las 18 mujeres, solo cuatro sobrevivieron.

Eso no es aventura. Eso es fundación.

Oro versus Legado

Mientras unos vinieron por oro, los otros vinieron por principios.

Los peregrinos no buscaban enriquecerse rápidamente; buscaban construir una sociedad para sus hijos, sembrar valores, educar, trabajar la tierra y honrar a Dios. Querían transformar una tierra inhóspita en un jardín habitable, no saquearla.

No fue el primer asentamiento inglés en América. Antes estuvo Jamestown, en Virginia (1607), bajo el mando del capitán John Smith. Pero, al igual que Colón, no llevaba mujeres ni familias. Buscaban oro. Jamestown no prosperó.

Massachusetts sí. Y se convirtió en el corazón moral, político y cultural de las Trece Colonias.

Fe, educación y orden

De los puritanos y peregrinos se dice que su rectitud moral y devoción a Dios solo fue comparable con la de los cristianos del primer siglo.

Sus iglesias fueron escuelas; sus escuelas, universidades. Muchas de ellas siguen siendo hoy las mejores del mundo. Gobernadores, legisladores y líderes surgían de sus congregaciones.

El trabajo arduo, la disciplina, la educación y el temor de Dios moldearon el carácter de una nación.

Nuestra herencia política. Nuestra historia fue distinta

Basta un dato: entre el 25 de noviembre de 1873 y el 6 de diciembre de 1879, República Dominicana tuvo 17 presidentes en apenas seis años.

Desde 1844 hasta 2025, el país ha tenido 54 personas en la presidencia, repartidas en 67 períodos de gobierno, incluyendo juntas, triunviratos y consejos de Estado. En solo 181 años de vida republicana.

Pocos gobernaron con visión de nación. El caso más cercano fue Ulises Francisco Espaillat, quien intentó implantar educación, institucionalidad, leyes y orden al estilo de Estados Unidos. Ganó con el 97 % de los votos… y lo obligaron a renunciar a los seis meses, en 1876, cuando vieron que iba en serio.

Este no es un problema de fechas ni de recursos. Es un problema de valores fundacionales.

En el próximo artículo profundizaremos en cómo esas decisiones iniciales siguen determinando nuestro presente.

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