Antecedentes y principales representantes del llamado “Boom Latinoamericano”

 

Por Marcos José Núñez

El arte y la cultura con la literatura como vehículo de expresión de ambos aspectos, en lo referente al tema a desarrollar en este trabajo de opinión, es un elemento que de manera indispensable, refleja una parte del sentir de los pueblos, es decir, su historia, su idiosincrasia, sus relatos míticos, su cosmovisión y demás aspectos complementarios, frente al resto del mundo con el que necesariamente coexiste.

Todo lo anterior, en lo atinente al sentir de los pueblos, se constituye en parte de su acervo, de su riqueza, del patrimonio que éstos van construyendo con su proceso de evolución en todos los órdenes. En ese tenor pues, los artistas pero sobre todo a los fines de lugar, los escritores, pasan a ser los individuos que a través de sus obras, contribuyen a una mayor proyección de los países de los cuales provienen.

El escritor de cualquier género de la literatura, lleva consigo un legado de ideas, vivencias, conocimientos y acontecimientos que comparte con sus potenciales lectores para su disfrute, para el deleite, haciéndolos partícipes de informaciones importantes, descubrimientos relevantes, mundos imaginarios e impresionantes universos literarios.

En esa tesitura, Europa llevó durante siglos la delantera en cuanto a riqueza cultural y artística, aportando al mundo catervas de artistas, escritores y sobretodo en este caso en particular, de obras literarias que en diferentes ámbitos o géneros, influyeron en la forma de pensar de gran parte del mundo conocido.

Nombres como Nicolás de Maquiavelo, Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Giovanni Boccaccio, Rene Descartes, Lope de Vega, Dante Alighieri, Tomas Moro, John Locke, Daniel Defoe, Juan Jacobo Rousseau, Inmanuel Kant, Baruch Spinoza, George William Hegel, Soren Kierkegard, Lewis Carroll, Mary Shelley, Antonio de Nebrija, Charles Dickens, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Fiodor Dosvtoieski, Gustave Flaubert, Leon Tolstoi, Roberto Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle, entre otros, mostraron el nivel de adelanto de Europa, respecto al resto del globo terráqueo.

No obstante, nuestra América, como extensión natural por colonización y convivencia del nivel de desarrollo alcanzado por los conquistadores europeos, produjo relativamente pocos escritores de gran renombre que se puedan resaltar en los primeros tiempos; gente como el “Inca” Garcilaso de la Vega, Fray Bartolomé de las Casas, Gonzalo Fernández de Oviedo, para solo mencionar ésos, quiénes aparecieron durante los primeros siglos que siguieron al descubrimiento, pero no brillaron lo suficiente para impresionar a Europa, pese al proceso de sincretismo cultural, los relatos de la época precolombina, las historias compartidas y los sucesos anteriores que condujeron indefectiblemente a la independización de las metrópolis.

América tuvo que esperar más de tres siglos, para poder observar los primeros indicios de literatura de calidad de la mano de escritores nativos, quienes todavía no lograban hacer suficiente sombra, ni destellos de comparación con lo que surgía constantemente en Francia, Inglaterra, Alemania, España y Holanda. Nombres como Horacio Quiroga, Amado Nervo, José Hernández, Jorge Isaacs, Mark Twain, Ralph Waldo Emerson, Edgar Allan Poe, Alexis de Tocqueville, William Faulkner, José Ingenieros, Virginia Woolf, Rubén Darío, James Joyce, aparecieron en escena sin rivalizar aun con los europeos.

Sin embargo, es partir de la segunda mitad del siglo XX que Europa comienza a atestiguar, como cuna de la cultura y el arte mundiales, la aparición en escena de literatos de procedencia americana, quienes sin lugar a dudas, se robaron la atención y lograron hacer que sus obras ocupasen un espacio relevante en el Olimpo que hasta entonces, estaba reservado de manera casi exclusiva para escritores del viejo continente.

Cabe destacar que hubo una generación de autores bastante conocidos que sentó las bases para el despegue cultural y la labor de reconocimiento posterior de sus pares americanos, por lo cual es justo reconocer sus invaluables aportes, haciendo especial mención de algunos de ellos: Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Arturo Uslar Pietri, Juan Rulfo, Arthur Miller, Pablo Neruda, Truman Capote, Adolfo Bioy Casares, Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier.

A partir de la década de los sesenta del siglo XX, desde Francia y España en especial, como puertos de entrada procedente de América, e irónicamente al revés de cómo se produjo nuestro descubrimiento y colonización, es que se concretiza el fenómeno llamado del “Boom Latinoamericano”, protagonizado especialmente por autores de la talla de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Isabel Allende, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, entre otros, no menos importantes.

El “Boom Latinoamericano” se denominó al largo proceso mediante el cual, los autores hispanoamericanos a través de sus escritos en géneros como la novela, el cuento, el ensayo, el teatro, la poesía, la filosofía, la política, la sociología, etc., logró ganar un nivel de interés y aprobación importantes en lectores, no solo del continente americano y del europeo, sino especialmente de la crítica europea, anteriormente desdeñosa de todo lo relacionado a nuestra multi-centenaria cultura.

La aclamación fue inmediata y las ventas de los libros fue masiva: títulos como Cien Años de Soledad, Conversación en la Catedral, El Túnel, El Laberinto de la Soledad, Rayuela, La Casa de los Espíritus, La Tregua, Terra Nostra, etc. Redimensionaron la perspectiva acerca de los autores hispanoamericanos contemporáneos y reveló al mundo una calidad autoral, una creatividad a la par de las leyendas europeas.

Una característica de los autores del “Boom Latinoamericano” es que cada uno dió su toque particular, desde el punto de vista nacional, sobre las obras que desarrollaron, tomando muy pocos elementos de otros autores y centrándose en la creación de universos muy ricos, dotados de personajes, lugares y paisajes basados en experiencias previas o sintetizando ideas novedosas.

En García Márquez, tenemos el desarrollo de la novela colombiana definitiva, en Vargas Llosa, vemos un Perú atractivo e inexplorado y casi lo mismo sucede con los otros semidioses latinos del arte de la buena escritura, de la literatura contemporánea en el Boom: es la aparición del llamado “Realismo Mágico”, una forma de relatar sucesos que aunque reflejaba algo de ficción, costumbrismo y las realidades de nuestros pueblos hermanos, también aportó una narrativa impactante, capaz de atrapar eficazmente la atención del lector y transportarlos en la imaginación, a la presencia misma de los hechos relatados.

Loading