Por Emilia Santos Frias

Para vivir una vida significativa, indudablemente tenemos que abrazar el amor propio, soltar el control, identificar nuestros objetivos de vida, valores, y poner límites. Entender ¿quiénes somos? Validarnos, valorarnos para alcanzar el anhelado desarrollo. Pero, para llegar a esa meta, es preciso observar valores como la responsabilidad con nosotros mismos, esta, representada en las decisiones que tomamos diariamente.

¿Qué hago con lo que pasa? Como, “el amor es ausencia de miedo y nunca es ignorante”, debemos fortalecer el espíritu para cambiar viejas costumbres, asumir nuevas y sanas. Importantizar el autoconocimiento y autocuidado. Jamás permitir que los problemas externos que siempre traen cansancio nos guíen al desamor. El apego lo representa e invierte los valores. Por suerte, itodo lo que tiene principio tiene fin!.

Dicen que “el amor es rico en miel y en hiel”, por tanto, necesitamos establecer límites personales sanos. Estos nos apoyan en fortalecer la dignidad; derecho humano de primera generación, el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y que debemos recibir de los demás: nuestra manera de relacionarnos. Abrir los ojos, no ver amor donde no lo hay. “No hay esclavitud más vergonzosa que la voluntaria”. Decía el estoicista Séneca. Se colige entonces, que la seguridad afectiva no existe.

Profesionales de la conducta humana coinciden en que el origen del sufrimiento está en el apego, por lo que, necesitamos ser capaces de poner fin a las dependencias afectivas, tener autocontrol, pelear contra impulsos, expresar nuestros gustos y necesidades para que sean respetados y suplidas. Como forma de poder independizarnos; liberarnos, de vivir con bienestar.

Esto así, porque en el apego afectivo solo hay miedo, dependencia psicológica, adherencia y subordinación, fruto de inmadurez emocional. Este, enferma y castra, pero termina cuando decidimos tener autocontrol. “El amor no implica perderte a ti mismo”. ¿Me estoy relacionando con los demás desde el desapego, sin egoísmo y sin carencias? ¿Tengo independencia?, ¿soy dueño de mi propia vida?

El respeto hacia nosotros mismos y los demás debe estar por encima del apego. En consecuencia, debemos realizar una comunicación sincera, incluso acudir al humor sano, son estrategias que nos acerquen a conseguir bienestar biopsicosocial. Aunque sea difícil aceptar, nuestro corazón debe romperse para poder abrirse, y aun cuando demos a borbotones, hay que tener límites sanos. “Nadie tiene el monopolio del bienestar, debemos aprender a procesar nuestros duelos y aceptarlos”.

¿Cómo recargo mis energías de forma frecuente? Es preciso interiorizar si me autorespeto, me acepto, me valido, valiosa; guío mi propia vida, defiendo mis derechos consciente de no ser mi pasado. Porque soy un ser humano que puedo, empezar de nuevo, porque tengo autodisciplina y autocontrol. Escucho las necesidades de mi cuerpo y la suplo. Además, tengo nuevos y sanos hábitos.

Asimismo, soy una persona que cultiva el amor propio, y en mi afloran emociones sanas, asimismo, dejo fluir a mi niño, niña interior; expreso mis pensamientos y sentimientos. iYo creo y hago realidad cada una de estas frases! Tenemos que ser capaz de entender que merecemos una vida sin sufrimientos, que podemos cambiar pasión por tranquilidad y que nos relacionamos de manera descomplicada.

Somos capaces de abrazar un estilo de vida que fomente independencia, sin dejar de amar. Sabiendo ser autosuficientes. En ese entendido, realizamos cada día hábitos sanos, porque sabemos poner distancia en lo que nos hace mal, como forma de alcanzar madurez afectiva.

Tenemos derecho a explorar, ahorrar energía, disfrutar de hobbies preferidos, viajar, curiosear, arriesgarnos. Rescatar nuestras raíces, enfrentar retos, abrazar nuestros terremotos productivos y nuevas fuentes de distracción, como el arte…

El recordado Malcolm X solía decir que nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad. Es nuestra decisión, buscar ahora nuestra transformación, merecemos vivir una vida sana, libre y significativa.

Hasta la próxima entrega.

La autora reside en Santo Domingo. Es educadora, periodista, abogada y locutora.santosemili@gmail.com

Loading