Por Rafael Brito
Profesorbrito1@gmail.com
Los hijos hay que tenerlos para que cuando estemos viejos ellos nos cuiden. ¿Cuántas veces hemos escuchado a personas decir estas palabras? Repetir con firmeza la necesidad de tener hijos con la finalidad de que estos velen por sus padres cuando estén viejos puede ser un egoísmo garrafal. Y es aquí donde los invito a reflexionar. ¿Por qué responsabilizar a los hijos con esta magna tarea incluso antes de nacer? Esto puede ser una imposición monumental.
¿Será que muchos padres ven a los hijos como una inversión donde los padres invierten dinero y tiempo a cambio de que los hijos los cuiden y los protejan durante la vejez?
Imponerles este pago a los hijos puede cohibirlos de vivir sus propias vidas. Es de gran importancia aceptar que los hijos no pidieron nacer. Por lo tanto, mucho ojo si estamos pensando designarles la ardua tarea de cuidarnos durante la vejez. Es importante señalar que, si los hijos deciden voluntariamente cuidar y proteger a sus padres durante la vejez, esto es un acto bondadoso y hasta bíblico.
Existe una gran diferencia entre cuidar a los padres por amor y hacerlo por obligación. Cuando un hijo decide voluntariamente acompañar, cuidar y proteger a sus padres durante la vejez, estamos ante una demostración genuina de amor, gratitud y respeto. Sin embargo, cuando los padres utilizan el sacrificio que hicieron para criar a sus hijos como una herramienta para exigirles que sacrifiquen sus propias vidas, estamos entrando en el terreno de la manipulación emocional. Haber criado a un hijo no debe convertirse en una factura que se le presenta décadas después para exigirle un pago. Los hijos pueden estar agradecidos con sus padres sin tener que renunciar a sus sueños, sus matrimonios, sus familias o sus proyectos personales. El amor verdadero no debe imponerse ni cobrarse; debe nacer de la voluntad de cada persona.
Los hijos se disfrutan cuando están jóvenes y llenan un espacio de amor en los corazones de sus padres. Ese amor que despiertan los hijos en el corazón de los padres es el pago más grande que los hijos les realizan a sus padres. Y quizás el único que deberían ejercer. Y esto sucede naturalmente. De manera que, una vez que sientas ese inmenso amor, recuerda que ese es el pago que tus hijos te dan por traerlos al mundo.
A diferencia de los hijos, los padres sí tienen una responsabilidad directa con los hijos, ya que los padres engendraron a sus hijos. Los padres tienen que criar y proteger a sus hijos.
Pero hasta esta responsabilidad tiene fecha de caducidad. Cuando los hijos pasan a ser adultos y finalmente independientes, ahí cambian las aguas. Es importante recordar que los padres siguen siendo padres hasta que sus hijos pasen al más allá. Ahora bien, reitero, es un acto de amor y gratitud si los hijos deciden cuidar de sus padres durante la vejez. Pero ¿podemos, como padres, hacer que nuestros hijos sacrifiquen sus vidas por nuestro bienestar? La realidad de la vida es que todos tenemos derecho a vivirla sin que nadie nos manipule.
¿Un hijo debe sentirse obligado a sacrificar su propia felicidad para garantizar la felicidad y el bienestar de sus padres durante la vejez? No podemos pretender que el nacimiento de un hijo represente el comienzo de una vida dedicada exclusivamente a satisfacer nuestras necesidades futuras. Si los hijos deciden acompañarnos durante nuestra vejez, recibamos ese gesto con amor y gratitud, pero nunca como una obligación que les impusimos.
Tus hijos ya te pagaron si salieron hombres y mujeres de bien en nuestra sociedad. Llenar de orgullo a los padres adquiriendo una buena educación o entrenamiento para poder triunfar en la vida, o simplemente siendo exitosos en la vida, son muestras de gratitud de los hijos hacia los padres. Recordemos ese sentir que experimentan los padres cuando los hijos se gradúan de las escuelas. Esa alegría que los padres sienten cuando los hijos avanzan en la vida y mantienen un perfil al margen de la criminalidad. Pues estos también son pagos que los hijos realizan hacia los padres.
Lo correcto es que los padres se preparen para la etapa de la vejez y no se conviertan en una responsabilidad impuesta para sus hijos, de igual manera que los hijos deben procurar no convertirse en una fuente de sufrimiento para sus padres por medio de actos delincuenciales u otra mala conducta durante sus vidas. Y he aquí el balance que debe existir entre padres e hijos. Tanto los hijos como los padres deben prepararse para no convertirse en una piedra en el zapato el uno para el otro.
Recordemos que traer hijos al mundo es una decisión que va acompañada de una acción asumida por los padres, no por los hijos. Por lo tanto, no podemos convertir esa decisión en una deuda que ellos tengan que pagar durante toda su existencia.
Críen a sus hijos para que sean personas independientes, capaces de construir sus propios caminos y de tomar sus propias decisiones. Si algún día deciden tomarlos de la mano durante la vejez, que sea porque les nace del corazón y no porque les pesa la conciencia a causa de una imposición.
El Autor es un profesor dominicano del área triestatal de Nueva York, criado y educado en Estados Unidos.
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