Hay más de mil millones de armas de fuego en el mundo, la gran mayoría de las cuales están en manos civiles.
Por José Aquino
Small Arms Survey es una organización con sede en Suiza que desarrolla un programa de investigación asociado al Instituto de Posgrado de Estudios Internacionales y de Desarrollo (IHEID). Este programa consulta con su Consejo Estratégico, un órgano consultivo externo que complementa su visión. La organización realiza una extensa investigación sobre las tendencias globales en materia de armas pequeñas y violencia armada, proporcionando datos críticos para un debate informado y la toma de decisiones políticas basadas en evidencia.
Además, ofrecen asesoramiento para la aplicación de mecanismos internacionales que combaten el flujo ilícito de armas y municiones.
Este sondeo fortalece la capacidad de los gobiernos a través de la generación de conocimiento, el desarrollo de herramientas autorizadas y la prestación de capacitación especializada.
En su informe más reciente, se estima que de los mil millones de armas de fuego en circulación mundial (datos a 2017), 857 millones (85%) están en manos civiles, 133 millones (13%) en arsenales militares y 23 millones (2%) en agencias policiales. Este estudio indica que el inventario mundial ha aumentado notablemente, creciendo de 650 millones en 2006 a 857 millones en 2017.
Respecto a la República Dominicana, el informe Estimación del número global de armas de fuego en manos de civiles resalta cifras alarmantes: una posesión civil estimada de 795,000 armas. Esto representa unas 7.39 armas por cada 100 personas. De este total, solo 333,426 están registradas, dejando una brecha de 461,574 armas no registradas.
En la actualidad, medios locales indican que a principios de febrero de 2026 las autoridades revelaron que se incautan, en promedio, 15 armas de fuego al día, de las cuales cerca del 70% son ilegales. Durante 2025, más de 6,500 armas fueron retiradas de las calles, reflejando tanto el éxito de los operativos como la magnitud del problema: estas armas están presentes en el 70% de los homicidios y hechos violentos registrados en el país.
Es evidente que el verdadero reto no radica en la falta de herramientas, sino en la desconexión entre la inversión tecnológica y la reducción efectiva de la violencia. La tecnología dota de «ojos» a las instituciones, pero no sustituye la acción coordinada ni la voluntad política. La seguridad ciudadana depende de que el Estado aumente significativamente la inversión en soberanía tecnológica y en protocolos claros.
Un ejemplo crítico es el Laboratorio Balístico y Biométrico del Ministerio de Interior y Policía, que cuenta con el sistema IBIS (Integrated Ballistics Identification System). Este captura información sociodemográfica y biométrica de los licenciatarios, así como las huellas balísticas de las armas, poblando una base de datos nacional. Sin embargo, el sistema solo registra las armas legales, abriendo una brecha en la trazabilidad. Esto genera un ciclo perverso: armas legales robadas o desviadas alimentan el mercado negro.
Aunque el sistema permite identificar la «huella digital» de cada arma y cotejarla con crímenes sin resolver, la fragilidad en la cadena de custodia limita su impacto, convirtiendo el decomiso en un acto administrativo más que en una herramienta de justicia. En 2025, el 27% de los robos de armas legales se concentraron en Santo Domingo, evidenciando la vulnerabilidad del sistema.
Mientras República Dominicana se enfoca en la reacción, países como Chile y Uruguay han demostrado que la victoria tecnológica reside en la trazabilidad inalterable. Chile, por ejemplo, ha integrado el sistema IBIS con bases de datos compartidas con Interpol, permitiendo identificar armas en crímenes transnacionales e imponiendo un referente regional en interoperabilidad.
La tecnología no debe limitarse a contar decomisos. Es momento de implementar soluciones como Blockchain para la cadena de custodia y fortalecer el marcaje láser. Solo cuando la inversión tecnológica se traduzca en una trazabilidad total desde el arma legal hasta el artefacto híbrido incautado en un barrio periférico podremos hablar de una reducción real y sostenible de la violencia armada en la República Dominicana.
El autor es profesor Universidad Americana (UAM). Seguridad y Defensa / Especialista en Centro de Datos (AOS) / Protección de Datos y Sistemas de Información.
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