Honda Flush S 50 cc, scooter japonés de 1983 con cuentarrevoluciones y diseño urbano característico de la década de los 80, símbolo de innovación y estilo que cobraría renovado significado cultural en La Romana en 1986.
Redacción Exposición Mediática, La Romana, R.D.- En 1986, La Romana vivió un episodio singular de modernidad anticipada. No se trató de un gran evento ni de una inauguración oficial, sino de la aparición cotidiana —repetida y comentada— de un scooter japonés que parecía fuera de contexto para su entorno. Era el Honda Flush S 50 cc, y su primer propietario en la ciudad fue Marcos Sánchez, joven romanense que ya comenzaba a ser conocido entre sus contemporáneos bajo el apodo de Mark Rumors.
El modelo había debutado en Japón en 1983. Tres años después, su llegada a República Dominicana ocurrió sin estridencias comerciales, pero con un impacto social inmediato. Durante un periodo inicial, aquella unidad —de color rojo vino— fue la primera Honda Flush S en posesión de un particular en La Romana, lo que la convirtió automáticamente en un objeto de observación, conversación y deseo.
Un scooter adelantado a su tiempo
La Honda Flush S no era un scooter común para los estándares locales de mediados de los años 80. Ligera, compacta, con líneas angulosas y una estética claramente futurista, incorporaba además un elemento poco habitual incluso a nivel internacional: cuentarrevoluciones de fábrica, una característica reservada a la versión “S” del modelo y además su encendido era exclusivamente eléctrico, ya que no tenía pedal de arranque.
En un contexto urbano dominado por motocicletas tradicionales y scooters de diseño más conservador, el Flush S parecía provenir de otro país y de otro momento histórico. Y, en efecto, así era.
La ciudad se detuvo a mirar
Cada recorrido de Marcos Sánchez por la parte céntrica de La Romana, así como por sus principales barrios, sectores y ensanches, generaba una reacción visible. Las personas se detenían, observaban, comentaban. El asombro no distinguía entre generaciones.
Adultos y jóvenes reaccionaban con furor abierto y sorpresa genuina, un fenómeno poco frecuente ante un vehículo de apenas 50 cc. La comparación surgió de manera espontánea y se fijó en la memoria colectiva: “ese anda en un Ferrari de dos ruedas”. La frase, exagerada solo en apariencia, reflejaba la percepción real de estar ante algo tecnológicamente superior y estéticamente disruptivo.
Entre la población adolescente, el impacto fue aún mayor. Estudiantes de colegios públicos y privados —tanto de tandas matutinas como vespertinas— respondían con entusiasmo desbordado ante el paso del scooter. En una época donde la novedad vehicular era limitada, la Flush S representó una ruptura visual y cultural.
Mark Rumors: identidad y símbolo
Para 1986, Marcos Sánchez ya gozaba de una popularidad consolidada entre sus pares. El apodo Mark Rumors, inspirado en la canción “Rumors” de Timex Social Club —uno de los temas más difundidos de ese año— circulaba con naturalidad en el entorno juvenil romanense.
La Honda Flush S no originó esa popularidad, pero sí la amplificó y la fijó simbólicamente. El scooter se convirtió en una extensión visual de una identidad en construcción: música, movimiento, presencia urbana. Décadas más tarde, en abril de 2025, ese mismo nombre sería formalizado por Sánchez como su alter ego artístico, al iniciar la publicación de canciones con letras originales creadas con asistencia de inteligencia artificial, cerrando así un arco temporal de cuarenta años.

De la rareza a la referencia
Con el paso del tiempo, llegaron dos unidades adicionales del modelo, ambas de color gris. Más adelante, otros jóvenes comenzaron a adquirir scooters y motocicletas ligeras. Sin embargo, el carácter pionero de aquella primera Honda Flush S ya había cumplido su función: abrir camino, generar aspiración y establecer una referencia.
El punto de encuentro habitual de esa juventud motorizada fue el parque central Juan Pablo Duarte en La Romana, espacio emblemático de socialización. Allí convergían adolescentes con distintos tipos de scooters y motocicletas comunes, mientras la Flush S mantenía su condición de pieza singular dentro del grupo.
La banda sonora de una época
El fenómeno no puede entenderse sin su contexto musical. 1986 fue un año de alta intensidad sonora, con una juventud dominicana abierta tanto a corrientes globales como a ritmos caribeños.
En las radios y reuniones sonaban con fuerza temas como Paninaro, West End Girls, Suburbia y Opportunities de Pet Shop Boys; Walk This Way e It’s Tricky de Run-D.M.C.; Rock Me Amadeus de Falco; The Final Countdown de Europe; Bizarre Love Triangle de New Order; I Can’t Wait de Nu Shooz; Venus de Bananarama; Two of Hearts de Stacey Q; Change of Heart de Cyndi Lauper; Your Love de The Outfield; You Give Love a Bad Name de Bon Jovi; Papa Don’t Preach de Madonna; Fascinated de Company B; Point of No Return de Exposé y, de forma particularmente significativa, Rumors de Timex Social Club.
En paralelo, el Caribe afirmaba su identidad con merengues como Volveré de Wilfrido Vargas con Rubby Pérez; Me muero por ella de Alex Bueno; Besos callejeros de Las Chicas del Can; Adolescente de Los Hermanos Rosario; Testaruda de Los Kenton; Abandono de Tempo Dominicano, Vagabundo de Juanchy Vásquez “El Galeno” y Asesina de Bonny Cepeda (ésta última marcando el privilegio en ser la primera canción grabada en CD de la época).
La salsa también marcaba presencia con La Rebelión de Joe Arroyo; La Cura de Frankie Ruiz; Bendita Seas de Grupo Niche; Periquito Pin Pin de Tommy Olivencia y los primeros éxitos románticos de Eddie Santiago.
Génesis y Altos de Chavón
Las noches solían extenderse hasta Génesis, la discoteca ubicada en Altos de Chavón, dentro del complejo Casa de Campo. El contraste era notable: un scooter japonés de estética futurista estacionado en un entorno que replicaba un pueblo mediterráneo del siglo XVI, construido a partir de 1976 bajo la visión del empresario Charles Bluhdorn y el diseño del arquitecto italiano Roberto Coppa.
Desde esa meseta con vistas al río Chavón, la juventud romanense de mediados de los 80 vivía un momento que hoy adquiere valor cultural: la convergencia de modernidad, música global, identidad local y espacios simbólicos.
Un objeto, una memoria colectiva
A cuatro décadas de distancia, la Honda Flush S 50 cc no se recuerda únicamente como un vehículo. Se le reconoce como un marcador temporal, un artefacto que encapsuló aspiraciones, estilos y dinámicas sociales de una ciudad en transición.
En La Romana de 1986, aquel scooter representó movimiento, novedad y presencia.
Fue pequeño en cilindrada, pero grande en impacto y su historia quedó inevitablemente asociada al nombre de Marcos Sánchez (Mark Rumors), el joven que, sin proponérselo, condujo un símbolo generacional por las calles de su ciudad.
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