Víctor Estévez, actual manager de los Toros del Este (La Romana).
Redacción Exposición Mediática.- En la República Dominicana, el béisbol no es simplemente un deporte: es un fenómeno social, cultural y emocional que atraviesa generaciones, barrios y provincias.
La Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) representa, cada invierno, un escenario donde se cruzan la pasión, la identidad y la expectativa colectiva. En ese contexto, la figura del mánager se convierte, muchas veces, en el principal receptor de elogios y reproches.
El caso reciente de Víctor Estévez, dirigente de los Toros del Este, ilustra con claridad cómo la presión del fanático puede transformar una derrota puntual en un juicio público sobre la estrategia, el liderazgo y la credibilidad.
El juego que encendió la polémica
La derrota 7-6 de los Toros del Este ante los Leones del Escogido, luego de haber sostenido una ventaja de 6-2, celebrado en el Estadio Quisqueya Juan Marichal en Santo Domingo la noche del 21 de enero, 2026, fue el detonante de una avalancha de reacciones en redes sociales. Para el fanático, perder un partido es parte del juego; perderlo después de dominarlo durante la mayor parte del encuentro, no lo es. En la narrativa popular, ese tipo de desenlace suele asociarse de inmediato con una “falla de estrategia”, particularmente cuando el bullpen entra en escena.
El manejo del pitcheo, históricamente, ha sido el terreno más sensible para cualquier dirigente en la pelota invernal. Cada cambio de lanzador es interpretado como una decisión binaria: correcta si el resultado acompaña, errada si el marcador se voltea.
En este caso, la elección de relevistas en momentos clave fue señalada como el factor determinante del colapso, obviando —en muchos análisis espontáneos— variables como la disponibilidad real de brazos, el estado físico de los lanzadores, los emparejamientos específicos y la planificación a mediano plazo dentro de una temporada exigente.
La lupa del fanático y la inmediatez digital
Las redes sociales han redefinido la relación entre el fanático y el juego. Antes, la frustración se quedaba en las gradas o en una conversación de esquina; hoy, se amplifica en tiempo real, con opiniones que se multiplican y se retroalimentan. El mánager, en consecuencia, deja de ser solo un estratega para convertirse en una figura pública sometida a escrutinio constante.
En el caso de Estévez, la crítica no se limitó al resultado puntual. Se extendió hacia cuestionamientos sobre su liderazgo, su capacidad para manejar situaciones de presión y, en algunos casos, sobre la idoneidad de su nombramiento.
Este fenómeno no es nuevo en la LIDOM, pero sí cada vez más intenso. La cultura de la inmediatez exige respuestas rápidas y victorias constantes, sin margen para procesos, ajustes o contextos.
La respuesta desde el dugout
Frente al ruido externo, Víctor Estévez optó por un discurso de mesura. Llamó a la calma, pidió unidad y enfatizó la necesidad de enfocarse en el próximo partido.
Reconoció la presión que se genera en redes sociales, pero dejó claro que el equipo no puede gobernarse por la percepción pública ni por decisiones arbitrales que escapan a su control.
Esta postura no es improvisada. Forma parte de una filosofía de liderazgo que Estévez ha mostrado a lo largo de su carrera. En la temporada 2023-24, al frente de los Leones del Escogido, logró clasificar al equipo al Round Robin con 26 victorias, en un entorno igualmente exigente.
Su experiencia previa como coach con las Águilas Cibaeñas y los Gigantes del Cibao, así como su trayectoria en ligas menores, respaldan un perfil de dirigente acostumbrado a trabajar bajo presión.
El peso del currículum frente a la emoción
No es menor recordar que Víctor Estévez fue designado dirigente de los Toros del Este por decisión del gerente general Jesús Mejía, con miras a la temporada 2025-2026.
Su hoja de vida incluye el reconocimiento como Manager del Año en 2024 en la Midwest League, tras llevar a los Wisconsin Timber Rattlers a la serie de campeonato.
En 2025, afronta su decimotercera temporada dentro de los circuitos minoritarios de los Cerveceros de Milwaukee, una organización conocida por su énfasis en el desarrollo, la disciplina táctica y la planificación a largo plazo.
Sin embargo, en la pelota dominicana, el currículum rara vez funciona como escudo emocional. El fanático vive el juego desde la visceralidad del resultado inmediato. Una remontada sufrida en un solo partido puede eclipsar años de preparación y experiencia.
Esta dicotomía entre la evaluación técnica y la reacción emocional es uno de los grandes retos del béisbol profesional en el país.
¿Estrategia o narrativa?
Hablar de “falla de estrategia” implica asumir que existía una alternativa claramente superior y disponible en ese momento específico del juego.
En la práctica, la toma de decisiones en el dugout se construye sobre información incompleta y condiciones cambiantes. El mánager decide con lo que tiene, no con lo que el fanático imagina desde la comodidad de la retrospectiva.
La narrativa posterior al partido suele simplificar el análisis: si el relevista permitió carreras, la decisión fue errada; si las evitó, fue brillante. Este enfoque ignora que la estrategia no se mide únicamente por un inning, sino por la coherencia de un plan que abarque toda la temporada.
Preservar brazos, evaluar respuestas bajo presión y construir profundidad en el bullpen son objetivos que, muchas veces, entran en conflicto con la urgencia de ganar un juego puntual.
Liderar en medio del ruido
El verdadero desafío para un dirigente en la LIDOM no es solo ganar partidos, sino gestionar el entorno emocional que rodea al equipo. La presión del fanático puede ser combustible o lastre.
Convertirla en motivación colectiva requiere un liderazgo firme, capaz de aislar al clubhouse del ruido externo sin desconectarlo de la realidad.
Estévez ha sido claro al respecto: la mentalidad ganadora se construye desde la cabeza fría y el compromiso colectivo. Sus primeras declaraciones como dirigente de los Toros del Este apuntaron a una expectativa grande y a la búsqueda de la cuarta corona de la franquicia, comenzando desde los entrenamientos.
Esa visión, necesariamente, implica asumir riesgos y aceptar que no todas las decisiones producirán resultados inmediatos.
Síntesis: entre la pasión y la razón
La derrota ante los Leones del Escogido quedará registrada como un partido más en una temporada larga y exigente. La reacción del fanático, intensa y apasionada, es parte del ADN del béisbol dominicano.
No obstante, reducir el análisis a una supuesta “falla de estrategia” puede resultar injusto y, sobre todo, incompleto.
El caso de Víctor Estévez invita a una reflexión más amplia: ¿hasta qué punto la presión del fanático condiciona la narrativa sobre el desempeño de un mánager? ¿Dónde termina la crítica legítima y comienza el juicio emocional?
En un deporte donde el margen de error es mínimo y la probabilidad de fracaso está siempre presente, quizá el mayor reto sea encontrar el equilibrio entre la pasión que nos define y la objetividad que el juego exige.
En ese delicado punto de encuentro, se decide no solo el destino de un partido, sino la credibilidad de los procesos y la estabilidad de los proyectos deportivos. Y allí, precisamente allí, es donde el mánager debe sostener el timón, incluso cuando la marea parece ir en contra.
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