Narciso González Medina, “Narcisazo”, desapareció el 26 de mayo de 1994. A 32 años de su ausencia, su caso continúa siendo una de las mayores deudas pendientes de justicia en la República Dominicana.
Redacción Exposición Mediática.- Este 26 de mayo se cumplen 32 años de la desaparición de Narciso González Medina, “Narcisazo”, uno de los casos más emblemáticos y dolorosos de la historia contemporánea dominicana. Más de tres décadas después, su ausencia sigue siendo también una deuda pendiente del Estado: una historia sin cierre, una investigación inconclusa y una exigencia de justicia que continúa viva.
Narcisazo no fue una figura cualquiera. Abogado, periodista, dramaturgo y profesor universitario, fue además una de las voces más críticas y agudas del escenario político dominicano. Su discurso frontal frente al autoritarismo y su defensa pública de las libertades civiles lo convirtieron en un referente intelectual y en una figura incómoda para el poder.
El 26 de mayo de 1994 fue visto por última vez en Santo Domingo, apenas días después de las controvertidas elecciones presidenciales celebradas ese mismo mes. El país atravesaba uno de sus momentos políticos más tensos: denuncias de fraude electoral, movilizaciones sociales y una profunda polarización marcaban el ambiente nacional. En medio de ese contexto, Narcisazo desapareció.
Desde las primeras horas posteriores a su ausencia, familiares y allegados denunciaron que podía tratarse de una desaparición vinculada a estructuras estatales. Con el paso del tiempo surgieron testimonios y documentos que apuntaban a una posible detención por organismos de seguridad. Durante años las versiones oficiales fueron contradictorias y las investigaciones no lograron establecer responsabilidades penales individuales ni esclarecer definitivamente qué ocurrió aquella noche.Sin embargo, el caso dio un giro determinante en el plano internacional.
En 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado dominicano por la desaparición forzada de Narciso González y por la falta de una investigación efectiva. El tribunal concluyó que González fue detenido el 26 de mayo de 1994 y permaneció bajo custodia estatal antes de su desaparición definitiva, además de establecer violaciones a derechos fundamentales como la libertad personal, la integridad física, la vida y el acceso a la justicia.
A pesar de esa sentencia histórica, la gran pregunta sigue intacta: ¿qué pasó con Narcisazo?
No hay una respuesta oficial definitiva. No se ha determinado públicamente toda la cadena de responsabilidad y tampoco se ha establecido el paradero de sus restos. Para muchos sectores de la sociedad dominicana, esa ausencia de verdad mantiene abierto un expediente moral y político que atraviesa generaciones.
Treinta y dos años después, el nombre de Narcisazo continúa siendo mucho más que el recuerdo de una víctima.
Representa la defensa de la libertad de expresión, la lucha contra la impunidad y el derecho de una sociedad a conocer la verdad cuando una voz crítica desaparece en circunstancias vinculadas al poder.
En una República Dominicana distinta a la de 1994, pero todavía marcada por debates sobre institucionalidad y memoria histórica, la fecha obliga a mirar atrás y también hacia adelante.
Porque mientras no exista verdad plena ni justicia completa, el caso Narcisazo seguirá siendo una pregunta incómoda para el Estado dominicano… y una causa viva en la memoria nacional.
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