Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
“Hay un país en el mundo” donde cultura y educación cobran valor cuando se hacen espectáculo. Las bibliotecas dejan de ser inversión porque dividendos no dejan. Sí dependen de un ayuntamiento empeora la situación.
Hablo de la República Dominicana: un país que alguna vez —en la cabeza de un poeta— estuvo “en el mismo trayecto del sol”. Hoy, sin embargo, está regresando al lugar de donde es oriundo. “[…] de la noche”.
Y no es para menos, mientras el gobierno se jacta de pregonar su gestión ejemplar, las bibliotecas desaparecen. Diario Libre reporta que, “aproximadamente 60 bibliotecas públicas desde el año 2009”, han cerrado sus puertas.
El derrotero de las bibliotecas escolares es innombrable. Hace años que descansan el sueño eterno. Pero un día los estudiantes emularán a los campesinos “forcejeando / con su propia cosecha”. Sacaran del sepulcro sus anaqueles.
La quiebra del libro equivale a cerrar una sala de lectura cada tres meses. A los alcaldes de ayuntamientos poco importa que los munícipes lean libros o piquen piedras.
Para colmo, los municipios y sus ayuntamientos disponen de una institución encargada de brindar asesoría técnica. La Liga Municipal Dominicana (LMD).
El secretario general de la LMD codicia que le digan presidente. Aunque ese cargo no existe a él le importa más que cumplir con sus funciones. Los ayuntamientos, por ejemplo, adolecen de técnicos que gestionen la cultura en sus localidades.
A la LMD, sin embargo, no le interesa asesorar en cultura. La cultura no da votos, dicen.
Los ediles olvidan que, un 5 % del presupuesto municipal —inclusive el de la LMD— debe destinarse a programas de educación, salud y género. Una biblioteca justifica la inversión.
Una dirección técnica de cultura también.
No obstante, si algún estudiante —por su cuenta destaca— no dudan en proclamar el protagonismo de su gestión. Si los premiados alaban al alcalde y la gestión, ofrece sin titubear lo que nunca cumplirán.
Es el cuento de nunca acabar. Tanto el presidente, el ministro, el alcalde y demás hiervas malas quieren salir en la foto entregando de la medalla.
Antes de la ceremonia, por derivación, se aseguran que los galardonados nada digan sobre el abandono anterior. Menos del desamparo actual.
O acaso no lo reseñó la prensa en días recientes, a propósito del concurso de lectura. No es fortuito que las niñas y los adolescentes premiados fueran felicitados por el mismísimo presidente de República.
Mientras se dan bombo por el aporte a la creación de oportunidades de educación. Las mediciones internacionales se aprestan a crear un lugar por abajo del último. Para que el país pueda salir. Mientras mayor presupuesto mayor degradación.
Frente a un paisaje “[…] tórrido y pateado” donde solo valen los bolsillos llenos y votos favorables el libro se reduce a un celular inteligente. Los libros, las bibliotecas, la cultura…, bien gracias.
Federico García Lorca dijo “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”. El poeta priorizó el libro, la educación y la cultura sobre el pan de cada día.
Fiódor Dostoyevski, prisionero en Siberia —antes que Lorca— pedía en sus cartas que le “enviaran libros para que su alma no muriera”.
Jesús de Nazaret, el Mesías, igual exclamo «No sólo de pan vive el hombre». Los tres, en épocas —lejanas una de otra— priorizaron el cultivo del alma al través del conocimiento. La primacía del libro.
El gobierno dominicano siempre lleva la contraria, por eso siempre prefiere alejar de la población educación, libro y cultura.
¿Qué se puede esperar de un gobierno en el cual la cultura es un relleno zonzo?
En suma, nada valioso puede esperarse de un país “[…] tórrido y pateado / como una adolescente en las caderas”. Un país “Sencillamente triste y oprimido”.
Porque la ignorancia garantiza el derroche y la impunidad.
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