Por Marcos José Núñez

Al momento en que estará publicado este artículo, el 27 de abril del 2026, la operación militar conjunta marítima-aérea de Estados Unidos y el Estado de Israel en contra de la República Islámica de Irán, se mantiene en pie, aunque con algún aparente cese al fuego muy sui géneris, a los fines de buscar una salida pacífica al persistente conflicto.

Se había comunicado de parte de la Casa Blanca al inicio de los acontecimientos que los ataques militares al territorio iraní para derribar el régimen de los Ayatollah, tendría una duración apenas de cuatro o cinco semanas, como mucho. En realidad, la situación se ha extendido más de lo anunciado y ya vamos por la octava semana desde el día inicial de las operaciones, mientras, la estructura jerárquica de gobierno en Irán no ha sido derribada, únicamente ha caído en combate el líder religioso y protector supremo, Ali Khamenei y algunos colaboradores.

El gobierno actual de Israel con el premier de línea dura, Benjamín Netanyahu y sus aliados occidentales, tienen especial interés de debilitar la influencia y poder de Irán en la zona para que aliados tácticos de ellos, como son las organizaciones terroristas anti-israelitas Hezbollah y Hamas que operan en el Líbano y Gaza respectivamente, puedan ser derrotadas, asegurando la expansión territorial de Israel hacia la costa oeste, los altos del Golán al norte y la franja de Cisjordania en permanente disputa con Palestina.

Para que se entienda bien el asunto, Irán es un país al que particularmente denominamos como “paragón” por tener una serie de características que son especiales (no es el único del club) y lo separan del resto de los 193 países reconocidos en el mundo: es una potencia regional tradicional, es depositaria de una civilización antiquísima de más de tres mil años, fue el primer país del mundo con una religión monoteísta, fue el primer imperio transcontinental del que se tenga noticia, posee tecnología militar de vanguardia en lo relativo a la creación de drones y de misiles balísticos, ha estado muy cerca de obtener el uranio enriquecido para crear su propio arsenal de bombas nucleares, es el país más poblado de medio oriente con una demografía cercana a los 100 millones de habitantes, está entre los primeros diez países del mundo en producción de petróleo & gas, es el único país islámico de oriente con mayoría chiita y controla la mayor parte del Golfo Pérsico.

Mientras todo eso sucede, el estrecho de Ormuz ubicado al sur de Irán y fronterizo con la parte norte del país de Omán y el golfo del mismo nombre, además de otras naciones islámicas circundantes entre ambos, ha estado funcionando con una caótica intermitencia. Hay días, según reportes, en que ha estado abierto parcialmente al comercio marítimo y otros en los que se decreta de repente, su cierre. Ha circulado la noticia no confirmada pero no descartable de que también allí, en las aguas del golfo, habría minas en la superficie acuática de esas que explotan al más leve contacto o por cercanía, lo que duplicaría el peligro de navegación por esos predios.

Por esa ruta marítima y en sus alrededores, como es el estrecho de Bab-el Mandeb en el Mar Rojo (el grupo terroristas de lo Hutíes del Yemen han amenazado con bloquear esa área), transita aproximadamente entre el 20-30% del petróleo que se consume en el orbe y en consecuencia, el cierre o las restricciones al paso, encarece el costo de los barriles de petróleo a nivel mundial como efecto dominó e incide en la inflación doméstica de la mayoría de los países, dado el alto nivel de integración comercial global.

El punto de tensión que ha sido el cierre del estrecho de Ormuz y su efecto sobre el mercado de los combustibles, ha beneficiado de manera sorprendente las finanzas de la Federación Rusa, ubicada lejos del área del Golfo Pérsico, ya que con el alza del crudo está vendiendo a precios más altos de lo previsto a sus clientes, recibiendo un alivio cuantitativo para su PIB y los elevados gastos militares que conlleva mantener su prolongada guerra contra Ucrania, la cual ha pasado del cuarto año de duración.

Al mismo tiempo, el enfrentamiento bélico incide negativamente en los intereses estratégicos de la República Popular China, la cual se ve perjudicada por los acontecimientos en Irán, dado que una parte importante del petróleo que importa para su consumo (se trata del segundo país del mundo con mayor consumo de combustible per cápita) procede de la antigua Persia, país con el que hay excelentes relaciones diplomáticas y comerciales sobre todo desde el triunfo de la revolución islámica iraní en 1979.

Hay conversaciones que se están tratando de impulsar, pese a la decidida actitud belicosa de Israel, con algunas infructuosas reuniones sin acuerdo y otras que no se han podido llevar a cabo en Islamabad, capital de Pakistán, país que ha tenido la buena voluntad de intentar mediar entre las partes enfrentadas, tratando de buscar soluciones diplomáticas a lo que en República Dominicana denominamos un “pleito cazao”.

El problema de fondo que ha impedido establecer un diálogo que garantice una paz duradera entre los actores enfrentados, se debe fundamentalmente a que se están peleando varias guerras en una sola: primero, una guerra de posicionamiento estratégico en la región, dado que Estados Unidos e Israel procuran tener un Irán completamente adocenado para cuales sean sus planes a futuro, como ya hemos visto ha sucedido con Siria, Egipto y el Líbano. Segundo, una guerra de desinformación más amplia de lo usual en un conflicto armado, para llevar a cabo nuevas operaciones de inteligencia más complejas y ataques selectivos sobre objetivos de los contrarios como son instalaciones energéticas, edificios civiles de gobierno y bases militares de apoyo, y por último, según lo que ha dicho en una entrevista reciente, el prestigioso geo-politólogo mexicano, Dr. Alfredo Jalife, la guerra de las rutas comerciales y cadenas de suministro, escenario en el que Estados Unidos y China Popular están abiertamente enfrentados en estos momentos, en donde el primero está siendo retado por el ascenso del segundo, a quien busca igualar o desplazar como primera superpotencia planetaria, en medio de un viejo orden mundial que está transformándose.

En un artículo anterior titulado “conflictos bélicos regionales y gradual reordenamiento global” planteamos lo siguiente: “Todos estos movimientos, conflictos y tensiones, mientras otrora poderosas instituciones supranacionales de gobernación, pacificación y arbitraje como la organización de las Naciones Unidas, luce cada vez más inefectiva, pudieran estar indicando que el orden mundial de posguerra, instaurado de manera escalonada a partir de 1945 y que ha pasado por puntos de tensión y modificaciones sucesivas a través de los años como en 1947, 1961, 1971, 1985, 1989, 1991, 1998, 2001 y de 2008 en adelante, está llegando a una fase definitiva de conclusión.”

 

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