Por Marcos Sánchez
La Romana, R.D.— Con frecuencia observamos el resultado de la trayectoria de una persona sin detenernos a pensar en el largo camino que debió recorrer para llegar hasta allí. Detrás de cada figura que ha dejado huellas en su comunidad existe una historia construida sobre sacrificios, perseverancia y múltiples experiencias que, por sí solas, podrían convertirse en el argumento de una película o de una serie televisiva.
La vida del periodista Elpidio Tolentino Garrido constituye precisamente uno de esos relatos.
Mucho antes de convertirse en una de las voces más reconocidas del periodismo romanense, desempeñó una amplia variedad de oficios que moldearon su carácter y fortalecieron su ética de trabajo. Desde muy joven fue limpiabotas, vendedor de dulces y de pasteles en hoja, ayudante en la excavación de hoyos para letrinas y dependiente en colmados, entre ellos los de Atilano «Tilo» Quezada y Arturo Quezada. También integró el grupo de muchachos encargados de llevar las cantinas de comida a los trabajadores del Central Romana Corporation, Ltd.
Aquellas experiencias, lejos de representar simples empleos ocasionales, constituyeron una auténtica escuela de disciplina, responsabilidad y contacto directo con la realidad social que posteriormente marcaría su ejercicio periodístico.
Desde que tengo uso de razón, siempre he asociado la figura de Elpidio Tolentino Garrido con el periodismo. Se trata de un profesional riguroso, comprometido con la verdad según sus convicciones, defensor apasionado del buen uso del idioma y de la correcta redacción, además de poseedor de una oratoria pausada y cuidadosamente estructurada.
Su nombre ocupa un lugar propio dentro de la historia de la comunicación social en La Romana.
Elpidio Tolentino Garrido nació el 14 de febrero de 1957 en el batey Borojol, perteneciente al Central Romana Corporation, Ltd., zona que actualmente forma parte del sector Buena Vista Norte, en La Romana.
Sus raíces familiares, sin embargo, se encuentran en la provincia de El Seibo. Su padre, Efraín Tolentino Rijo, conocido popularmente como «Socio«, laboró como mecánico del Central Romana, mientras que su madre, Venecia Garrido, también era oriunda de esa histórica provincia del Este dominicano.
No deja de resultar significativo que Elpidio provenga precisamente de una tierra como El Seibo, considerada una de las poblaciones con mayor tradición histórica del país. Fundada durante los primeros años de la colonización española y reconocida oficialmente como provincia desde el nacimiento de la República, su nombre deriva, según diversas referencias históricas, del cacique taíno Seebo, subordinado del cacique Cayacoa, señor del cacicazgo de Higüey.
Los primeros pasos de Elpidio en la educación formal comenzaron en las tradicionales escuelas particulares de la época, entre ellas la conocida escuela La Genoveva, ubicada en el sector El Tamarindo.
En 1965, tras el fallecimiento de su madre, ingresó a la Escuela Primaria Mercedes Laura Aguiar, iniciando una nueva etapa de su formación académica. Posteriormente cursó estudios intermedios en el Liceo Arístides García Mella, continuando luego el bachillerato entre ese mismo centro educativo, el Liceo Nocturno Tiburcio Millán López y el Liceo Diversificado Duarte.
Desde muy temprano manifestó un marcado interés por adquirir conocimientos técnicos que ampliaran sus oportunidades laborales. Uno de los primeros fue la mecanografía, disciplina que durante décadas constituyó la base de la formación de miles de secretarias y empleados administrativos en la República Dominicana.
A esa preparación añadió estudios de Archivo y Correspondencia, Técnico de Oficina, Técnico Electricista y Perito Electromecánico, entre otras áreas, demostrando desde su juventud una permanente disposición hacia el aprendizaje.
Su vocación definitiva, sin embargo, se encontraba en la comunicación.
Realizó la licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Central del Este (UCE) y posteriormente cursó un posgrado en Periodismo de Provincia en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba. A ello se suma una extensa participación en diplomados, seminarios, congresos, talleres y cursos especializados relacionados con el periodismo, la comunicación social y disciplinas afines.
Resulta interesante señalar que Elpidio inició sus estudios universitarios mientras aún cursaba el bachillerato. Con la apertura de la Universidad Central del Este, numerosos estudiantes de secundaria tuvieron la oportunidad de ingresar anticipadamente a la educación superior.
Desde La Romana se integró un importante grupo de jóvenes que posteriormente desarrollaría destacadas trayectorias profesionales, entre ellos Manuel Emilio Beltré Sánchez, Manuel (Manny) Richiez, George Anthony, Milton Cabrera (Milton Cerveza), Magalis Medina, Manuel Guett Polanco, Víctor Borromé Osoria, Freddy Ávila, Antonio Ávila Gálvez y Rubén Quezada, entre otros.
Su inquietud intelectual nunca se limitó exclusivamente al periodismo. También cultivó las artes escénicas mediante estudios de teatro junto al dramaturgo Haffe Serulle en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, donde recibió formación de reconocidas figuras como Lincoln López, Jimmy Sierra y Reynaldo Disla.
Aunque nunca desarrolló una carrera actoral, esa formación artística enriqueció notablemente sus capacidades expresivas y comunicacionales, cualidades que posteriormente serían evidentes tanto en la radio como en la televisión.
Los primeros pasos en el periodismo y la consolidación de una carrera
El debut formal de Elpidio Tolentino Garrido en los medios de comunicación ocurrió en 1973. Apenas iniciaba la década de los setenta cuando encontró la primera oportunidad para desarrollar la vocación que ya había comenzado a definir su proyecto de vida.
Su ingreso al periodismo se produjo como corresponsal del Noticiero Resumen, de Radio Juventud, luego de que la dirección del espacio hiciera un llamado para incorporar colaboradores informativos en distintas localidades. Aquella primera experiencia le permitió familiarizarse con el rigor de la noticia, la responsabilidad de informar y la disciplina que exige el ejercicio cotidiano del periodismo.
Dos años después, en 1975, amplió su radio de acción al incorporarse como articulista del periódico *El Periódico. El periodismo escrito comenzaba así a convertirse en uno de los principales escenarios para desarrollar su capacidad analítica y su estilo de redacción.
La evolución fue constante. En 1976 pasó a formar parte del periódico El Provincial y, en 1978, continuó fortaleciendo su experiencia como colaborador de El Observador, acumulando una práctica que le permitió conocer de primera mano las distintas dinámicas de la prensa regional.
Paralelamente, la radio se convertía en un espacio natural para sus inquietudes profesionales.
En 1977 asumió la producción del programa Contacto en Re, transmitido por Radio Rutas, junto a Freddy Ávila y Thelma Fulgencio (Alejandrina). La experiencia contribuyó a ampliar su conocimiento de la producción radiofónica y del trabajo en equipo dentro de los medios electrónicos.
Al año siguiente emprendió uno de los proyectos de mayor permanencia de esa etapa de su carrera al convertirse en la principal figura del programa La Voz del Trabajador, espacio perteneciente al Sindicato Unido de Trabajadores del Central Romana. Además de producirlo, asumió su conducción durante aproximadamente quince años, consolidándose como una voz identificada con los asuntos laborales y comunitarios de la región.
La combinación de disciplina, constancia y credibilidad comenzó a rendir frutos.
En 1979 fue designado director del noticiario Noticias del Mundo, transmitido por Radio Rutas, responsabilidad que confirmó el reconocimiento profesional que ya había alcanzado dentro del medio radiofónico romanense.
Sin abandonar la radio, continuó fortaleciendo su presencia en la prensa escrita. En 1981 ingresó como redactor del periódico La Verdad Oriental, ampliando aún más su experiencia editorial.
Sin embargo, el ejercicio periodístico despertaba en él una aspiración adicional: crear un medio propio.
Ese propósito se materializó en 1985 con la fundación del periódico Pringamoza, iniciativa que evidenció su interés por desarrollar un espacio independiente desde el cual ejercer el periodismo y contribuir al debate de los asuntos locales.
Ese mismo año fue designado relacionista público del Ayuntamiento Municipal de La Romana, responsabilidad que complementó con sus labores periodísticas y que le permitió adquirir experiencia en comunicación institucional.
Su capacidad profesional continuó siendo reconocida. En 1986 pasó a formar parte del periódico El Nuevo Diario como redactor para la Región Este, integrándose a uno de los diarios nacionales de mayor prestigio del país.
Para entonces, la transición hacia la televisión era prácticamente inevitable.
La expansión de ese medio en La Romana abría nuevas posibilidades para los comunicadores locales y Elpidio Tolentino Garrido supo aprovecharlas.
En calidad de productor y conductor creó el programa Dialogando con Usted, convirtiéndose en una de las figuras pioneras del periodismo televisivo romanense. Su incursión ocurrió pocos años después de que el también periodista y locutor Luis Eduardo Fernández Burgos estableciera un importante precedente con el espacio de análisis Lo Positivo y Lo Negativo, considerado uno de los primeros programas de opinión producidos para la televisión local.
La consolidación de la televisión por cable en La Romana favoreció el crecimiento de nuevos proyectos comunicacionales. En ese contexto surgió Teleclub, empresa fundada por el emprendedor Guido Rijo Paredes junto a su socio Fernando Valle, dominicano residente en Puerto Rico, quienes impulsaron el desarrollo de una de las iniciativas televisivas más importantes de la ciudad durante esa etapa.
Elpidio Tolentino Garrido figuró entre los comunicadores que ayudaron a consolidar aquella nueva plataforma televisiva.
Su presencia en la pantalla fue ganando cada vez mayor reconocimiento y, para 1994, asumió la conducción de dos espacios de amplia aceptación entre la audiencia local: Elpidio Sin Límites y Nuestro Mundo, ambos producidos por Juanchy Mejía.
Lejos de limitarse a un solo formato, alternó durante toda su carrera entre la radio, la televisión y la prensa escrita, adaptándose a las transformaciones de los medios sin abandonar el rigor que siempre caracterizó su ejercicio profesional.
Entre 2001 y 2004 regresó a la radio como director del programa Guía en las Noticias, transmitido por Radio Guía. Posteriormente, desde 2004, desempeñó igual función en 107 en las Noticias, a través de FM 107.5.
Ese mismo año inició la conducción del programa interactivo De Cara al Pueblo, difundido por Amor 91.9 FM, reafirmando su permanente presencia en la radio regional.
Su vínculo con la prensa escrita tampoco se interrumpió. En 2005 asumió la edición correspondiente a La Romana del periódico regional El Tiempo, incorporando su experiencia periodística a un medio de creciente presencia en la región Este.
A lo largo de más de cinco décadas de ejercicio profesional, Elpidio Tolentino Garrido ha transitado prácticamente por todas las facetas de la comunicación social: reportero, corresponsal, articulista, redactor, editor, productor, director de noticias, conductor de radio, productor de televisión y fundador de un periódico propio.
Esa diversidad de funciones explica por qué su nombre ocupa un lugar relevante dentro de la historia contemporánea del periodismo romanense, siendo reconocido por varias generaciones de comunicadores como una figura cuya trayectoria ha estado marcada por la disciplina, la independencia de criterio y una permanente defensa del ejercicio responsable del periodismo.
Compromiso social, vocación cultural y un legado que trasciende fronteras
Aunque el periodismo ha ocupado el eje central de su vida profesional, la trayectoria de Elpidio Tolentino Garrido siempre ha estado acompañada por una activa participación en organizaciones sociales, culturales y comunitarias.
Durante distintas etapas de su vida formó parte de agrupaciones de orientación estudiantil y política, entre ellas la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), la UNER, Línea Roja 14 de Junio y el Partido Comunista Dominicano (PCD). Esa participación respondió a las inquietudes ideológicas y sociales propias de una generación marcada por intensos procesos de transformación política en la República Dominicana.
En 1994 decidió llevar ese compromiso ciudadano al escenario electoral al presentar una candidatura a Síndico del municipio de La Romana, dentro de la boleta del Movimiento Independencia, Unidad y Cambio (MIUCA), organización que llevaba al recordado sacerdote Padre Toño como candidato presidencial.
Sin embargo, su sensibilidad trascendía el ámbito político.
Desde muy joven encontró en la poesía, el teatro y las manifestaciones culturales una vía adicional para canalizar sus inquietudes intelectuales y su vocación de servicio.
Esa inclinación lo llevó a integrarse a numerosos clubes y organizaciones culturales y deportivas, entre ellos GRUTEPRORO, GRUTER, Cristo Rey, Salomé Ureña, Gregorio Luperón y CIROIS, entidades desde las cuales promovió actividades formativas dirigidas principalmente a la juventud romanense.
Su participación dentro del movimiento cultural dominicano también lo condujo a representar a la provincia en diversas ediciones de los Juegos Deportivos Nacionales como miembro de la Federación Dominicana de Arte y Cultura, experiencia que reafirmó su compromiso con el desarrollo artístico y comunitario.
El ámbito familiar constituye otro de los pilares de su historia personal.
Desde 1981 comparte su vida con Isabel Pérez Laureano, cariñosamente conocida como Rosita, a quien conoció durante las actividades relacionadas con la fundación del Club General Gregorio Luperón, en el sector Bancola, mientras impartía clases de teatro y poesía coreada.
De esa unión nació una familia integrada por siete hijos y, posteriormente, cinco nietos, quienes representan la continuidad de un proyecto de vida construido sobre valores familiares, trabajo y perseverancia.
La trayectoria profesional de Elpidio Tolentino Garrido ha sido reconocida en numerosas ocasiones por instituciones públicas, privadas, académicas y gremiales.
Entre las distinciones más significativas figuran los reconocimientos otorgados por el Senado de la República Dominicana, la Cámara de Comercio de La Romana, la Fundación Valor Romanense, el Colegio Dominicano de Periodistas (Comité Ejecutivo Nacional), el Ayuntamiento de La Romana, que lo declaró Hijo Distinguido, la Sociedad Luz Para Todos, el Club Gregorio Luperón y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), entre muchas otras entidades que han valorado sus aportes al periodismo y a la sociedad.
No obstante, existe una distinción que jamás fue consignada en un pergamino ni aprobada mediante resolución alguna, pero cuyo significado posee un profundo valor humano.
Entre los comunicadores dominicanos radicados en la ciudad de Nueva York, particularmente aquellos oriundos de La Romana, comenzó a popularizarse hace años una expresión cargada de afecto y compañerismo: «La Embajada de los Comunicadores Romanenses en El Bronx, Nueva York«.
Lejos de responder a una institución formal, el nombre surgió como una metáfora nacida del propio ambiente de confraternidad existente entre periodistas, locutores, productores y otros profesionales de la comunicación que coincidían en la diáspora dominicana.
De acuerdo con integrantes de ese mismo círculo profesional, la expresión fue acuñada por el locutor y abogado Luis Muñoz Bryan, quien utilizó esa imagen para describir la residencia de Elpidio Tolentino Garrido en El Bronx, convertida con el paso del tiempo en un lugar de encuentro para numerosos comunicadores romanenses que visitaban o residían temporalmente en la ciudad de Nueva York.
Como suele ocurrir en muchas comunidades migrantes, determinados hogares terminan convirtiéndose en auténticos puntos de referencia para quienes comparten un mismo origen.
La residencia de Elpidio adquirió precisamente ese significado.
Allí no solamente se recibían visitas. Era un espacio donde se fortalecían amistades, se compartían experiencias profesionales, se intercambiaban ideas, se recordaba la tierra natal y se estrechaban los vínculos entre colegas unidos por una misma identidad cultural.
En ese contexto, la palabra «embajada» nunca pretendió describir una representación diplomática ni una condición oficial. Su utilización respondía únicamente al lenguaje simbólico y afectivo mediante el cual las comunidades migrantes identifican aquellos lugares donde siempre existe una puerta abierta, una conversación pendiente y un sentimiento permanente de pertenencia.
Más que una simple anécdota, aquella denominación terminó convirtiéndose en uno de los reconocimientos más espontáneos que puede recibir un ser humano: el respeto y el cariño de sus propios colegas.
Porque, al final de cuentas, la verdadera trascendencia de una trayectoria profesional no siempre se mide por los cargos ocupados o los reconocimientos recibidos, sino también por la calidad de las relaciones humanas construidas a lo largo del camino y por la huella que una persona deja en la memoria colectiva de quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
Epílogo
El periodismo es una profesión que pocas veces concede pausas. Quien decide ejercerlo con responsabilidad acepta, desde el primer día, el compromiso de convivir con la inmediatez de los hechos, el análisis permanente y la responsabilidad de dejar testimonio de su tiempo.
Durante más de cinco décadas, Elpidio Tolentino Garrido ha transitado ese camino con una convicción inalterable. Lo ha hecho desde la radio, la prensa escrita y la televisión; como reportero, editor, productor, director, conductor, articulista y formador de opinión. Ha conocido las transformaciones tecnológicas de los medios de comunicación, la evolución del ejercicio periodístico y los cambios sociales de varias generaciones de romanenses, manteniéndose siempre activo y fiel a una manera muy particular de entender el oficio.
Quienes lo conocen saben que detrás del periodista existe un hombre de profundas convicciones, disciplinado en sus hábitos de trabajo, generoso con sus colegas y comprometido con la defensa de aquello que considera justo. Su carácter firme ha sido tan conocido como su disposición a tender la mano cuando las circunstancias lo han requerido, cualidades que explican el respeto que ha cosechado dentro y fuera de la República Dominicana.
Su historia demuestra que el prestigio no se construye únicamente mediante títulos, cargos o reconocimientos oficiales. También nace del ejemplo cotidiano, de la coherencia entre la palabra y los hechos, de la disposición para compartir conocimientos y de la capacidad de convertirse en un referente para quienes recorren el mismo camino.
Tal vez por eso resulta comprensible que, tanto en La Romana como entre la diáspora romanense establecida en Nueva York, su nombre despierte un reconocimiento que trasciende el ámbito estrictamente profesional. La confianza, la hospitalidad y el compañerismo que tantos colegas han encontrado en él forman parte de un legado tan valioso como cualquiera de los premios o distinciones recibidos a lo largo de su carrera.
La historia del periodismo romanense no puede escribirse sin mencionar a Elpidio Tolentino Garrido. Su nombre forma parte de una generación de comunicadores que ayudó a consolidar los principales espacios informativos de la provincia y contribuyó al fortalecimiento de la comunicación regional cuando ejercer el periodismo implicaba enfrentar limitaciones técnicas, escasos recursos y enormes desafíos profesionales.
Toda comunidad necesita preservar la memoria de quienes ayudaron a construirla. En sociedades donde la inmediatez suele desplazar el recuerdo, registrar las trayectorias de hombres y mujeres que dedicaron su vida al servicio público constituye también un acto de justicia histórica.
Más allá de los titulares publicados, de los editoriales escritos, de los programas conducidos o de las entrevistas realizadas, permanece la dimensión humana de un profesional que hizo del periodismo no simplemente una ocupación, sino un proyecto de vida.
Y es precisamente allí donde radica el verdadero legado de Elpidio Tolentino Garrido: en la constancia de una carrera edificada sobre el trabajo, la preparación permanente, la solidaridad con sus semejantes y la convicción de que comunicar es, ante todo, un compromiso con la sociedad.
Porque los medios cambian, las tecnologías evolucionan y las generaciones se suceden unas a otras. Lo que permanece es la huella de quienes ejercieron su oficio con dignidad. En esa memoria colectiva, la trayectoria de Elpidio Tolentino Garrido ocupa, por mérito propio, un lugar reservado entre las figuras más representativas de la historia contemporánea de la comunicación romanense.
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