El gran retorno al orden: Por qué el péndulo del mundo gira a la derecha

 

Por Pedro Morales

Durante la última década, el mundo pareció sumergido en un experimento social sin precedentes. Bajo el estandarte del progreso, la izquierda política impulsó una agenda que, para muchos de nosotros, cruzó la línea de la libertad para adentrarse en el libertinaje.

Se promovieron políticas que erosionaron los valores tradicionales, se descuidaron las fronteras y se priorizaron identidades minoritarias por encima del bienestar de la mayoría trabajadora.

Desde la llegada de Donald Trump a su segundo mandato y por algunos signos que estamos viendo, con más fuerza en este inicio de 2026, el mensaje es claro: la sociedad ha dicho basta.

El epicentro de esta «Gran Corrección» es, sin duda, Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. Lo que estamos presenciando no es simplemente un cambio de administración, sino una redefinición total de la derecha moderna.

El Partido Republicano ha dejado de ser el brazo de las corporaciones globales para convertirse en el defensor del obrero nacional. A través de un proteccionismo económico valiente y el uso de aranceles, se está recuperando la soberanía que la globalización nos arrebató.

Pero el cambio más profundo no es económico, sino moral y cultural. La percepción de un «libertinaje» institucionalizado —donde el Estado pretendía educar a nuestros hijos en ideologías de género y donde las fronteras eran meras sugerencias— ha encontrado su antídoto en la mano dura y el sentido común. La eliminación de la burocracia «woke» y el retorno al reconocimiento de la biología básica son pasos necesarios para recuperar el tejido social que nos daba estabilidad.

Este fenómeno no es un evento aislado en Washington. Es una marea que está barriendo continentes. Desde la Argentina de Milei hasta las nuevas coaliciones en Europa, el mundo está «sacando a la izquierda» de los gobiernos. El modelo Trump ha demostrado que se puede ganar defendiendo la nación, la familia y el orden.

Estamos ante el fin de una era de excesos ideológicos. El retorno de la derecha no es un paso atrás, sino un paso hacia la realidad. Es la vuelta a un mundo donde las fronteras importan, donde el trabajo nacional se protege y donde los valores que construyeron nuestras naciones vuelven a ser el norte de nuestras leyes. El péndulo ha vuelto, y esta vez, parece que se quedará en el lado del orden por mucho tiempo.

Y para aquellos líderes que aún no han leído las señales de los tiempos, una advertencia final: el margen para la ambigüedad se ha cerrado. La historia no será amable con quienes, por ceguera ideológica o conveniencia, decidan atrincherarse en el bando perdedor del libertinaje.

Lo vemos en figuras como Pedro Sánchez en España, quien, en un acto de desesperación política, ha condenado el arresto del dictador Nicolás Maduro, alineándose con las sombras del pasado. Y lo vemos más cerca, con políticos jóvenes como Omar Fernández, cuya reciente aparición fotográfica junto a Bill Clinton (leer artículo ​¿Suicidio político en el altar del globalismo? El error de cálculo de Omar Fernández) —uno de los grandes patriarcas de esa agenda globalista y decadente— envía un mensaje preocupante de desconexión con el sentir popular actual. El péndulo ha vuelto con fuerza; elegir el lado equivocado ahora no es solo un error de cálculo, es un suicidio político.

Loading