Juana Chalas Mercedes (1925–2026), la legendaria “Reina de los Dulces” de El Seibo, deja un legado gastronómico que trascendió generaciones y convirtió el Dulce Tula en una de las referencias más reconocibles de la tradición culinaria dominicana.
Redacción Exposición Mediática.- La República Dominicana despide a una de las figuras más entrañables de su tradición gastronómica. Juana Chalas Mercedes, conocida en todo el país como “Doña Tula”, falleció el 5 de marzo de 2026 en El Seibo a los 101 años, dejando tras de sí una historia de perseverancia que transformó un pequeño emprendimiento familiar en una auténtica marca nacional.
Durante más de seis décadas, su dulcería artesanal se convirtió en parada obligatoria para viajeros y en una referencia inseparable de la memoria culinaria dominicana.
Una historia nacida de la necesidad
Juana Chalas Mercedes nació el 24 de julio de 1925 en El Seibo. Su historia, como la de muchas mujeres dominicanas de su generación, estuvo marcada por la adversidad. Tras enviudar joven, quedó con la responsabilidad de criar a cinco hijos, una circunstancia que la impulsó a buscar una forma digna de sostener a su familia.
Fue así como, en 1965, decidió comenzar a elaborar dulces artesanales en el barrio El Retiro. Sus primeros productos fueron suspiros hechos con claras de huevo que le regalaban en una panadería local. Lo que inició como un gesto de supervivencia pronto se transformó en un oficio que definiría su vida.
El nacimiento de Dulcería Tula
Con paciencia y disciplina, Doña Tula fue perfeccionando sus recetas hasta fundar formalmente la conocida Dulcería Tula. Desde un pequeño establecimiento en la calle General Santana de El Seibo, comenzó a producir dulces tradicionales que rápidamente ganaron popularidad.
Entre sus especialidades figuraban el dulce de leche tradicional, versiones con menor contenido de azúcar, dulces de naranja y guayaba, combinaciones de leche con frutas tropicales y el recordado dulce de cajuil.
Sin embargo, fue su característico dulce de leche —equilibrado, aromático y preparado con técnicas artesanales— el que terminó conquistando el paladar de generaciones de dominicanos.
De tradición local a marca nacional
Con el paso del tiempo, el nombre de Doña Tula trascendió los límites de su provincia. Viajeros que atravesaban el Este del país comenzaron a detenerse en su dulcería como parte obligada del recorrido.
Así nació un fenómeno poco común en la gastronomía popular dominicana: un dulce artesanal que se transformó en una referencia nacional. El Dulce Tula pasó a venderse en supermercados, tiendas y establecimientos turísticos, convirtiéndose en un producto que prácticamente todo dominicano ha probado o al menos ha escuchado mencionar.
Un orgullo para El Seibo
En su ciudad natal, Doña Tula llegó a representar mucho más que una emprendedora exitosa. Su historia se convirtió en símbolo de trabajo, dignidad y perseverancia.
Las autoridades locales reconocieron ese impacto con homenajes públicos y con la creación de un monumento dedicado al Dulce Tula en la Plaza Cultural Manuela Diez Jiménez, como testimonio de la importancia cultural de su legado.
A nivel nacional, diversas instituciones también reconocieron su trayectoria, incluyendo distinciones del Senado de la República Dominicana por su contribución a la cultura gastronómica del país.
Una vida dedicada al trabajo
A pesar del reconocimiento público, quienes la conocieron recuerdan a Doña Tula como una mujer sencilla, profundamente dedicada a su familia y a su oficio.
Durante décadas trabajó frente a los calderos donde se preparaban los dulces, soportando largas jornadas de calor intenso. Ese esfuerzo constante dejó huellas físicas con el paso del tiempo, pero nunca logró apartarla del trabajo que había elegido.
Más que empresaria, fue una artesana del sabor: una mujer que entendía el dulce como una tradición que debía preservarse.
Un legado que permanece
Doña Tula falleció en la misma casa donde durante décadas funcionó su dulcería. Su partida marca el final de una vida larga, ejemplar y profundamente ligada a la identidad cultural dominicana.
Sin embargo, su legado no termina con su ausencia. Permanece vivo en la continuidad de su negocio familiar, en la tradición dulcera de El Seibo y en la memoria gastronómica de un país que aprendió a reconocer su sabor.
Porque en la República Dominicana, hablar del Dulce Tula no es simplemente referirse a un postre. Es evocar una historia de esfuerzo, de familia y de orgullo cultural.
Un hasta siempre a la autora del dulce más sabroso y popular de República Dominicana
Hoy, mientras El Seibo despide a su más célebre dulcera, el país entero reconoce la dimensión de su legado. Pocas veces una receta logra trascender generaciones y convertirse en parte de la identidad de un pueblo.
Juana Chalas Mercedes lo consiguió.
Y mientras exista un dominicano que pruebe un dulce de leche de Tula y recuerde su sabor inconfundible, su historia seguirá viva…
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