Por Marcos José Nuñez

En la década pasada, en calidad de curioso y opinante de temas internacionales y geopolíticos más no como experto, les compartía a algunos amigos, incluso con mejor preparación académica que nosotros, que estábamos ante una situación parecida a una especie de tercera guerra mundial en fase primaria o preliminar.

La reacción de algunos en aquel momento fue de duda o rechazo (algo más que entendible) acerca de lo señalado por quien escribe. Sin embargo, después de observar el escenario general con la irrupción del fenómeno de la “primavera árabe”, posterior a la gran crisis económica de 2008-2009, llevándose por delante con golpes de estado y guerras civiles, la estabilidad de países del norte de África como Libia y Egipto, y del cercano oriente como Siria, agregándole a esto la prolongada guerra estadounidense en Irak y Afganistán, había razones de peso para creer que el planeta estaba a las puertas de un conflicto bélico a gran escala.

En el enorme, rico y desigual continente africano, no es muy diferente la situación. Alrededor de la línea ecuatorial, la cosa ha estado color de hormiga durante décadas. Primero, está la guerra civil de Somalia iniciada en 1991 y que ha ido bajando de intensidad, por algunos esfuerzos de la comunidad internacional, por otra parte, el conflicto de Chad vs. Sudán iniciado en 2005 y que ha llevado al desplazamiento de cientos de miles de personas (pese a sanciones y mediaciones, eso no ha podido ser resuelto), y por último, mencionar el conflicto étnico-social-religioso en Nigeria desde 2002 recrudecido a partir de 2009, llevando gran inestabilidad a ese país, al punto de que más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares por temor a la guerra desatada allí, es bastante descriptivo del alto grado de conflictividad interna e internacional en una masa continental que en el occidente americano parecemos ignorar.

El sempiterno enfrentamiento de Israel con sus vecinos del mundo árabe especialmente con los palestinos y organizaciones terroristas aliadas en lugares como Gaza, Cisjordania o el Líbano, el apoderamiento por parte de Rusia de la península de Crimea, más las tensiones con el gobierno de Ucrania a causa de la población rusa o de origen ruso restante en la antigua república soviética y los fuertes nexos históricos entre ambos países, llevó a nada más y nada menos que al Papa Francisco a declarar que estábamos viviendo una tercera guerra mundial a retazos o por partes.

Es evidente que el antiguo Sumo Pontífice, poseía algún nivel de información o algún grado de observación que le permitía expresar de forma tan categórica y a manera de diagnóstico, una situación que parecía poner en un riesgo real, lo que para la inmensa mayoría parecía ser un periodo relativo de paz con algunos diferendos puntuales.

Las tensiones cada vez mayores entre China comunista y Estados Unidos por el control de la isla de Formosa donde se encuentra la República de China (Taiwán), señalada por Pekín como provincia rebelde y por otro lado, la guerra de Rusia contra Ucrania (by proxy de Estados Unidos, Reino Unido y Unión Europea también contra Rusia) que para el Kremlin era solo una operación militar especial para contener la expansión de la OTAN (se dijo de no más de treinta días en 2022), hoy ya va por cuatro años de duración, todo esto parece confirmar la audaz declaración del anterior Obispo de Roma.

Mientras aquello está sucediendo, con el añadido de la operación militar especial contra los Ayatolas en Irán, iniciada el pasado 28 de febrero por Israel y E.E.U.U., el nuevo enfrentamiento fronterizo a causa del terrorismo entre Pakistán y Afganistán del 26-27 de febrero, el pasado sábado 7 de marzo de 2026, en un exclusivo complejo turístico en la localidad de Doral, en las inmediaciones de la ciudad de Miami, el presidente estadounidense Donald Trump ha reunido a un grupo de trece mandatarios latinoamericanos en una cumbre que ha denominado “El Escudo de las Américas” con la notoria ausencia de potencias regionales como Canadá, México, Colombia y Brasil con el objetivo de fortalecer los lazos de cara a constituir, “una coalición militar poderosa para derrotar a los carteles del narco”, según reportes.

Todos estos movimientos, conflictos y tensiones, mientras otrora poderosas instituciones supranacionales de gobernación, pacificación y arbitraje como la organización de las Naciones Unidas, luce cada vez más inefectiva, pudieran estar indicando que el orden mundial de posguerra, instaurado de manera escalonada a partir de 1945 y que ha pasado por puntos de tensión y modificaciones sucesivas a través de los años como en 1947, 1961, 1971, 1985, 1989, 1991, 1998, 2001 y de 2008 en adelante, está llegando a una fase definitiva de conclusión.

Hace tan solo unas semanas, el propio presidente Donald Trump anunció la creación en paralelo de un “Consejo para la Paz”, organismo con funciones parecidas al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pero más expedito y que según se dió a conocer, busca en lo inmediato y en conjunto con países aliados, la reconstrucción de Gaza y la mediación en otros conflictos bélicos similares.

Otra muestra inequívoca de lo que está pasando es el hecho de que normas consensuadas y universalmente aceptadas de derecho internacional para regular la asistencia humanitaria, la protección de las embajadas y legaciones diplomáticas, las reglas de la guerra y la persecución judicial internacional de crímenes, parecen ser olímpicamente ignoradas o desafiantemente incumplidas por quienes están sujetos a ella.

La principal divisa para el comercio mundial como el dólar estadounidense, siendo cuestionado, debilitado, reducido en las transacciones y negocios por actores emergentes que desean un sistema financiero multipolar; y a lo interno de Estados Unidos de América, demócratas y republicanos, lucen cada día más distanciados precisamente en razón del proceder que cada uno ha tenido estando en la Casa Blanca, con los asuntos explicados anteriormente.

El actual orden mundial que a nuestro humilde entender, no finalizó históricamente como algunos aducen con la caída del muro de Berlín o la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, sino que entró en una larga fase de transición hacia un nuevo orden.

En tal sentido, el orden vigente está siendo lentamente demolido, destrozado, quebrado por quienes lo diseñaron, para dar paso a algo que muy pocos tienen una idea clara de que pudiera ser pero, todo indica que vamos al menos al inicio, hacia un difuso reordenamiento por bloques regionales (un nuevo elenco de potencias globales de segundo grado más Rusia {con arsenal militar de superpotencia y economía de potencia menor}. No obstante, con preeminencia bipolar hemisférica) a través del cual están emergiendo países líderes como Bharat (India), Turquía, Japón, Arabia Saudita, Australia, por solo mencionar algunos, mientras superpotencias globales como Estados Unidos de América y la República Popular China, continuarán adelante su carrera bilateral por la supremacía tecnológica y el dominio planetario.

Esa lucha entre paragones gigantes que no se originó en este siglo XXI con motivo del ascenso de China, sino que empezó en la guerra de Corea del 1950-1953, la cual podría considerarse junto con la “guerra de independencia de Israel”, como el verdadero epilogo de la segunda guerra mundial.

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