Por Rafael Brito Profesorbrito1@gmail.com
En Estados Unidos se aproximan unas elecciones de gran importancia: las elecciones congresuales, en las que se elegirán representantes y senadores.
Es importante destacar que estos legisladores tienen un poder inmenso. Participan en la creación y aprobación de las leyes que rigen la nación y, bajo determinadas circunstancias constitucionales, tienen incluso la facultad de iniciar procesos que pueden conducir a la destitución de un presidente.
Antes de ejercer el voto, sería conveniente informarse un poco sobre las creencias, los principios y los valores de los dos partidos mayoritarios, en lugar de votar por puro fanatismo.
Por un lado, está el Partido Demócrata, que generalmente apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo. También suele mantener una postura más favorable hacia la inmigración y promover vías legales para regularizar la situación de determinados inmigrantes. Asimismo, en términos generales, defiende el derecho al aborto.
En materia de seguridad y justicia, algunos sectores demócratas han promovido políticas orientadas a reducir las penas por determinados delitos menores. En conclusión, es un partido que se identifica con el liberalismo y el progresismo.
En la otra esquina se encuentra el Partido Republicano. En general, sus sectores más conservadores defienden el matrimonio entre un hombre y una mujer, mantienen posiciones tradicionales respecto a la homosexualidad y se oponen al aborto. También promueven una política migratoria más estricta y sostienen la necesidad de combatir con mayor firmeza la delincuencia. El Partido Republicano se identifica principalmente con el conservadurismo.
Una vez expuestas, de manera general, algunas de las posiciones de ambos partidos, los invito a reflexionar.
¿En realidad eres demócrata o republicano? ¿Tus convicciones políticas son realmente coherentes con tus valores personales, familiares y religiosos?
Es prudente señalar que la República Dominicana es un país de profundas raíces religiosas y que una gran parte de su población se identifica con el cristianismo, especialmente con el catolicismo. Si revisamos las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica, podemos observar que esta defiende el matrimonio entre un hombre y una mujer y se opone al aborto.
En muchos temas sociales, mantiene posiciones consideradas conservadoras, algunas de las cuales coinciden con las posturas defendidas por sectores del Partido Republicano.
Pero aquí quiero plantear una pregunta que considero importante:
¿Por qué muchos dominicanos apoyan la inmigración irregular en Estados Unidos, pero no apoyan la inmigración irregular haitiana en suelo dominicano?
No pretendo afirmar que todos los dominicanos piensan de la misma manera. Tampoco escribo este artículo para apoyar a los vecinos haitianos. Mucho menos pretendo afirmar que las situaciones de Estados Unidos y la República Dominicana sean idénticas.
Son países diferentes, con historias, leyes, economías y circunstancias distintas.
Entonces, surgen otras preguntas:
¿Somos coherentes con los principios que defendemos cuando la situación cambia de un territorio a otro?
En este artículo no pretendo persuadir a nadie. Simplemente los invito a reflexionar.
¿Cuántos dominicanos ingresan a Estados Unidos de manera irregular cada año? ¿Cuántas dominicanas viajan a territorio estadounidense con el propósito de dar a luz?
Ahora pensemos en algo más cercano a nuestro propio país: ¿qué ocurre cuando nuestros hermanos haitianos hacen algo parecido en territorio dominicano?
¿Por qué algunas personas consideran legítimo que un inmigrante busque oportunidades y determinados beneficios en Estados Unidos, pero consideran inaceptable que un inmigrante haitiano busque oportunidades o determinados beneficios en la República Dominicana?
¿Dónde está la diferencia? ¿En la nacionalidad? ¿O estamos aplicando principios diferentes dependiendo de quién sea la persona?
¿Por qué consideramos aceptable que las escuelas de algunos estados de Estados Unidos reciban a niños cuyos padres se encuentran en situación migratoria irregular, mientras que algunos dominicanos se molestan por la presencia de niños haitianos en las escuelas públicas de la República Dominicana?
¿Por qué algunos dominicanos se oponen a que los haitianos reciban asistencia social en la República Dominicana, mientras consideran normal que los dominicanos reciban ayudas gubernamentales cuando viven en Estados Unidos?
Son preguntas incómodas, pero precisamente por eso considero que vale la pena hacerlas.
Reitero que existen diferencias significativas entre las propuestas de los partidos Demócrata y Republicano en materia de inmigración y programas de asistencia social. Una vez más, antes de votar este próximo noviembre, debemos comprender qué propone realmente cada partido.
Ambos partidos tienen puntos a favor y en contra. Todo depende, en buena medida, de la perspectiva desde la cual se analicen sus propuestas y sus principios.
Pero hay algo que considero fundamental: nuestras convicciones deben ser coherentes. No podemos exigir para nosotros algo que consideramos injusto cuando lo recibe otra persona. Tampoco deberíamos defender un principio en un país y rechazarlo completamente en otro sin explicar las razones de esa diferencia.
No se trata de votar por un partido simplemente porque somos dominicanos, porque somos religiosos, porque somos inmigrantes o porque nuestros familiares siempre han votado de determinada manera.
Se trata de preguntarnos:
¿Qué pienso realmente? ¿Qué valores defiendo? ¿Qué principios estoy dispuesto a sostener, incluso cuando no me benefician directamente?
No se puede ser hipócrita. Como dice el dicho popular, no se puede predicar en calzoncillos.
Este próximo noviembre del 2026, antes de ejercer tu derecho al voto en Estados Unidos, detente, analiza, infórmate y edúcate.
No votes simplemente por tradición, por simpatía, por lo que diga un amigo o por lo que escuches en las redes sociales.
Piensa, investiga y compara. Pregúntate si tus principios son coherentes y, después, vota de acuerdo con tus propias convicciones.
Sobre el autor: Rafael Brito es escritor y profesor en Estados Unidos. Fue criado y educado en el área triestatal de Nueva York.
![]()

