Por Alfredo Cruz Polanco alfredocruzpolanco@gmail.com
El político piensa en las próximas elecciones. El estadista en las próximas generaciones”.
Otto Von Bismarck
Hace varios años escribí unas humildes reflexiones en las que le hacia una serie de recomendaciones a la administración gubernamental pasada, dado el control que tenía en casi todos los poderes del Estado dominicano. Las mismas estaban fundamentadas en las primeras lecciones de economía que conoció el hombre, las cuales se encuentran plasmadas en las Sagradas Escrituras, en el libro del Génesis, capítulo 41. Me refiero al “periodo de las vacas gordas”.
Dichas lecciones hacen alusión a una historia bíblica, en la que José , “el Patriarca”, interpretó un sueño profético narrado por el Faraón de Egipto, de cómo siete vacas gruesas fueron devoradas por siete vacas famélicas. Según lo interpretado por José, Egipto tendría siete años de prosperidad, para luego pasar a siete años de una profunda crisis alimentaria.
En la vida real, los hechos no siempre se comportan de forma lineal en todo el accionar de la naturaleza y del ser humano, pues se nos producen altas y bajas, en lo político, en lo económico, social, cultural, empresarial, deportivo, profesional o familiar. Se nos presentan momentos de bonanzas, de prosperidad (vacas gordas) y momentos de crisis, de escasez (vacas flacas), por lo que se hace necesario tomar las decisiones más apremiantes, atinadas y oportunas, que vayan acorde al momento y a las circunstancias, con las cuales se puedan enfrentar las posibles eventualidades y dificultades que se nos presenten en el futuro.
Aunque durante esa gestión gubernamental se avanzó bastante y se tomaron importantes medidas en lo material e institucional, se debió haber aprovechado la coyuntura, la
oportunidad y la gran mayoría que se ostentaba en los distintos estamentos del Estado, para propiciar o producir las reformas y las transformaciones institucionales que requería el país, ya que dicha coyuntura política no le sería favorable para siempre.
Se debió haber realizado una reingeniería al Estado dominicano, en la que fueran disueltas o fusionadas aquellas instituciones que no rinden ninguna labor favorable al Estado dominicano y fortalecer aquellas que sí lo hacen, para poder alcanzar el grado de dedesarrollo institucional y material que requiere el país, sin importar si convenían o no en esos momentos, a intereses partidarios.
Lo mismo sucede en la actual gestión gubernamental del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que preside el licenciado Luis Abinader Corona, el cual ostenta un control casi absoluto de todos los poderes del Estado y sus instituciones, por lo que de nuevo quiero hacerle las mismas sugerencias, pues muchas veces, cuando se está en la oposición, se exige que se realicen los cambios, las transformaciones y modernizaciones institucionales y sociales que requiere el país para alcanzar el desarrollo material e institucional que este requiere, pero que cuando se alcanza el poder, no se realizan.
En ese momento sugerimos aprobar el Código Cooperativo y el Procesal Penal, la ley de Ordenamiento Territorial; las modificaciones a la Ley de la Seguridad Social, número 87-01, la No. 64-00, sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales; la de Partidos, Movimientos y Organizaciones Políticas; sobre el Régimen Electoral; Compras y Contrataciones Públicas; el Pacto Eléctrico; el reglamento a la ley de Regulación Salarial; fortalecer la Dirección de Migración, la de seguridad ciudadana, entre otras tantas leyes y medidas que deben ser aprobadas, algunas de ellas duermen el sueño eterno en el Congreso.
Algunas de estas reformas pueden que tengan algún costo político para el partido gobernante, pero serían bien recibidas por la sociedad y muy beneficiosas para el país.
En las pasadas elecciones del año 2024, el PRM dedicó cientos de millones de pesos en apoyo a sus candidatos a diputados y a senadores, según lo expresó el fallecido alto dirigente de ese partido, Ramón Albuquerque. Eso se hizo con el objetivo de tener el control político en ambas cámaras legislativas, mayoría que ha sido utilizada casi exclusivamente para aprobar mecánicamente todos los préstamos internacionales que somete el poder ejecutivo, cuya deuda se ha duplicado, alcanzando los casi 80 mil millones de dólares y para proyectos que en nada benefician al país.
Lamentablemente estos empréstitos no han sido aprobados para obras de desarrollo y de capital, desgraciadamente, han sido tomados para gastos corrientes (nóminas, publicidad improductiva, subsidios sociales, pensiones inmensas, pagos de intereses, viajes, viáticos, entre otros). ¿Para qué ha servido esa gran mayoría congresional, si no se ha puesto al servicio de los mejores intereses del país?
Aún hay tiempo para realizar dichas reformas, pues de no hacerse ahora, es muy probable que la historia, las presentes y futuras generaciones le pasarán factura y se lo tomarán en cuenta. De no hacerse en el momento oportuno, vendrán las acostumbradas lamentaciones, exigencias, reclamos y protestas para que se hagan las transformaciones y para que se apliquen las medidas que debieron haberse aplicados, pues luego será muy tarde, pues ya no se contará con el control que se tenía en el Congreso Nacional, el cual no fue aprovechado en beneficio del país y de las futuras generaciones
El autor es Contador Público Autorizado, Máster en Relaciones Internacionales, Ex diputado al Congreso Nacional y Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016.
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