Por Mariano Abreu
En la era del clic inmediato y la sobreinformación, la política corre el riesgo de volverse perezosa. Es fácil dejarse seducir por los gráficos de las empresas encuestadoras privadas y creer que una buena estrategia de relaciones públicas basta para asegurar un triunfo. Sin embargo, las campañas no se ganan en las nubes de la percepción digital, sino pisando la tierra.
El camino hacia la contienda electoral del 2028 presenta un escenario inédito en la historia reciente de la República Dominicana. Al analizar el tablero político, resalta un dato crucial: la inmensa mayoría de los precandidatos de los principales partidos, como el Partido Revolucionario Moderno, el Partido de la Liberación Dominicana, Fuerza del Pueblo y organizaciones emergentes, carecen de experiencia previa en la conducción del Estado.
Salvo el doctor Leonel Fernández, ninguno de los aspirantes que hoy se perfilan ha gobernado la nación. Aunque algunos exhiben hojas de servicio respetables como ministros, directores generales o legisladores, el electorado sabe que timonear un ministerio no es igual a liderar un país.
Ante este vacío de referentes tradicionales, el votante dominicano activa un mecanismo de búsqueda muy específico. Históricamente, nuestro elector persigue un arquetipo: la figura que encarne soluciones concretas y decididas.
Pero ese arquetipo no se construye con discursos abstractos. Para conectar de verdad, los candidatos deben «peinar» el territorio nacional, bajando a los municipios, distritos municipales, secciones y parajes.
Quien aspire a gobernar con éxito no puede diseñar su estrategia desde un escritorio en el Distrito Nacional. Debe mirar la radiografía demográfica, social y electoral del país.
Por ello, cualquier orientación retórica o argumento debe considerar hablarle a los dolores específicos de ese segmento primordial del padrón, compuesto por jóvenes que representan cerca del 35% y mujeres, quienes constituyen la mayoría con el 51.28%.
Los discursos no pueden quedarse en la superficie; deben ofrecer soluciones concretas para sus desafíos más acuciantes.
El peso específico del territorio es incuestionable. A continuación, el desglose oficial de las catorce provincias con mayor impacto electoral, que juntas definen el rumbo de cualquier elección general:
Provincia Cantidad de electores Porcentaje
• Santo Domingo 1,829,579 22.57%
• Distrito Nacional 918,021 11.33%
• Santiago 915,067 11.29%
• San Cristóbal 473,455 5.84%
• La Vega 360,664 4.45%
• Puerto Plata 278,343 3.43%
• Duarte 274,974 3.39%
• San Pedro de Macorís 248,165 3.06%
• Espaillat 213,283 2.63%
• La Romana 205,436 2.53%
• San Juan 199,226 2.46%
• La Altagracia 195,758 2.42%
• Azua 185,937 2.29%
• Peravia 164,693 2.03%
Total 6,462,601 79.72%
En conclusión, el panorama político del 2028 exige una transformación radical en la forma de hacer campaña. Ya no bastará con el artificio de la popularidad construida en los medios digitales o las mediciones de laboratorios.
La verdadera llave del éxito electoral recayó en la capacidad de los aspirantes para salir del confort capitalino, adentrarse en el corazón de las provincias y conectar genuinamente con la realidad de las comunidades.
Solo aquel que logre arraigar su propuesta en el territorio y ofrecer soluciones pragmáticas a los jóvenes y a las mujeres en temas cruciales tales como la seguridad ciudadana, la educación, el empleo y el alto costo de la vida podrá aspirar a guiar a la nación hacia un nuevo capítulo, siempre accionando en el territorio.
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