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Por Marcos Sánchez markrumors@gmail.com
La Romana, R.D.- En República Dominicana, el béisbol no es simplemente un deporte. Es un componente identitario tan arraigado como el folclor, la música popular o la emblemática “bandera dominicana”. Dentro de ese universo simbólico, pocos elementos generan tanta intensidad emocional como la figura de los Tigres del Licey.
La reacción colectiva que se produce cuando el Licey pierde —y se intensifica de forma notable cuando es eliminado en instancias decisivas— no puede explicarse únicamente desde el marcador final. Se trata de un fenómeno que revela dinámicas más profundas relacionadas con poder simbólico, hegemonía deportiva, identidad social y catarsis colectiva.
El Licey: de equipo deportivo a institución simbólica
Fundados en 1907 y con sede en Santo Domingo, los Tigres del Licey son una de las organizaciones deportivas más antiguas y exitosas del Caribe. Sus 24 campeonatos nacionales y 11 títulos de Serie del Caribe los posicionan como el equipo más laureado del béisbol profesional dominicano.
Ese historial ha convertido al Licey en algo más que una franquicia competitiva. En el imaginario colectivo, el equipo representa:
• continuidad histórica,
• éxito recurrente,
• presencia constante en finales,
• supremacía deportiva prolongada.
Cuando una institución deportiva acumula este nivel de dominio, deja de ser percibida como un actor más del sistema y pasa a ocupar el rol de referente hegemónico.
La hegemonía y la necesidad del antagonista
Desde una perspectiva sociológica, toda hegemonía genera resistencia. En el deporte, esa resistencia se canaliza a través del antagonismo.
Para una parte considerable de la fanaticada de otros equipos, el Licey simboliza:
• el rival permanente,
• el obstáculo recurrente,
• el equipo que “siempre está ahí”.
Esta percepción convierte cada derrota liceísta en un evento que trasciende la victoria del oponente. No se celebra únicamente el triunfo propio, sino la caída temporal del dominante.
Es en este punto donde la reacción emocional se amplifica.

Clase, poder y percepciones heredadas
Uno de los elementos más sensibles del fenómeno es la asociación histórica —real o imaginada— del Licey con ciertos sectores de poder.
Durante décadas, el equipo ha sido vinculado simbólicamente con:
• la capital,
• estructuras tradicionales,
• narrativas de prestigio y élite.
Aunque en la práctica su fanaticada es diversa y transversal, estas asociaciones persisten en el inconsciente colectivo. En sociedades marcadas por desigualdades estructurales, el deporte se convierte en un espacio donde dichas tensiones se expresan de manera indirecta.
Así, cuando pierde el Licey, para muchos no se trata solo de béisbol: se interpreta como la derrota momentánea de una estructura simbólica asociada al poder.
El rol amplificador de la era digital
La reacción desmesurada en redes sociales —memes, burlas, ironías— no responde a una conspiración organizada, sino a una combinación de hipervisibilidad y lógica algorítmica.
El Licey genera conversación incluso cuando no juega. Cuando pierde:
• el contenido se multiplica,
• la interacción aumenta,
• el algoritmo amplifica el fenómeno.
El meme se convierte entonces en una herramienta de catarsis colectiva, donde la burla funciona como:
• inversión temporal de jerarquías,
• afirmación grupal (“esta vez no fueron ellos”),
• liberación emocional acumulada.
El peso del discurso interno
La narrativa construida desde el propio liceísmo también influye en la reacción externa. Apodos como “El Glorioso”, “El Equipito” o “El Conjunto Azul” refuerzan una identidad fuerte y orgullosa, pero también elevan el pedestal simbólico.
Cuanto mayor es la exaltación del éxito, mayor es la resonancia de la derrota. No por malicia, sino por una lógica casi matemática del relato deportivo.
La final como escenario de máxima tensión simbólica
La eliminación del Licey en una serie final concentra todos los elementos del fenómeno:
• historia,
• expectativas,
• memoria colectiva,
• narrativa de invencibilidad.
En ese escenario, la derrota se percibe como una interrupción del relato dominante, y por eso se celebra con mayor intensidad por quienes históricamente han ocupado el rol de perseguidores.
Síntesis: el Licey como espejo social
El furor que provoca la derrota de los Tigres del Licey no es una anomalía, sino un reflejo de cómo la sociedad dominicana procesa el éxito, el poder y la hegemonía a través del deporte.
El béisbol funciona como un lenguaje simbólico, donde se expresan tensiones que van más allá del terreno de juego. En ese lenguaje, el Licey ocupa el papel del referente dominante, y su caída —aunque sea circunstancial— activa emociones colectivas acumuladas.
Por eso, cuando pierde el Licey, no pierde solo un equipo. Se produce, por un instante, una reconfiguración simbólica dentro de una cultura profundamente apasionada por su pasatiempo nacional.
Sobre el autor: Es director, fundador y redactor de Exposición Mediática. Articulista especializado en el análisis de realidades sociales y antropológicas, posee una trayectoria de más de 30 años en los medios de comunicación. Su perfil profesional integra la labor de locutor, escritor, profesor bilingüe (inglés–español), actor y creativo, con un enfoque marcado por la investigación, la contextualización y la constante adaptación a los cambios del ecosistema mediático.
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