Día de Nuestra Señora de la Altagracia: fe católica, tradición nacional y pluralidad religiosa en la República Dominicana

 

Redacción Exposición Mediática.- Cada 21 de enero, la República Dominicana vive una de sus jornadas más simbólicas desde el punto de vista religioso y cultural.

El Día de Nuestra Señora de la Altagracia, patrona y protectora espiritual del país, es un feriado nacional no laborable e inamovible, marcado por multitudinarias peregrinaciones e intensa agenda litúrgica hacia la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, localizada en el municipio Higüey.

No obstante, esta fecha —profundamente arraigada en la identidad histórica dominicana— requiere una lectura objetiva y contextualizada, especialmente en un país que, aunque de raíces católicas, es hoy un mosaico religioso en constante transformación.

Una celebración exclusivamente católica

Es fundamental precisar un punto clave: el Día de Nuestra Señora de la Altagracia es una festividad estrictamente católica. No se trata de una conmemoración cristiana general ni de una celebración compartida por todas las confesiones religiosas del país.

La devoción a la Virgen de la Altagracia pertenece a la tradición mariana de la Iglesia Católica, que reconoce a María bajo distintas advocaciones. Las iglesias evangélicas, protestantes y pentecostales no celebran ni reconocen esta festividad, al igual que quienes no profesan la fe católica o no se identifican con ninguna religión.

El carácter de feriado nacional responde a una decisión histórica del Estado, basada en la influencia cultural y social que el catolicismo ha tenido en la formación de la nación dominicana.

Raíces históricas de la devoción

La veneración a Nuestra Señora de la Altagracia se remonta al siglo XVI, en los inicios del período colonial. Según la tradición, la imagen fue traída desde España y colocada en la región de Higüey, donde comenzó a ser objeto de devoción popular.

Con el tiempo, esta advocación adquirió un valor que trascendió lo religioso, convirtiéndose en un símbolo de protección colectiva y continuidad histórica. La construcción de la actual Basílica-Catedral de Higüey, inaugurada en 1971, consolidó la importancia nacional de la festividad y posicionó a la ciudad como uno de los principales centros de peregrinación del Caribe.

Peregrinaciones y expresión pública de la fe

Cada año, miles de fieles católicos acuden a Higüey desde distintos puntos del país. Muchos lo hacen como acto de agradecimiento, otros en cumplimiento de promesas personales o familiares. Caminatas de largas distancias, misas solemnes y procesiones forman parte del paisaje habitual del 21 de enero.

Peregrinos católicos de todos los rincones del país asisten a la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, localizada en el municipio Higüey (de manera congregada y privada) anualmente en esta fecha para honrar a la Virgen de L.a Altagracia.

Estas manifestaciones constituyen una de las expresiones públicas de fe más visibles en la República Dominicana, aunque su significado religioso es exclusivo de la comunidad católica, aun cuando otras personas participen como acompañantes o espectadores por razones culturales o familiares.

El catolicismo en la República Dominicana actual

Históricamente, el catolicismo fue la religión predominante y estructurante del país. Su influencia marcó la educación, las festividades oficiales y buena parte de la organización social.

Hoy, aunque sigue siendo la religión mayoritaria y la oficialmente reconocida, el catolicismo registra una reducción progresiva en términos demográficos. Se estima que entre el 49 % y el 60 % de la población se identifica como católica, con una tendencia a la baja.

Un elemento relevante es que una parte considerable de quienes se declaran católicos no son necesariamente practicantes, manteniendo la identidad más como referencia cultural que como vivencia religiosa activa.

El crecimiento evangélico y la diversificación religiosa

En paralelo, la República Dominicana ha experimentado un crecimiento sostenido del protestantismo, particularmente de las iglesias evangélicas y pentecostales, que han ganado presencia y adeptos en las últimas décadas.

Sus cultos más dinámicos, su estructura comunitaria y su trabajo territorial han redefinido el panorama religioso nacional. Desde esta perspectiva doctrinal, las advocaciones marianas no forman parte de su fe, lo que reafirma el carácter exclusivamente católico del Día de la Altagracia.

Espiritualidad sin afiliación y otras religiones

Otro segmento en expansión es el de las personas sin afiliación religiosa formal, que no pertenecen a una iglesia específica, aunque muchas mantienen creencias espirituales personales o una fe no institucionalizada.

Además, existen comunidades minoritarias de otras tradiciones, como:

• Hinduismo, incluyendo la comunidad Swaminarayan

• Budismo, con presencia de organizaciones como Soka Gakkai Internacional

Estas expresiones, aunque numéricamente reducidas, reflejan la diversidad religiosa del país.

Una festividad religiosa en un Estado plural

El Día de Nuestra Señora de la Altagracia convive hoy con una sociedad dominicana plural, diversa y en transformación. El feriado no implica adhesión religiosa obligatoria, pero sí evidencia el peso histórico del catolicismo en la identidad nacional.

Entender esta distinción permite valorar la festividad sin confundir tradición cultural, identidad histórica y práctica religiosa contemporánea.

Síntesis

El 21 de enero sigue siendo una fecha central para millones de católicos dominicanos y una referencia cultural para toda la nación. Su significado religioso es claro y definido, mientras su impacto social se inscribe en una República Dominicana donde coexisten múltiples creencias, prácticas espirituales y visiones del mundo.

Reconocer esta realidad no diluye la festividad; por el contrario, la sitúa en su contexto real y actual, como parte de una herencia histórica viva en una sociedad cada vez más diversa.

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