Por Elías Wessin Chávez

Refutación a la narrativa del “imperio en agonía”.

Desde nuestra trinchera, la política internacional debe analizarse bajo tres principios rectores:

A) Soberanía nacional real, no retórica antiimperial.

B) Equilibrio de poder, no fantasías utópicas multipolares.

C) Realismo geopolítico, no romanticismo ideológico antioccidental.

No concordamos con el análisis del entorno geopolítico, como una pieza de guerra narrativa alineada con la cosmovisión euroasiática sino-rusa, que confunde deseo estratégico con realidad estructural.

Es un error fundamental confundir Realismo con Desesperación

Sostener que la acción estadounidense en Venezuela sería _“el último acto desesperado de un imperio en decadencia”,_ viola el principio central del realismo político.

Los imperios decadentes evitan conflictos; los imperios funcionales los seleccionan.

EE. UU. no está sobreextendido, está reordenando prioridades. Trump no es un globalista, es un realista patriota.

_Venezuela no es “el último cartucho”,_ es una corrección estratégica regional.

El realismo trumpiano reduce frentes secundarios (ONGs, multilateralismo inútil, guerras ideológicas) y concentra poder duro donde importa.

El mito del “petrodólar en colapso” repite una tesis recurrente desde los años 70: _“El sistema petrodólar está a punto de colapsar”._

Los hechos son incómodos para esa narrativa, el dólar no depende solo del petróleo, depende de mercados financieros profundos, seguridad jurídica, capacidad militar y confianza sistémica.

Más del 80% del comercio energético mundial sigue liquidándose directa o indirectamente en dólares, incluso cuando se usan monedas locales, la referencia, cobertura y reservas siguen dolarizadas.

China NO quiere destruir el dólar, China necesita exportar a mercados dolarizados, mantener sus reservas y evitar fuga de capitales

La desdolarización es parcial, táctica y defensiva, no estructural ni inmediata.

Venezuela NO es una amenaza sistémica al dólar. Afirmar que Venezuela representa, “una amenaza existencial al sistema monetario estadounidense”, es a todas luces una exageración desproporcionada.
La realidad objetiva es que Venezuela no controla flujos energéticos globales. Su producción está colapsada, tecnológicamente dependiente y logísticamente vulnerable.

Un país con reservas inmovilizadas, infraestructura obsoleta y sanciones internas no puede tumbar un sistema monetario global. Venezuela es un nodo táctico, no un pilar sistémico.

China en América Latina se maneja con pragmatismo, no altruismo. Pero romantizar el modelo chino, como: _“alternativa no colonial” es utópico._

China lo que hace para sí es garantizar suministro, asegurar control logístico y condicionar soberanía económica.

Venezuela no se desarrolló, se endeudó y perdió margen de maniobra. Por tanto, cambiar la dependencia de Washington por dependencia de Beijing no es soberanía, es sustitución de hegemonía.

La verdadera soberanía es diversificación, no alineamiento ciego.

_Otro error consiste en creer que Trump busca hegemonía clásica._ Trump no defiende la hegemonía liberal globalista, eso la defiende el establishment que él combate.

Trump opera bajo el realismo jacksoniano, la doctrina Monroe reactivada, la seguridad hemisférica directa.

_Venezuela no es “imperio vs. libertad”._ Es orden hemisférico vs. penetración extra-continental hostil.

China y Rusia no son actores neutrales en el Caribe maniobran para lograr infraestructura dual, inteligencia y proyección militar indirecta. Ningún Estado serio tolera eso en su perímetro estratégico.

La multipolaridad NO elimina la coerción. Vender la multipolaridad como: “un mundo sin imposiciones” es falso históricamente.

El mundo multipolar aumenta conflictos regionales, reduce arbitraje, premia a potencias duras.

Rusia, China e Irán son coercitivos, solo no lo son en la prensa occidental progre.

_Decir que el “imperio está agotado”, afirmando que EE. UU.: “no puede sostener múltiples frentes”, no responde a la realidad._

EE. UU. gasta más en defensa que los 10 países combinados que le siguen. Su capacidad industrial militar está siendo reconfigurada, no colapsada. Trump busca los conflictos más decisivos.

El agotamiento no es estructural, es político bajo el viejo orden, no bajo el trumpismo.

Desde nuestra visión:

A) Venezuela no simboliza libertad multipolar, simboliza, Estado fallido, captura ideológica y la instrumentalización por potencias externas.

B) Trump no acelera el fin de EE. UU., acelera, el fin del globalismo ingenuo, el retorno del poder nacional y el reordenamiento hemisférico.

C) La multipolaridad no es destino inevitable, es un campo de disputa.

Esa narrativa no describe el mundo, intenta condicionarlo emocionalmente.

Estados Unidos no está muriendo, Venezuela no está liberando al mundo y China no está construyendo un orden benevolente.

Lo que ocurre es que el viejo orden liberal-globalista colapsa,
y el realismo geopolítico vuelve al centro.

Trump no representa el final del poder estadounidense,
representa su versión desideologizada, cruda y estratégica.

Y eso, precisamente, es lo que incomoda tanto a quienes profesan y se anclan (intelectual y materialmente) del mito del “imperio decadente”.

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