Por Antonio Corcino
Cuando don Frank Rainieri pensaba en un nombre para sus terrenos en aquella parte del este del país, descartó los que ya existían. “Punta Borrachón” y “Yauya” no eran nombres comerciales. La geografía lo sedujo a elegir “Punta Cana”, y esa idea no solo prendió, sino que aún hoy permanece como un lugar transformado. Es un eje articulador de riquezas más allá de hoteles, aeropuerto o carretera y de la red de relaciones. Constituye una marca de escala mundial.
Medio siglo después, este mismo territorio transformado se presenta ahora en la escena donde se repite con otros nombres. Cuando el presidente Luis Abinader dio el primer palazo de Yanuna, en Playa Macao, no solo dio inicio a un nuevo proyecto cuya inversión global superará los US$1,000 millones. Lo hace como una primera etapa; tendrá 548 habitaciones en dos hoteles de Marriott International, 250 del Ritz-Carlton Yanuna y 298 de Casa Mirallá, The Luxury Collection, además de 25 residencias. Aún está previsto abrir en 2029. ASONAHORE destacó este proyecto, junto con la próxima apertura de Port Samaná, como señal de confianza de los inversionistas.
Port Samaná, en Arroyo Barril, es otra cosa: una terminal de cruceros que empezará a operar con el MSC Opera, de unos 2,000 pasajeros, y que proyecta 230,000 visitantes en 2027, 540,000 en 2028 y un millón anual en 2030. Ambos proyectos descansan en una decisión que viene de lejos. El turismo dominicano como proyecto de país arrancó con una decisión del Estado, al declarar de interés nacional su desarrollo, a la que se sumó la iniciativa privada, como la de Punta Cana, y en 1971 llegó la ley de incentivos.
Son cifras de promotores y de gremio: proyecciones, no resultados. Pero lo que interesa aquí no es la cifra, sino el signo. Un Ritz-Carlton, que según la prensa sería el primero de esa marca en el país, no va a ofrecer solo camas: comunica exclusividad y un estándar de experiencia. En cambio, un puerto de cruceros comunica conectividad. También las reputaciones se construyen: en 2026, en ese sentido, el Grupo Puntacana volvió a liderar el sector turismo en el ranking Merco Empresas 2026, y como destino, la República Dominicana encabezó el ranking Travellers’ Choice del Caribe de Tripadvisor. Son indicios de prestigio, no mediciones de beneficio.
La semiótica estudia cómo los destinos se representan mediante marcas, imágenes y narrativas que fabrican expectativas. Pero un territorio no solo vive de su imagen. En cambio, el interaccionismo simbólico, inspirado por George Herbert Mead, sistematizado por el sociólogo Herbert Blumer, nos recuerda que los significados nacen en las relaciones y cambian al interpretarse. Bajo esa mirada, Punta Cana es hoy el resultado de ese proceso. No solo se construyó como marca, sino como una realidad territorial cuyos significados y formas de organización se configuraron en las interacciones entre inversionistas, Estado, empresas, trabajadores, residentes y visitantes. Quienes viven y trabajan allí no reciben pasivamente la postal: la aceptan, la discuten o la contradicen desde su experiencia.
Esa distancia entre imagen y experiencia es lo que hay que mirar. Macao se presenta como espacio de lujo y descanso; sus residentes y trabajadores pueden leerlo desde la vivienda, el transporte, el empleo y los servicios. Los promotores de Yanuna dijeron que darán prioridad a la mano de obra local, a la capacitación de talento dominicano y a los suplidores nacionales. Es una promesa; lo que cuenta es cómo se cumple y cómo se verifica. En Samaná, la pregunta equivalente es cuánto del gasto de los cruceristas se queda en los negocios del lugar.
En el mismo distrito, cuyo Plan Municipal de Ordenamiento Territorial aún está como borrador, sin su aprobación. De sus 484,44 km², reserva el 55 % del territorio a la protección, clasifica el 30 % como suelo urbano y el 15 % como urbanizable. Como el anuncio de la reválida, luego que los residentes de El Salado y La Ceiba reclamaran una explicación de por qué los suelos no son urbanizables en más de 98 %. Respuesta a sus reclamos de una revisión ante la cercanía de un Macao de vocación turística. Mientras tanto, se cuelan algunos nombres para consagrarse con un primer palazo; otros esperan que alguien decida qué suelo puede urbanizarse.
La pregunta de fondo sigue abierta. Es antigua y sigue siendo abiertamente inquietante: quién construye la imagen del destino, quién participa de su transformación y quién recibe sus beneficios. Cuando Frank Rainieri bautizó como Punta Cana, no requirió investigación de imagen y posicionamiento de destinos turísticos. Hoy, estos US$1,000 millones previstos para ampliar la oferta hotelera en otras zonas dentro de su territorio también sellan una etapa de marcas globales de por medio; sin embargo, esa decisión ya no puede quedar en pocas manos.
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