Por José Aquino A.
La decisión de Estados Unidos de fortalecer su cooperación con República Dominicana y el Caribe en materia de infraestructura digital segura merece una lectura que vaya más allá de las telecomunicaciones. Washington plantea respaldar el desarrollo de redes 5G, cables submarinos, conectividad satelital y capacidades para la inteligencia artificial. Para nuestro país, esta coyuntura representa una oportunidad estratégica.
La economía mundial está entrando en una etapa en la que la infraestructura digital comienza a tener una importancia comparable con puertos, aeropuertos, carreteras y sistemas eléctricos. Los países mejor conectados, con centros de datos confiables, energía suficiente y redes resilientes tendrán ventajas para atraer las nuevas inversiones vinculadas a la inteligencia artificial.
La República Dominicana ya está moviendo algunas piezas importantes. En febrero, el Gobierno declaró de alta prioridad nacional la construcción de puertos de intercambio digital y nuevos sistemas de cables submarinos. Dentro de esta estrategia se anunció junto a Google una inversión superior a US$500 millones para desarrollar un puerto internacional de intercambio digital abierto y neutral, con capacidad para cuatro nuevos cables submarinos.
El proyecto contempla pasar de uno a tres cables directos hacia Estados Unidos continental y multiplicar por diez los pares de fibra hacia ese mercado. También ofrecerá conectividad de baja latencia con regiones de Google Cloud que proporcionan servicios avanzados de inteligencia artificial.
Los cables submarinos transportan gran parte de las comunicaciones digitales internacionales. Aumentar su capacidad y redundancia fortalece la resiliencia nacional y crea mejores condiciones para atraer centros de datos, servicios de nube, plataformas digitales y capacidad computacional para inteligencia artificial.
Con relación a los datos, el Decreto 403-26, que establece el Marco Nacional de Interoperabilidad y Gobernanza de Datos de la Administración Pública, dispone mecanismos para intercambiar información pública de manera segura, estandarizada y trazable. La infraestructura física para transportar datos comienza así a complementarse con una arquitectura institucional para aprovecharlos.
A esto se suma la Estrategia Nacional de Fomento a la Industria de Semiconductores (ENFIS), orientada a insertar al país en cadenas globales de manufactura y ensamblaje tecnológico, atraer inversión y desarrollar talento especializado.
La oportunidad consiste precisamente en conectar estas iniciativas.
5G, cables submarinos, conectividad satelital, centros de datos, semiconductores, interoperabilidad, ciberseguridad e inteligencia artificial no deberían desarrollarse como proyectos aislados. Deben formar parte de una estrategia nacional de infraestructura digital.
Pero existe una condición fundamental: la confianza.
Una infraestructura digital estratégica necesita ciberseguridad, protección de datos personales, continuidad operacional, redundancia energética y protección de infraestructuras críticas. La seguridad debe diseñarse desde el principio y no incorporarse después de construida la infraestructura.
República Dominicana posee ubicación geográfica privilegiada, proximidad con Estados Unidos, estabilidad económica y una conectividad internacional que comienza a expandirse significativamente.
El desafío ahora es transformar esas ventajas en una política de Estado.
Nuestro próximo gran salto digital no debe consistir solamente en consumir más tecnología, sino en alojarla, interconectarla, protegerla y producirla desde territorio dominicano.
Si logramos hacerlo, República Dominicana podría pasar de ser una economía conectada a convertirse en un hub digital seguro del Caribe y un punto estratégico de conexión con la economía global de la inteligencia artificial.
El autor es profesor universitario, especialista en Seguridad y Defensa, Centros de Datos (AOS), Protección de Datos y Sistemas de Información.
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