Por Elías Wessin Chávez
Comencemos con una de las consignas más socorridas de los socialistas: «el mundo ha sido ampliamente gobernado por el capitalismo y por tanto, este es el responsable fundamental de la pobreza, la desigualdad y las violaciones de derechos humanos.»
Premisa falsa que no soporta los hechos, es una afirmación históricamente inexacta, metodológicamente tramposa y conceptualmente infantil.
Primero: capitalismo no es sinónimo de gobierno, sino de sistema económico.
Confundirlo con “regímenes políticos” es un error básico. La historia moderna muestra que la mayoría de los gobiernos del mundo durante siglos fueron monarquías absolutas, imperios, teocracias o dictaduras, no democracias capitalistas liberales.
El capitalismo como sistema dominante global no se consolida sino hasta finales del siglo XX, tras la caída del bloque soviético.
Pretender imputarle “toda la pobreza histórica” es como culpar a internet de las guerras napoleónicas, un anacronismo tan burdo como intelectualmente deshonesto.
Segundo: cuando se comparan resultados (no estereotipos), la evidencia es abrumadora,
los países que más redujeron pobreza extrema, hambre, mortalidad infantil y analfabetismo son precisamente aquellos que adoptaron economías de mercado, instituciones liberales y Estado de Derecho.
En 1820, más del 85% de la humanidad vivía en pobreza extrema; hoy es menos del 10%.
Ese descenso histórico no ocurrió bajo regímenes comunistas, sino en economías abiertas, con comercio, inversión y crecimiento productivo, acompañados de innovación, acumulación de capital y movilidad social.
En contraste, los experimentos socialistas reales (URSS, China maoísta, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Camboya) no eliminaron la pobreza, la redistribuyeron en forma de miseria, represión y escasez, acompañadas de censura, campos de trabajo, persecución política y millones de muertos. Esto no es “narrativa de ultraderecha”, es historiografía seria, documentada por académicos de diversas corrientes ideológicas.
Tercero: afirmar que “la derecha mundial” ha cometido más crímenes y violaciones de derechos humanos es una falacia por omisión selectiva.
Los regímenes comunistas del siglo XX son responsables, según estimaciones académicas conservadoras, de más de 100 millones de muertes. Y no por desviaciones accidentales, sino por lógicas internas del sistema, la planificación forzada, la eliminación del disenso, la colectivización violenta y culto al poder.
Finalmente: acusar a los que opinamos contrario a los panfletos zurdos de “atraso mental”, mientras se incurre en simplificaciones burdas, generalizaciones groseras y errores conceptuales elementales no es un argumento, es una confesión de mediocridad intelectual.
La democracia liberal, las libertades individuales y el pluralismo no nacieron del marxismo, sino precisamente de la tradición liberal occidental que la izquierda desprecia en su fanatismo visceral.
En síntesis, no hacen análisis políticos empíricos ni reflexiónan de mano de la história; su narrativa es propaganda emocional, construida sobre medias verdades, silencios convenientes y un profundo desconocimiento de la realidad que dicen denunciar.
El problema no es que se critique al capitalismo (eso es legítimo), sino que lo hagan sin rigor, sin datos y sin honestidad intelectual.
Y eso, no es más que atraso ideológico y moral.
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