PISA 2025: una generación que aprende menos en un mundo que exige más

 

Los resultados publicados por la OCDE muestran el deterioro de los aprendizajes fundamentales en buena parte de los sistemas educativos, mientras la inteligencia artificial introduce una nueva paradoja: disponer de más herramientas para aprender no garantiza que los estudiantes estén aprendiendo mejor.

Redacción Exposición Mediática.- Los resultados de la novena edición del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) dibujan un escenario que trasciende las posiciones de un ranking educativo. El informe PISA 2025, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el 8 de septiembre de 2026, registra los promedios más bajos observados hasta ahora entre los países de la organización en ciencias, lectura y matemáticas.

La evaluación involucró a más de 760,000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías, una muestra que representa aproximadamente a 33 millones de adolescentes de esa edad. En esta edición, las ciencias constituyeron el área principal de evaluación, acompañadas por lectura, matemáticas y una nueva medición relacionada con el aprendizaje en el mundo digital.

Pero detrás de las cifras existe una conclusión más inquietante: el deterioro de los aprendizajes fundamentales no parece ser únicamente una consecuencia de la pandemia de COVID-19.

Una crisis que comenzó antes de la pandemia

La caída de los resultados adquirió especial notoriedad después de la disrupción educativa provocada por la pandemia. Sin embargo, la propia OCDE advierte que las tendencias descendentes en numerosos sistemas educativos ya habían comenzado antes de 2020.

Entre 2015 y 2025, el promedio de matemáticas en los países de la OCDE cayó 22 puntos, una pérdida equivalente a algo más de un año de aprendizaje. En lectura, la reducción fue todavía mayor: 28 puntos, equivalente aproximadamente a un año y medio de aprendizaje.

La situación es especialmente delicada en lectura porque no se trata simplemente de comprender palabras. PISA evalúa capacidades cada vez más necesarias en una sociedad saturada de información: localizar información, interpretarla, relacionar contenidos procedentes de diferentes fuentes, evaluar su calidad y distinguir entre afirmaciones válidas y engañosas.

El informe señala, además, que la proporción de estudiantes que pueden considerarse de bajo rendimiento simultáneamente en ciencias, matemáticas y lectura aumentó en la OCDE del 16 % en 2022 al 20 % en 2025. Es decir, uno de cada cinco adolescentes evaluados dentro del conjunto de países de la OCDE no alcanza el nivel básico esperado en las tres áreas fundamentales.

La precisión es importante: ese uno de cada cinco no significa que uno de cada cinco jóvenes del planeta tenga necesariamente ese nivel de desempeño. Se refiere al conjunto de estudiantes de los países y economías de la OCDE participantes.

La ciencia resiste, pero tampoco sale indemne

Las ciencias fueron el foco central de PISA 2025 y presentan un comportamiento diferente al de lectura y matemáticas.

El promedio de ciencias de la OCDE se mantuvo relativamente estable entre 2022 y 2025, después de haber experimentado una tendencia descendente entre 2009 y 2022. No obstante, al observar el período 2015-2025 se registra una disminución del promedio de 489 a 482 puntos.

Esto revela una característica importante del actual problema educativo: no todos los aprendizajes se deterioran al mismo ritmo.

La ciencia parece mostrar una mayor resistencia, pero la lectura y las matemáticas —competencias esenciales para adquirir nuevos conocimientos— presentan retrocesos particularmente fuertes. El problema, por tanto, no consiste solamente en que los estudiantes sepan menos contenidos científicos, sino en que pueden estar perdiendo parte de las herramientas intelectuales necesarias para comprender, analizar y resolver problemas.

República Dominicana: avances que no deben confundirse con suficiencia

El caso dominicano requiere una lectura diferente.

La República Dominicana participó con 7,080 estudiantes de 15 años pertenecientes a 257 centros educativos, una muestra que representa aproximadamente a 127,900 estudiantes de esa edad. La OCDE señala que los datos dominicanos cumplieron los estándares de calidad establecidos para PISA.

En ciencias, el país obtuvo 361 puntos, frente a 336 en 2018. El incremento de 25 puntos representa el avance más significativo de las tres áreas durante ese período.

Matemáticas pasó de 334 puntos en 2018 a 339 en 2025, mientras lectura aumentó de 342 a 346. Sin embargo, la comparación con la OCDE revela la magnitud del desafío: solamente 26 % de los estudiantes dominicanos alcanzó el nivel 2 o superior en ciencias**, frente a 74 % como promedio de la OCDE. En matemáticas, la proporción fue de apenas 9 %, frente a 65 % en la OCDE; en lectura, 23 %, frente a 69 %.

La conclusión razonable no es que República Dominicana haya fracasado en PISA 2025. Tampoco que haya resuelto sus problemas educativos.

La evidencia muestra algo más complejo:*hay progreso, particularmente en ciencias, pero el punto de partida continúa siendo bajo y la distancia respecto de los sistemas educativos de mayor rendimiento sigue siendo considerable.

El propio Ministerio de Educación destacó el incremento registrado en ciencias y la evolución de algunos indicadores de equidad.

El factor socioeconómico sigue pesando

PISA vuelve a mostrar que aprender no ocurre en un vacío social.

En el conjunto de la OCDE, los estudiantes socioeconómicamente favorecidos obtuvieron en ciencias una ventaja promedio de 85 puntos sobre los estudiantes desfavorecidos. La brecha se redujo entre 2022 y 2025, pero fundamentalmente porque disminuyó el rendimiento de los estudiantes favorecidos y no porque los estudiantes más vulnerables hubieran avanzado de manera significativa.

En República Dominicana, la diferencia entre el 25 % de estudiantes socioeconómicamente más favorecidos y el 25 % más desfavorecido fue de 69 puntos en ciencias.

Sin embargo, existe un dato que merece atención: el 12 % de los estudiantes dominicanos desfavorecidos logró ubicarse dentro del cuarto superior de desempeño científico de los estudiantes del país. La proporción coincide con el promedio de la OCDE y constituye un indicador de lo que PISA denomina resiliencia académica.

Eso significa que las condiciones socioeconómicas influyen fuertemente, pero no determinan mecánicamente el resultado de cada estudiante.

La paradoja de la inteligencia artificial

Quizás uno de los elementos más relevantes de PISA 2025 no esté exclusivamente en las puntuaciones, sino en el contexto tecnológico en el que esos estudiantes están aprendiendo.

La evaluación incorpora por primera vez una mirada específica al aprendizaje en el mundo digital y examina también el uso de herramientas de inteligencia artificial.

La conclusión de la OCDE es prudente: la inteligencia artificial puede fortalecer el aprendizaje y ayudar a preparar a los jóvenes para el futuro, pero **no debe convertirse en sustituto de la atención, el esfuerzo intelectual y la comprensión.

La advertencia resulta especialmente significativa porque los estudiantes están entrando en una etapa educativa en la que una herramienta capaz de resumir un texto, explicar una ecuación o redactar un trabajo puede realizar en segundos una parte importante de una tarea que anteriormente exigía leer, investigar, organizar información y escribir.

El desafío educativo cambia entonces de naturaleza.

La pregunta ya no es solamente si un estudiante tiene acceso a la información. La pregunta es si puede evaluarla.

Tampoco basta con preguntarse si puede utilizar inteligencia artificial. Hay que determinar si sabe cuándo confiar en ella, cuándo cuestionarla, cómo verificar sus respuestas y cómo utilizarla sin delegar en la máquina el proceso intelectual que debería desarrollar por sí mismo.

PISA encontró que los estudiantes que utilizaban inteligencia artificial para determinadas tareas de aprendizaje y, además, recibían orientación para evaluar la calidad de la información generada por estas herramientas tendían a presentar mejores resultados que quienes las utilizaban sin ese acompañamiento.

La tecnología, por tanto, no aparece como enemiga ni como solución mágica. Su efecto depende de cómo se incorpora al proceso educativo.

República Dominicana y el desafío digital

En el caso dominicano, la cuestión adquiere una dimensión particular.

Según los resultados de PISA 2025, 50 % de los estudiantes dominicanos declaró utilizar chatbots de inteligencia artificial para ayudarse a aprender al menos una vez por semana, frente a 46 % en el promedio de la OCDE.

El 44 % manifestó utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre nuevos temas; 40 % para resumir textos y 36 % para preparar borradores de trabajos escritos. Apenas 9 % declaró no utilizar nunca o casi nunca chatbots de IA para ninguna de las tareas examinadas por PISA.

Estos datos plantean una cuestión que el sistema educativo no puede postergar: la inteligencia artificial ya está dentro de las aulas, aunque las políticas pedagógicas todavía estén tratando de alcanzarla.

El objetivo no debería ser simplemente prohibirla ni permitirla sin controles. La prioridad tendría que ser enseñar a los estudiantes a utilizarla como instrumento de investigación, contraste, retroalimentación y aprendizaje, sin sustituir las capacidades cognitivas que la escuela debe desarrollar.

Más dispositivos no significan necesariamente más aprendizaje

PISA también encuentra una relación problemática entre digitalización y rendimiento.

Los estudiantes dominicanos declararon utilizar dispositivos digitales en la escuela un promedio de 1.3 horas diarias para actividades de aprendizaje, pero 1.8 horas para actividades de ocio.

Además, 32 % afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos digitales durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias. En República Dominicana, los estudiantes que reportaron esa distracción obtuvieron, en promedio, 27 puntos menos en ciencias que aquellos que no reportaron ese problema, después de considerar factores socioeconómicos y escolares.

El dato obliga a replantear una idea que durante años acompañó la modernización educativa: digitalizar una escuela no equivale automáticamente a mejorar el aprendizaje.

Un dispositivo puede ser una biblioteca, un laboratorio, una herramienta de simulación o un tutor. También puede ser una fuente permanente de distracción.

La diferencia está en la pedagogía.

Una crisis de aprendizaje, no simplemente de escolarización

Los resultados de PISA plantean una distinción fundamental: **permanecer más años dentro del sistema educativo no garantiza necesariamente aprender lo suficiente**.

En República Dominicana, por ejemplo, alrededor de la mitad de los estudiantes evaluados informó haber faltado al menos un día completo de clases durante las dos semanas anteriores a la prueba. El 45 % señaló haber faltado al menos a una clase.

La asistencia, el clima disciplinario, el acompañamiento familiar, la motivación, la calidad docente, el uso de dispositivos y las condiciones socioeconómicas forman parte de un mismo ecosistema.

Por eso sería un error interpretar PISA únicamente como una clasificación de países.

La verdadera pregunta es qué está sucediendo dentro de las aulas.

El mensaje más importante

La fotografía internacional de PISA 2025 es preocupante, pero no uniforme.

Algunos sistemas educativos lograron mejorar sus resultados científicos durante la última década y otros consiguieron simultáneamente reducir el porcentaje de estudiantes de bajo rendimiento y aumentar la proporción de estudiantes de alto desempeño. La propia OCDE subraya que la tendencia negativa no es inevitable.

Los mejores resultados tampoco pueden explicarse exclusivamente por riqueza nacional. El informe señala que la relación entre riqueza y desempeño educativo es más compleja de lo que suele suponerse.

Esto abre un espacio para las decisiones de política pública.

La respuesta no parece estar en añadir indefinidamente contenidos al currículo, multiplicar herramientas tecnológicas o perseguir cada nueva moda educativa. La evidencia presentada por la OCDE apunta hacia otra dirección: fortalecer los fundamentos, invertir en docentes, involucrar a las familias, concentrar esfuerzos en los estudiantes que más apoyo necesitan y utilizar la tecnología con objetivos pedagógicos definidos.

PISA 2025 deja, en definitiva, una paradoja difícil de ignorar.

Los jóvenes disponen hoy de más información, más dispositivos y más capacidad tecnológica que cualquier generación anterior, pero muchos están mostrando dificultades crecientes para leer con profundidad, razonar matemáticamente y aplicar conocimientos científicos.

La solución no consistirá en regresar al pasado ni en entregarse sin reservas a la tecnología.

El verdadero desafío será enseñar a una generación que tiene máquinas capaces de responder casi cualquier pregunta a desarrollar precisamente aquello que ninguna máquina debería sustituir: *la capacidad de pensar, cuestionar, comprender y decidir.

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