Por Marcos José Núñez
El nuevo republicanismo de mayor perfil social reaccionario y económicamente más liberal, construido hábilmente alrededor de la figura de Reagan con miras a conquistar la presidencia de los E.E.U.U., logró conformar una aceitada maquinaria de apoyo y una gran coalición de sectores a lo largo y ancho de los Estados Unidos, ganando especialmente la adhesión masiva y un fuerte apoyo militante de los grupos, iglesias o sectas religiosas cristianas conservadoras, algunos de los cuales estaban claramente más a la derecha que el propio Ronald Reagan en términos sociales e ideológicos como brevemente enunciamos en la parte anterior.
Eso se explica con planteamientos reiterados en libros y conferencias que en ese sentido ha hecho el historiador, filólogo, filósofo, escritor y catedrático universitario, Antonio Piñero, quien ha afirmado con bastante autoridad que de las palabras y hechos de Jesús de Nazaret como personaje central de un nuevo camino surgido en el judaísmo, rico en ideas novedosas, interpretaciones correctas y en alegorías conceptuales, se han hecho revisiones exhaustivas, interpretaciones diversas y de matices diferentes sobre planteamientos del hijo de Dios, según lo captado por seres humanos como lo eran sus primeros discípulos, los seguidores del cristianismo paulino, posteriores tratadistas, reconocidos exégetas, padres de la iglesia, filósofos de todas las edades posteriores y también con la reforma protestante iniciada por Martin Lutero.
Y no solo el cristianismo en sus diferentes acepciones influyó en el avance ético, moral y espiritual de la civilización humana allí donde llegó –a pesar de los cismas o reformas-, sino que eventualmente parte de las ideas sobre las prédicas del redentor y sus sucesores, ayudó a transformar e iluminar gradualmente la política, la sociedad y otras áreas importantes de la vida del ser humano (desde la edad antigua hasta nuestros días), dotándolos de más sentido y propósito, creando cosas novedosas, enriqueciendo las distintas maneras de pensar el mundo e impulsando el desarrollo integral de las instituciones, como se pudo ver en parte con los resultados de la revolución inglesa, el movimiento de la ilustración, la revolución libertaria americana, la disruptiva revolución francesa y los procesos de independencia latinoamericanos que sucedieron después.
Aunque la revolución norteamericana de 1776, aparece como acto previo de la rebeldía por la libertad y un poco más adelante, se produce la revolución francesa, como expresión material de la ilustración, en donde aparece definido el liberalismo (izquierda) opuesto al monarquismo absoluto, es casi un siglo antes de esos acontecimientos históricos que marcaron un antes y un después en el ejercicio de la política mundial, que el médico, filósofo y pensador británico John Locke, establece con mucho tino, el advenimiento inminente del pensamiento liberal clásico, el cual definirá ideológicamente el polo opuesto al conservatismo institucional como residuo del absolutismo monárquico, durante cientos de años en el futuro.
En su obra en dos partes, “Ensayo sobre el gobierno civil”, John Locke dice lo siguiente, citamos: «Para entender rectamente el poder político, y derivarlo de su origen, debemos considerar en qué estado se hallan naturalmente los hombres todos, que no es otro que el de perfecta libertad para ordenar sus acciones, y disponer de sus personas y bienes como lo tuvieren a bien, dentro de los límites de la ley natural, sin pedir permiso o depender de la voluntad de otro hombre alguno. Estado también de igualdad, en que todo poder y jurisdicción es recíproco…»
Para Locke (1632-1704), creador del empirismo como método natural de análisis, el llamado derecho divino de los gobernantes o monarcas carecía de base o sustento real y que la verdadera soberanía de los países residía en el pueblo y no en el estado en sí y que la supremacía del Estado estaba limitada a lo que Locke consideraba como la ley natural de las que se desprendía los derechos naturales, los derechos de propiedad (privada), la regla de la mayoría y el deber del gobierno de proteger esos derechos. Fue aún más lejos y señaló que la revolución en ciertos casos no solo era un derecho sino un imperativo, una obligación moral (el cristianismo no planteaba revoluciones armadas) y fue el primero de su tiempo en plantear abiertamente la libertad religiosa y la consiguiente separación de Estado y clero.
Como se puede colegir de lo anterior, Locke quien vivió de cerca en su tiempo, los acontecimientos de la revolución inglesa, al parecer creía más en una idea algo difusa de república (en Alemania, Inmanuel Kant tomaría inspiración parcial de Locke y en Estados Unidos haría lo propio Thomas Jefferson) en donde existiera un sistema de pesos y contrapesos para evitar un poder concentrado y absoluto (como se instauró exitosamente en los Estados Unidos de América); y no solo fue una especie de precursor del movimiento de la ilustración aparecido en el siglo XVIII, sino que sus ideas caminaron tan lejos como para ser la fuente de justificación necesaria de la revolución americana de 1776, como se puede ver en la declaración de independencia de ese país (que compartiremos más adelante en este trabajo de opinión) y a posteriori, incidió en la influyente revolución francesa. Como nota complementaria hay que decir que en cierto modo, Locke entró en una disputa directa y abierta con otro escritor y filósofo anglosajón como Thomas Hobbes que defendía el privilegio absolutista del derecho divino en la persona de los monarcas.
En Locke encontramos (así como en otros ilustrados posteriores, tales como Montesquieu, Rousseau y Kant, entre otros) planteamientos claros en la dirección de entender que en principio todos los hombres son iguales y perfectamente libres, que existe una ley natural y unos derechos que de ella se desprenden, que los monarcas no están asistidos de manera absoluta de un derecho divino, que debe existir una separación de Iglesia (Clero) y Estado, entre otros aspectos.
A continuación, les compartimos algunos extractos de los dichos de Jesucristo, extraídos de la Biblia, los cuales vistos en paralelo, se puede constatar que tuvieron una influencia determinante no solo en filósofos o sacerdotes cristianos protestantes, sino también en el pensamiento revolucionario de estos prohombres de la humanidad en los siglos XVII y XVIII:
• 8:31-32
Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»
(Incide en la libertad religiosa y plantea la libertad plena del hombre con los derechos que de ahí se derivan por ley natural).
• Evangelio de Mateo 22:36-40
Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
(Plantea la supremacía de Dios Padre y no del monarca, sea rey o emperador; la unidad espiritual, la igualdad plena entre los hombres y por consecuencia, la hermandad o fraternidad entre todos ellos).
• Evangelio de Mateo 22, 15 – 21
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿Es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
(Incidió en el principio de la libertad religiosa, las leyes de la naturaleza creada por Dios y la necesaria separación entre el Estado y el Clero, es decir, de un lado, el gobierno temporal de los hombres y del otro lado, el reino eterno de naturaleza espiritual de Dios Padre).
• Evangelio de Juan 10:10
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
(Incidió en el derecho a la vida y al aspirar a una mejor calidad de vida con dignidad para el ser humano).
• Mateo 5:9
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
(Influyó en la búsqueda de la paz como meta suprema de la humanidad para alcanzar un mayor bienestar y la filiación divina).
Y para que se pueda apreciar en detalle la influencia y concatenación a la que hacemos alusión en el presente escrito sobre ideologías, sistemas y personas, aquí les compartimos en negritas, como adelantamos más arriba, un extracto de la declaración original de independencia de los Estados Unidos de América, obtenido directamente de los archivos nacionales de los E.E.U.U. (https://www.archives.gov/founding-docs/declaration-transcript):
“Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario que un pueblo disuelva los lazos políticos que lo han unido a otro, y asuma entre las potencias de la tierra, la posición separada e igual a la que las Leyes de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza le dan derecho, un respeto decente a las opiniones de la humanidad exige que declaren las causas que los impulsan a la separación.
Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos, se instituyen gobiernos entre los hombres, que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Que cuando cualquier forma de gobierno se vuelve destructiva de estos fines, es derecho del pueblo alterarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno, fundamentándose en tales principios y organizando sus poderes de tal forma que les parezca más probable que garantice su seguridad y felicidad.”
Trece años y diez días después de esta declaración de libertad basada en gran medida en elevadas ideas y principios del cristianismo, se produce con fuerte impacto (el que perdura hasta hoy) la revolución francesa y enuncia los famosos principios transformadores de “libertad, igualdad, fraternidad” entre todos los hombres que ya antes como hemos descrito aquí y más arriba, se habían atisbado, planteado y sugerido con sabiduría unas décadas antes, en pleno apogeo de la ilustración.
El proceso de la revolución francesa que buscaba desplazar mediante cauce directo la monarquía hacia una república burguesa, como había sucedido antes en Inglaterra por corto tiempo y más de una década antes en Norteamérica, derivó posteriormente en la creación de un imperio francés, algo superior a una monarquía y aún más terrible, dado que no se admite bajo tal régimen, ni siquiera la disidencia controlada. En una situación como esa, la lucha de los liberales de izquierda entre 1789 y 1795, no había sido más que una coyuntura y una etapa primigenia para el nacimiento de un estado de cosas tras un “Coup d’Etat” o Golpe de Estado en donde el poder real iba a estar más concentrado aun que en el “áncient régime”.
No obstante, la noble lucha de los revolucionarios franceses y norteamericanos, serviría de fuente de inspiración directa para motorizar unas décadas después, la independencia de las colonias hispanoamericanas (luego convertidas en repúblicas) y hasta para la propia lucha independentista de los españoles con miras a librarse de la opresión del imperio europeo de Napoleón, quien había sido un beneficiario directo y depositario oportuno del inconcluso proceso revolucionario del pueblo francés.
Frente a todo este proceso revolucionario de finales del siglo XVIII, sale a la luz el republicanismo de Immanuel Kant, el cual aparece inicialmente disperso en la mayoría de sus obras anteriores y concretamente descrito (en paralelo con los sucesos de la creación de la federación estadounidense y la gran revolución francesa), en su obra de 1795, “La Paz Perpetua”, en la que plantea que el bienestar del individuo debía ser visto como un fin en sí mismo y en esa virtud, el mundo debería caminar progresivamente hacia una sociedad ideal basada en los principios de la razón (aquí se distancia un poco de la fe cristiana tradicional, aunque tanto San Agustín con Platón y Santo Tomás de Aquino con Aristóteles, habían conciliado fe y razón), de manera que el imperio de las leyes se canalice a través de los legisladores como medio de realización de la voluntad legítima de un pueblo unido y que de esa forma, sea acatada por cada individuo que desee convertirse en ciudadano conforme a esa misma voluntad.
En esa misma tesitura, para Kant era necesario la creación de un Estado republicano –como negación de la monarquía o el imperio por éstos no tener derechos divinos que los avalen- adscrito a una constitución basada en principios generales emanados de ley natural y no solo del poder puro; y su consecución debía convertirse en una meta, en una especie de deber moral superior.
Para Kant, su ideal liberal del republicanismo estaba racionalmente fundamentado en lo que él entendía como el sistema de gobierno de mayor integridad para el ejercicio del poder, el más anti-despótico y por ende, negador del absolutismo en sus diferentes formas, algo parecido a lo que había existido en Roma antes del imperio, Venecia o Florencia después en la edad media, esto es, proponiendo una especie de aristocracia (ahí se acerca al ideal de Aristóteles) con leves matices de democráticos en el que unos pocos (élite) deberían gobernar de forma ejecutiva el Estado, amparados en una constitución pero, debía existir de manera separada, un sistema de representación popular legislativa que perfeccionara la toma de decisiones para hacer funcional y legítimo todo el aparato gubernamental.
Eventualmente, el mundo caminaría hacia una especie de unidad mundial para dirimir los conflictos y vivir en un estado de paz para el bienestar, constituyendo algo así como una “Federación de Estados Republicanos y Libres”, decía Kant, pero cada uno con sus propias leyes e identidad nacional, idea que fructificó de manera modificada en el siglo XX, durante el periodo entre guerras para convertirse primero en la Sociedad de Naciones y posteriormente en la actual Organización de las Naciones Unidas. Marx, décadas antes de las dos grandes guerras, tomó algunas nociones de Kant y reformuló algunas ideas dándole una connotación propia y acorde a las obras que creó, en lo relacionado a contexto histórico e internacional, crítica política y opinión social-personal.
En base a lo que señalamos más arriba y al retorno de condiciones similares al proceso revolucionario de 1789, pero esta vez con el sobrino de Napoleón I, Luis Bonaparte (Napoleón III) en la Francia de 1848-1852 -después de otro golpe de Estado-, Carlos Marx producirá sus intensas críticas al imperialismo histórico, comenzando por el neo-imperialismo francés con rostro de república que derrocó de nuevo la monarquía y le dedicará uno de sus títulos más conocidos: “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”, obra que aborda con sentido de continuidad, el tema de la lucha de clases -muy presentes en sus principales obras- con el trasfondo de los intereses políticos detrás de la acumulación del poder total del Estado con ambiciones expansionistas.
También Marx fundamentó algunos aspectos de su nueva doctrina del comunismo-socialismo frente al tándem imperialismo-capitalismo (y la manera de analizar los procesos políticos, sociales, económicos de la humanidad) en la famosa dialéctica y en su muy particular interpretación de cómo era la convivencia entre las primeras comunidades cristianas; y otra parte, en cómo era el hombre originario en edades anteriores al cristianismo y como debía ser naturalmente (según él) en lo adelante. Veamos solo un ejemplo de cómo pudo inspirar el cristianismo:
• Hechos 4:32-36
Todas las cosas en común
“La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el producto de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.”
Esto se explica contextualmente así: La asamblea original de creyentes constituía una comunidad de hermanos en la fé, quienes al igual que su maestro, el señor Jesús, debían actuar con total desprendimiento, fidelidad completa a Dios, alto grado de desinterés y con la mayor humildad posible para poder estar en actitud de difundir efectivamente la buena nueva para liberación espiritual de toda la humanidad, sin fuertes ataduras u obstáculos personales. Así como el señor Jesús le pidió a un joven rico que deseaba seguirle, donar su riqueza, como manera de probar su disposición a pertenecer a su naciente grupo organizado de seguidores, gente de posición acomodada que si tenían menos apego a lo material, y por consiguiente, estaban listos y formaban parte de su nueva fraternidad de predicadores y colaboradores como eran Nicodemo, José de Arimatea, Zaqueo, Lázaro de Betania, Juana, Susana, María, entre otras personas, quienes prestigiaban y balanceaban con su presencia, el movimiento que venía a cambiar para siempre el destino y la evolución del género humano.
Marx tomó un elemento real de la dinámica inicial e interna de la secta cristiana con miras a fortalecerse con el ejemplo ante la sociedad judía, durante los primeros tiempos posteriores a la resurrección del señor, como modelo definitivo a replicar a gran escala en el mundo; naturalmente Marx añadió a la redacción de su tesis inicial, observaciones, análisis y reflexiones personales sobre escritores de temas utópicos que le precedieron, para crear la nueva ideología, junto con un nuevo método de estudio de factura genuinamente propia.
Por último y en resumidas cuentas, la manera de Kant analizar y estructurar filosóficamente los temas le serviría de inspiración a otro gran filósofo alemán como fue George Wilhem Friederich Hegel y la dialéctica de Hegel posteriormente sería la base de la obra que desarrollaría mucho más adelante, Carlos Marx con el método de razonamiento por antinomias implementado por Kant y el llamamiento a una especie de asociación mundial de los proletarios (trabajadores) unidos para la revolución comunista (es decir, concluir lo que quedó a medias con la revolución burguesa de Francia) algo con cierto parecido a una federación mundial kantiana. Por derivación y retroalimentación, el idealismo filosófico de Kant reinterpretado por Hegel y su discípulo Johann Fichte, se diseminaría como se puede entender, sobre la naciente ideología del socialismo marxista. Por tanto, todo lo anteriormente descrito, en mayor o menor medida, está conectado con las ideologías, los sistemas y las personas.
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