Por José Aquino

Desde el pasado año, la asistencia a los afiliados del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha experimentado un deterioro alarmante, con el argumento de implementar «nuevas medidas de seguridad» para garantizar transparencia y control, la institución ha erigido barreras que, en la práctica, se traducen en maltrato al usuario y retrasos en los pagos a prestadores de salud.

La raíz del problema es técnica pero sus efectos son humanos. Según informes recientes, SeNaSa opera con tres plataformas informáticas no integradas entre sí.

Esta fragmentación tecnológica no es solo un fallo de ingeniería; es el origen de un cuello de botella que vulnera el derecho fundamental a la salud integral consagrado en el artículo 61 de nuestra Constitución.

El proceso actual parece diseñado para el siglo pasado “el calvario en la farmacia”.

El usuario no solo debe presentar cédula, carnet e indicación; ahora se enfrenta a un ritual de digitalización innecesario:

1. El farmacéutico debe escanear documentos para convertirlos a imagen o PDF de forma manual.

2. Se imprime un código QR que el usuario debe firmar físicamente.

3. Se inicia una espera de validación manual por parte de un personal remoto (SeNaSa o FarmaCard).

4. Si hay suerte, el usuario recibe una llamada telefónica para un «interrogatorio» sobre su médico y sus dolencias.

5. Finalmente, se imprimen cuatro facturas que deben ser firmadas antes de recibir el medicamento.

¿Cómo es posible que, en la era de la Inteligencia Artificial (IA), un paciente deba esperar horas de pie, con precariedad de salud, muchas veces sin asientos disponibles para obtener un fármaco que garantiza su vida?

Resulta incomprensible que el sistema se resista a la modernización. Las soluciones existen y son viables, como por ejemplo:

Algoritmos de validación instantánea: Para eliminar la necesidad de llamadas y procesos manuales de «verificación».

Receta Electrónica Universal: Una integración directa entre el médico y la farmacia que evite errores de digitación y tachaduras.

App de Consulta en Tiempo Real: Donde el afiliado sepa exactamente cuánto le queda de cobertura antes de hacer una fila.
Además de, la omnicanalidad e interoperabilidad.

La transparencia no debe ser sinónimo de ineficiencia. Exigir copias físicas de cédulas o documentos que ya deberían estar indexados digitalmente es un retroceso.

Mientras el mundo avanza hacia la omnicanalidad, nuestro sistema de salud parece retroceder hacia la burocracia del papel carbón.

Es hora de que SeNaSa deje de «tomar el pelo» a sus afiliados. La salud no puede esperar a que un sistema lento o una plataforma fragmentada decidan funcionar.

El Estado tiene el compromiso de proteger la salud de las personas, y esa protección comienza con un sistema de acceso digno, ágil y moderno.

El autor es profesor Universidad Americana (UAM). Seguridad y Defensa / Especialista en Centro de Datos (AOS) / Protección de Datos.

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