Redacción Exposición Mediática.- El 30 de enero de 1972, la ciudad de Derry (o Londonderry), en Irlanda del Norte, fue escenario de uno de los episodios más trágicos y determinantes del conflicto norirlandés. Aquel día, conocido desde entonces como el Domingo Sangriento (Bloody Sunday), soldados del ejército británico abatieron a 14 manifestantes civiles desarmados durante una marcha por los derechos civiles. El suceso no solo conmocionó a la población local, sino que transformó el curso del conflicto político y armado en la región durante décadas.
Este artículo ofrece un enfoque didáctico e informativo para comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y cuáles fueron sus consecuencias históricas.
El contexto: Irlanda del Norte antes de 1972
Para entender el Domingo Sangriento es imprescindible situarlo dentro de “The Troubles” (El Conflicto), un periodo de violencia política y sectaria que se extendió aproximadamente entre finales de los años 60 y 1998.
Irlanda del Norte, parte del Reino Unido desde 1921, estaba marcada por una profunda división:
• Unionistas/Protestantes, mayoritariamente favorables a seguir siendo parte del Reino Unido.
• Nacionalistas/Católicos, muchos de los cuales aspiraban a la reunificación con la República de Irlanda.
Durante décadas, la comunidad católica denunció discriminación sistemática en vivienda, empleo, representación política y acceso a derechos civiles básicos. Inspirados por los movimientos de derechos civiles en Estados Unidos, grupos norirlandeses comenzaron a organizar marchas pacíficas a finales de los años 60.
La marcha del 30 de enero de 1972
El 30 de enero, la Northern Ireland Civil Rights Association (NICRA) convocó una manifestación en Derry para protestar contra la detención sin juicio (internment), una medida aplicada casi exclusivamente contra católicos sospechosos de pertenecer al IRA.
Las autoridades británicas prohibieron la marcha, pero miles de personas salieron igualmente a las calles. El objetivo declarado de los organizadores era una protesta pacífica.
El ejército británico desplegó al 1er Batallón del Regimiento de Paracaidistas, una unidad con fama de dureza, para controlar la manifestación.
El tiroteo: qué ocurrió realmente
Durante la marcha se produjeron enfrentamientos menores entre jóvenes y soldados, con lanzamiento de piedras. Sin embargo, en un momento dado, los paracaidistas abrieron fuego contra los manifestantes.
El resultado fue devastador:
• 13 personas murieron ese mismo día.
• Una decimocuarta víctima falleció meses después a causa de las heridas.
• Todas las víctimas eran civiles desarmados.
• Varias fueron alcanzadas mientras huían o auxiliaban a heridos.
Las imágenes y testimonios difundidos rápidamente mostraron una realidad incompatible con la versión oficial inicial del ejército.
La versión oficial y la controversia
Poco después de los hechos, el gobierno británico encargó una investigación conocida como el Informe Widgery (1972). Este concluyó que los soldados habían respondido a amenazas armadas, insinuando que algunas víctimas podían haber estado involucradas en actividades violentas.
El informe fue duramente criticado:
• Por las familias de las víctimas.
• Por organizaciones de derechos humanos.
• Por amplios sectores de la comunidad internacional.
Para muchos, el informe representó un encubrimiento y agravó la desconfianza hacia el Estado británico.
El impacto inmediato: radicalización y violencia
El Domingo Sangriento tuvo consecuencias inmediatas y profundas:
• Colapso de la confianza de la comunidad católica en el Estado británico.
• Incremento masivo del apoyo al IRA (Ejército Republicano Irlandés).
• Intensificación del conflicto armado en los años siguientes.
Lo que había comenzado como un movimiento por derechos civiles derivó en una etapa aún más violenta del conflicto, con atentados, represalias y miles de víctimas a lo largo de los años 70 y 80.
El Informe Saville: la verdad tardía
Tras décadas de presión, en 1998 el gobierno británico ordenó una nueva investigación, mucho más exhaustiva: el Informe Saville. Sus conclusiones se publicaron en 2010, tras 12 años de trabajo.
El informe fue contundente:
• Todas las víctimas estaban desarmadas.
• Ninguna suponía una amenaza para los soldados.
• Los disparos fueron injustificados e injustificables.
• Algunos soldados mintieron en sus declaraciones.
Ese mismo día, el entonces primer ministro David Cameron pidió disculpas oficiales en nombre del gobierno británico, calificando los hechos como “incorrectos”.
Memoria, justicia y reconciliación
A pesar del reconocimiento oficial, el Domingo Sangriento sigue siendo un tema sensible:
• Las familias continúan reclamando responsabilidades penales.
• Los procesos judiciales han sido limitados y controvertidos.
• El debate sobre la memoria histórica sigue abierto en Irlanda del Norte.
El episodio se ha convertido en un símbolo global de los peligros del uso excesivo de la fuerza estatal y de la importancia de la rendición de cuentas.
El Domingo Sangriento en la cultura y la conciencia global
El impacto del Bloody Sunday trascendió fronteras:
• Inspiró canciones como “Sunday Bloody Sunday” de U2.
• Ha sido retratado en documentales, películas y obras literarias.
• Se estudia hoy como caso paradigmático en derechos humanos, sociología del conflicto y estudios de paz.
Lecciones históricas
Cincuenta años después, el Domingo Sangriento deja lecciones claras:
• La represión de protestas pacíficas puede agravar los conflictos en lugar de resolverlos.
• La verdad histórica puede tardar, pero es esencial para la reconciliación.
• Sin justicia y reconocimiento, las heridas colectivas permanecen abiertas.
Síntesis
El Domingo Sangriento de 1972 no fue un hecho aislado, sino un punto de inflexión que marcó a generaciones enteras. Recordarlo no es solo un ejercicio de memoria, sino una advertencia histórica sobre los costos humanos de la violencia política y la negación de derechos civiles.
Entender lo ocurrido en Derry es comprender por qué la paz, cuando finalmente llegó con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, tuvo que construirse sobre la base del reconocimiento del dolor, la verdad y la dignidad de las víctimas.
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