Crónica de un Pueblo en Fiesta: Patronales La Romana 2026 – El Incienso de la Discordia y el Milagro de la Cédula

 

Por Manuel Castillo

Como Dios manda, la Iglesia Católica encendió las velas, dio la benedición y abrió oficialmente las patronales. Todo marchaba en paz celestial hasta que la comunidad tomó la calle con sus programas individuales.

Este año venía con «ingredientes nuevos», léase: reencuentros de alto riesgo.

Hubo personas que llevaban cuatro décadas sin verse y duraron diez minutos abrazados tratando de adivinar quién era el otro, buscando un rasgo familiar bajo las canas o el abdomen prominente.

El verdadero milagro de Santa Rosa de Lima no fue la fe, sino que varios lograran reconocerse antes de que se les venciera el seguro médico.

Guerra Fría en la Tarima: ¿Quién es el verdadero Clásico?

Si en la diplomacia internacional hay tensión, no es nada comparado con la lucha de egos entre los grupos comunitarios romanenses. Unos le gritaban a los otros «¡Tú no eres clásico!»,

mientras los autoproclamados Clásicos juraban ser la reserva moral del municipio. Lo irónico es que los que hoy se dicen «clásicos» llegaron ayer por la tarde, pero operan como si hubieran fundado la ciudad junto a los primeros picadores de caña. Los «no clásicos» intentaron opacar el desarrollo local, desatando un boicot mutuo donde si un evento tenía buen sonido, el del lado le apagaba la planta eléctrica «por accidente».

El Show 26-26-26: Ego Herido y la Inquisición del WhatsApp

El evento cumbre el afamado acto 26-26-26— fue el espectáculo más brillante en la historia republicana de La Romana.

Luces, orden, emoción… hasta que al maestro de ceremonias le dio el ataque de divismo.

Como la comisión no le entregó una placa de reconocimiento por existir, tomó el micrófono para tildar el evento de «mediocre y mal organizado», buscando ser el florero del centro.

Paralelamente, la inquisición de los
Clásicos cobró su primera víctima: exiliaron a un prestigioso comunicador del chat de WhatsApp por el simple delito de decirles sus verdades en la cara. La libertad de expresión murió en un grupo de administradores con complejo de dictadores.

El Circo del Parque Duarte y la Ruta del Biberón

Mientras en la tarima principal se tiraban pullas, en el Parque Duarte y sus alrededores se movía la verdadera fauna:

Kuky seguía animando con la energía de quien no ha dormido desde las patronales del 2010.

Jota y Olga bailaban en un bucle infinito, inmunes al calor y al paso de los años.

La fémina en tarima miraba de reojo a su compañero, sintiendo cómo el eclipse de protagonismo le robaba la luz, mientras sonreía con dientes apretados.

El pastor y su primo Bo decidió no ministrar esa noche porque concluyó que en ese «vacilón» había más manifestaciones de vida que en su propia congregación.

Un momento histórico

la reaparición de Maruka, quien tras 18 años de ausencia del melé, bajó a la plaza como si el tiempo no hubiera pasado, reclamando su puesto de honor.

La Hache, el Benne y la Guardia de Honor

La logística del consumo estuvo fríamente calculada. Los hermanos Lora andaban armados con su respetiva «hache» (el trago de combate), mientras que J. Ledesma no se quedaba atrás marcando territorio con su propia «hache» en mano.

Mientras tanto, en la trinchera estratégica del Benne, la mesa imperial la ocupaban Glenny y Calín, escoltados por Franklin y con Botón ahí mismo para cerrar el local si era necesario.

Por los alrededores circulaban César y Cordones, fiscalizando que nadie se quedara seco.

Los Acechadores y el Cierre Municipal

El ambiente terminó de encenderse con el regreso de JB respaldado por su hermano, los hermanos Terreros con su inseparable Ito, y la comitiva de Troncoso y Modesto acechando desde las esquinas estratégicas.

En otra esquina, Pachango y Domingo «asuntando» con la cabeza cada trago que bajaba, mientras Pancho y Los Broncos hacían alianza alcohólica con el sector Élite.

Las Carvajal no le quitaban el ojo al humo del cigarro, el aroma de las empanadas y las artesanías.

Todo esto bajo los acordes de la banda de música dirigida por aquel maestro cuyo nombre nadie recuerda pero que todo el mundo aplaude y la figura del Alcalde, sonriendo para la foto oficial mientras disimulaba el estrés de la fiesta.

Así se gozó, se peleó y se sobrevivió a las patronales de La Romana 2026.

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