Groenlandia, importancia geopolítica y guerras del futuro

 

Por Marcos José Nuñez

La “Tierra Verde” como denominaron a la fría isla en su propio idioma, los navegantes noruegos, cuando éstos se asentaron en ella alrededor del siglo X después de Cristo, durante largo tiempo, ha sido un territorio considerado por muchos como marginal, al carecer aparentemente de importancia y relevancia internacional, hasta poco antes del momento en que publicamos esta nota de opinión en la segunda quincena de enero de 2026.

La realidad es que Groenlandia fue técnicamente el primer territorio del continente americano en ser descubierto directamente por parte de los europeos, quinientos años antes que la llegada de Cristóbal Colón en nombre de la corona española y hacemos esta aclaración, dado que mucho antes que todos ellos, la isla ya había sido habitada desde miles de años atrás, por diferentes etnias y pueblos aborígenes, los que se supone procedían directamente de Asia.

Tanto Groenlandia con sus islas adyacentes como la macro-región de Terranova en territorio continental del norte de América, específicamente la zona de “Vinland”, fueron explorados por el legendario navegante nórdico y pionero marítimo apodado como “Erik El Rojo”, junto con sus descendientes y continuadores. En el caso particular de Groenlandia, estuvo habitada hasta mediados del siglo XV, cuando el advenimiento de un ciclo de cambio climático, provocó una pequeña edad de hielo, dificultando las condiciones para permanecer en ella.

Durante los siguientes siglos a su ocupación por parte del reino de Dinamarca, país co-heredero espiritual de las tradiciones y conquistas de los pueblos del norte de Europa, Groenlandia estuvo prácticamente ignorada ante los ojos del resto del mundo, por tratarse de un lugar en donde más de las ¾ partes del suelo ha estado completamente congelado, dificultando la presencia humana masiva allí.

La impresionante Groenlandia con sus dos millones y pico de kilómetros cuadrados, es considerada después de Australia, como la segunda isla-continente más grande del mundo en amplitud y tamaño. Ubicada en la frontera marítima entre el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico, hacia el oeste de Europa, Groenlandia es considerada por algunos teóricos como parte de un nuevo continente (el Ártico sería el séptimo continente de la Tierra), pero lo cierto es que en los mapas actuales, diseñados por los geógrafos oficiales, aparece todavía siendo parte integral del noreste de América.

Cabe destacar que la presencia colonial europea, el clima bastante extremo y su ubicación al norte franco en la región ártica, hizo prácticamente inviable para cualquier otro país intentar arrebatarles el control a sus legítimos dueños durante muchísimo tiempo.

Sin embargo, a partir de la declaración de la doctrina Monroe por parte del presidente del mismo nombre a partir de diciembre de 1823 y en el marco no solo de los procesos de independencia de Hispanoamérica, sino de la expansión territorial estadounidense hacia el sur y oeste de su masa continental, Groenlandia comenzó a ser observada con cierto interés desde Washington, D.C.

Después de las guerras méxico-estadounidense y civil de secesión, los Estados Unidos tomaron bastante en serio la posibilidad de adueñarse de territorios contiguos o cercanos, ya sea por la vía de la compra o de la anexión forzosa y es por ello que, logran convencer al imperio ruso en 1867, de venderles un pedazo de tierra congelada y en apariencia estéril, en donde el invierno es prácticamente permanente como es el hoy estado federado de Alaska, al extremo noroeste de la confederación del Canadá.

La visión estratégica correcta del gobierno estadounidense, capaz de aquilatar el verdadero valor que posee la adquisición de tierras sobretodo en su área de mayor influencia como potencia hegemónica y hemisférica, les permitió conseguir por apenas ocho millones de dólares de la época, un lugar que como Alaska, era infravalorado por la corona rusa y que más adelante en el tiempo, demostró tener cuantiosas riquezas en el sub-suelo, hallándose allí, reservas enormes de petróleo y gas natural, cuya explotación ha permitido prosperar grandemente a los Estados Unidos de América.

Prácticamente al mismo tiempo que Alaska fue negociada, el gobierno estadounidense de la época, mostró un marcado interés estratégico también de adquirir a Groenlandia (para probablemente cubrir su flanco marítimo y costero en el nordeste), de manos del pequeño Reino de Dinamarca, pero este último se negó en redondo a cederla, pese a que no le reportaba en ese momento ninguna riqueza en concreto a ese país.

Casi ochenta años después de la negociación fallida por Groenlandia y con motivo de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ocupó la isla helada, disponiéndose la creación de bases militares allí como la de Pittuffik, bajo la excusa de que las “Potencias del Eje” (Alemania, Italia, Japón), como fue el caso específico del imperio del Japón, habían producido ataques al suelo estadounidense (recordar los eventos trágicos de Pearl Harbor en el entonces territorio federal de Hawái en el océano Pacifico) y era necesario limitar nuevos ataques, posiblemente de parte de los nazis, quienes ya ocupaban gran parte del centro y norte de Europa.

Un tiempo después, se produjo la entrada triunfal de la potencia emergente americana al escenario de conflicto continental europeo, como fue la invasión de Normandía en el llamado día “D”, situación que redujo las posibilidades de un ataque masivo del Eje en contra de posiciones continentales de Norteamérica.

Desde entonces, las poderosas e imbatibles fuerzas armadas estadounidenses, comparten presencia con los aborígenes nativos y con ciudadanos de Daneses, en un territorio que ha logrado de parte de la corona de Dinamarca, un estatuto de autonomía que le permite incluso elegir sus propias autoridades a todos los niveles, excepto por el Rey de Dinamarca, quien sigue siendo su máximo gobernante como Jefe de Estado.

Ahora bien, el gobierno del presidente estadounidense, Donald John Trump, tanto en su primer periodo como en este segundo no consecutivo, ha estado abogando insistentemente por la venta definitiva o apropiación unilateral de Groenlandia, alegando para ello motivos estratégicos y de seguridad nacional para su país, actuando desde el pragmatismo y realismo geopolítico.

El marcado deseo de Estados Unidos de América de apoderarse formalmente de Groenlandia, ha traído como consecuencia fuertes tensiones y diferendos públicos con sus socios europeos de la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), entidad para la defensa y protección mutua frente a potenciales amenazas, de la cual el Reino de Dinamarca, forma parte integral desde el principio.

¿Que podría estar pasando como para que sea tan importante arrebatarle el control definitivo de Groenlandia a Dinamarca?

1. La posible presencia china en el lugar. Aunque de manera tímida y más bien exploratoria, desde hace más de una década, intereses chinos han tenido un focalizado interés de conseguir acceso a la explotación minera de tierras raras, hierro, zinc, níquel, plomo, cobre, entre otros elementos que se consideran de primer orden para la llamada transición energética. No obstante, las compañías chinas han sido constantemente bloqueadas por decisiones políticas de alto nivel de las autoridades de la isla o por transacciones de socios financieros estratégicos que no les ha permitido desarrollar adecuadamente sus planes para Groenlandia.

También China Popular tiene intereses de comercio y cooperación que ha tratado de impulsar con Groenlandia, abriendo por ahora y principalmente, su mercado interno a la importación de mariscos, langostinos y pescado, procedentes de las costas y el mar territorial de la enorme isla-continente.

2. La posible presencia rusa en el lugar. Durante los distintos periodos de la guerra fría, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas mantuvo cierta presencia en la zona del océano Ártico y el Polo Norte, no solo por haber considerado un error de los zares, la venta de Alaska, sino por ser un área muy cercana al extremo norte de su propio territorio, al que debía cuidar y vigilar de posibles movimientos potencialmente perjudiciales de parte de su principal adversario geopolítico. Desde embarcaciones exploratorias, barcos pesqueros, hasta submarinos nucleares, los soviéticos anduvieron largamente por allí y provocaron algunos momentos breves de tensión con los estadounidenses, quienes lógicamente temían la posibilidad de un ataque bélico-marino por el área, estando Groenlandia ubicada en el mismo vecindario de las incursiones soviéticas.

3. La importancia geoestratégica. El presidente Donald Trump en el contexto de su nueva versión de la doctrina Monroe, denominada por los medios de comunicación en general como “Donroe”, con el claro propósito de adaptar al contexto geopolítico actual, una serie de directivas añadidas o modificadas por su administración como parte de una especie de corolario a la antigua doctrina, ha desempolvado viejos planes de dominio y expansión hacia esa zona como ya hemos señalado más arriba, esta vez amparado en necesidades geoestratégicas frente al avance arrollador de sus nuevos competidores globales. Aunque China con su interés en comercio y explotación minera, no ha podido afincarse en Groenlandia por diferentes razones ya explicadas, y por otra parte, Rusia todavía patrulla aunque levemente todo el Ártico con sus naves y satélites, sin aparentes intenciones de ocupar territorios talasocráticamente, hay la probabilidad de que en caso de producirse una guerra global a gran escala, para los adversarios de Estados Unidos sería fácil, no solo conquistar la gigantesca isla, sino desde allí lanzar entonces un ataque masivo teledirigido de destrucción o invadir el territorio continental norteamericano.

Para más Inri: aunque hace décadas que está desarrollada la tecnología de misiles balísticos intercontinentales capaces de dañar infraestructura crítica en lugares distantes del globo y por otra parte, estamos también en la era de la “guerra de los drones”, aparatos cada vez más usados por los diferentes ejércitos del mundo para evitar acumular muchas bajas y abaratar costos en las operaciones militares, siempre habrá el riesgo de ataques desde puntos de avanzada geográfica antes o durante una posible invasión terrestre en el marco de un conflicto bélico internacional, resaltando que la costa Este de los Estados Unidos y su capital, Washington, Distrito de Columbia, están muy cerca de Groenlandia como se puede ver en cualquier mapamundi.

De ahí que, desde la época del presidente Ronald Reagan, se ha estado ponderando la implementación de un escudo antimisiles al estilo de la “Guerra de las Galaxias”, como le llamó la prensa de la época al programa para la “Iniciativa de la Defensa Estratégica”, debido a la agradable coincidencia entre un concepto de la famosa saga cinematográfica de ciencia ficción y las necesidades de protección efectiva frente a la URSS, ante un posible ataque nuclear en las postrimerías de la guerra fría.

Al momento de escribirse estas líneas, la presidencia estadounidense está planificando más seriamente que nunca la creación del “Golden Dome” o “Domo Dorado” basado (pero en el contexto actual) en lo que Reagan dió a conocer el 23 de marzo de 1983 y uno de los puntos para que sea más efectivo ese escudo de protección espacial-continental antimisiles {que según se dice, costará su creación unos 175 mil millones de dólares} es controlar a Groenlandia, no solo con la presencia de bases militares como ha sido hasta ahora, sino como un territorio federal de los Estados Unidos de América.

Existe actualmente un sistema menor de bloqueo para la defensa nacional frente a posibles incursiones de misiles desde el océano Pacifico, con interceptores colocados estratégicamente en los estados de Alaska y California, pero al parecer, su grado de protección es de un rango limitado.

Para que se tenga una idea de la importancia geoestratégica que reviste el control de territorios y áreas de influencia, si Rusia no hubiera vendido Alaska a Estados Unidos en el siglo XIX, la colocación allí de misiles (como lo hizo brevemente en Cuba en 1962) o un ataque terrestre a Norteamérica, hubiese sido un escenario muy posible en algún punto álgido de la guerra fría.

4. La riqueza minera y la superioridad tecnológica. En la época en que la inteligencia artificial, la robótica avanzada y el transhumanismo, ya no son parte de las distopías propias de películas de ciencia ficción, libros de creativos autores futuristas o suposiciones de la imaginación del individuo, el control de las llamadas ‘Tierras Raras’ para la industria tecnológica, le dará una ventaja estratégica determinante, no solo a quien más pueda poseerlas o procesarlas como es el caso de China Popular en los actuales momentos, sino a quien mejor pueda implementar su uso masivo para la innovación constante, siendo este un aspecto que será clave en la competencia por la superioridad tecnológica de las potencias en disputa, con miras al futuro que llegó muy pronto al presente que todos estamos viviendo.

5. Las rutas comerciales. El indudable progreso de China como el principal socio comercial de una mayoría de los países del mundo actual, se debe en gran parte a que ha extendido su ruta de la seda, no solo a través de las estepas de Asia Central como fue exitosamente en la antigüedad, sino por la utilización de nuevas rutas marítimas de la seda, diseminadas por todo el globo terráqueo.

Aunque gran parte del capital industrial estadounidense y de occidente está presente en China Popular, como esa mega-fábrica que simbólicamente ha sido designada por consenso, desde hace más de cuatro décadas, por necesidades del ‘Low Cost’ que representa, lo que hay en juego no solo es la ubicación estratégica de Groenlandia y los minerales que posee, sino el control y supervisión de tramos de importantes nuevas rutas comerciales interoceánicas más cortas, como sería la ruta de la seda a través de los mares del norte de Europa y por todo el océano Glacial Ártico; y no debe quedarse sin mencionar que se trata también de la defensa del dólar en el contexto de un mundo que se perfila cada vez más multipolar con China & Rusia a la cabeza, quienes ya no desean depender de un tipo de moneda “Fiat” para transacciones comerciales y financieras, la cual podría estar frenando, no solo el ascenso definitivo de esos nuevos actores geopolíticos a la escena para tratar de igualarse con E.E.U.U., sino la expansión económica de todo el sur y el oriente global.

Ya por último y a modo de conclusión, la exploración a profundidad de la plataforma submarina, reviste gran interés para los estadounidenses a los fines de hacer investigación científica avanzada de cara al futuro, también a los fines de estudiar con detenimiento el proceso gradual de deshielo polar que está aconteciendo en la región y la licuefacción que podría experimentar amplias zonas de Groenlandia.

No está demás decir que si el nivel de los mares aumenta con el derretimiento de los polos -como se ha advertido desde diferentes organizaciones científicas y de medio ambiente durante mucho tiempo- lo cual podría ocurrir en este mismo siglo, partes de la costa Este de Canadá y E.E.U.U. podría quedar sumergida, mientras que Groenlandia se alzaría firme sobre el mar y casi completamente verde, como su nombre lo indica.

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