Santo Domingo, R.D.– Este viernes 31 de julio de 2026 no es una fecha cualquiera para el periodismo dominicano. Con la circulación de su último ejemplar en papel, **El Nacional** cierra una de las páginas más significativas de la historia de la prensa escrita del país, poniendo fin a casi sesenta años de edición impresa para continuar su existencia exclusivamente en el universo digital.
No desaparece el periódico. Desaparece el ritual.
El de comprar el ejemplar de la tarde en el quiosco, doblarlo bajo el brazo al salir del trabajo, sentir el olor de la tinta fresca y recorrer lentamente sus páginas mientras el país terminaba la jornada. Un hábito cotidiano que acompañó a varias generaciones de dominicanos llega hoy a su conclusión.
Fundado el **11 de septiembre de 1966** por los doctores **Freddy Gatón Arce** y **Rafael Molina Morillo**, con el respaldo empresarial de **José Luis (Pepín) Corripio Estrada**, *El Nacional* nació en un período decisivo de la vida democrática dominicana y rápidamente se convirtió en una referencia obligada del acontecer nacional.
Como diario vespertino, desarrolló una personalidad propia. Mientras otros medios cerraban sus ediciones durante la madrugada, *El Nacional* ofrecía una mirada diferente a los acontecimientos del día, convirtiéndose en una fuente indispensable para comprender el pulso político, económico, social, deportivo y cultural de la República Dominicana.
Su lema, **»La voz de todos»**, no fue únicamente una frase editorial. Durante décadas reflejó la aspiración de servir como espacio para la pluralidad de ideas y el debate democrático, consolidando un prestigio construido a partir del ejercicio constante del periodismo y de la confianza de sus lectores.
En sus páginas quedaron registrados algunos de los episodios más trascendentales de la historia contemporánea dominicana: cambios de gobierno, campañas electorales, reformas constitucionales, desastres naturales, grandes victorias deportivas, acontecimientos culturales y los innumerables sucesos que moldearon la memoria colectiva de la nación.
El cierre de su edición impresa también simboliza la transformación irreversible de la industria periodística. La revolución tecnológica cambió la forma en que las personas consumen información: la inmediatez de las plataformas digitales, el acceso desde dispositivos móviles y las nuevas dinámicas de lectura han reducido progresivamente el espacio del periódico tradicional, obligando a los medios históricos a reinventarse para asegurar su permanencia.
Lejos de representar un final definitivo, la decisión de migrar completamente al entorno digital constituye una apuesta por la continuidad. *El Nacional* seguirá informando desde su plataforma en línea, adaptando su legado a las exigencias de una nueva generación de lectores que vive conectada las veinticuatro horas del día.
Sin embargo, el significado de esta jornada trasciende la estrategia empresarial. Con el último ejemplar que sale de la rotativa se despide también una forma de entender el periodismo: aquella en la que cada edición impresa era un testimonio físico de la historia, una pieza destinada a conservarse en bibliotecas, archivos y hogares como evidencia tangible del tiempo vivido.
Hoy termina la impresión de un periódico, pero permanece intacta la responsabilidad de informar. Porque las páginas dejan de imprimirse, pero el compromiso con la verdad, la memoria y el servicio público continúa escribiéndose, ahora sobre la inmensa hoja en blanco del mundo digital.
Con el adiós al papel de *El Nacional*, el periodismo dominicano pierde uno de sus símbolos más reconocibles. Al mismo tiempo, inicia un nuevo capítulo en el que la esencia del oficio deberá seguir prevaleciendo sobre el soporte que la contiene. Cambia el formato; permanece la misión.
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