Refutando el Artículo «El Nobel de María Corina Machado se lo negaron al Coronel Benoit» de Rafael Pineda.

Por Alfredo de los Santos Jorge

Hay una curiosa elasticidad moral en cierta izquierda latinoamericana que no le es ajena a la dominicana, los principios se estiran o encogen según quién gane la historia.

Si el resultado favorece al socialismo, es epopeya; si lo frena, es traición. Bajo ese curioso método de evaluación histórica, ahora se nos explica que el Premio Nobel de la Paz concedido a María Corina Machado debió habérsele otorgado (con décadas de retraso) al coronel dominicano Pedro Bartolomé Benoit.

La tesis es muy ingeniosa, pedir ayuda internacional es imperdonable, salvo cuando la desea o pide la izquierda.

El argumento arranca con una fantasía estadística, que Nicolás Maduro gobierna con el apoyo de “la mitad más uno” de los venezolanos. Una afirmación «notable» en un país sin elecciones libres, con candidatos inhabilitados, partidos proscritos y presos políticos.

Al parecer, cuando hay dictadura, las mayorías se suponen; cuando hay oposición, se exige pureza angelical.

María Corina Machado no compite contra un adversario democrático, se enfrenta a un sistema que cerró todas las puertas institucionales. Llamar a eso “postura confrontacional” es como acusar al preso de alterar la paz del calabozo.

Al coronel Benoit la izquierda no le perdona haber contribuido a que República Dominicana no se convirtiera en otra Cuba. Ese es su verdadero «delito histórico» a lo zurdo. Porque si hubiera triunfado la “épica constitucionalista”, hoy tendríamos mausoleos, no avenidas; consignas, no libertades; nostalgia revolucionaria, no país.

La famosa Batalla del Puente Duarte (ese puente que nunca cayó, pese a los bombardeos que solo existieron en la propaganda) se ha convertido en uno de los grandes éxitos literarios del realismo mágico político dominicano. La izquierda no perdió una guerra, perdió un relato y lo escribió después.

Resulta enternecedor el escándalo selectivo. Benoit pidió ayuda a Estados Unidos, «anatema eterno». Pero los “constitucionalistas” que coqueteaban con Fidel Castro o la Unión Soviética merecen altar cívico.

En Venezuela, la tutela rusa, china e iraní es “cooperación estratégica”, pero cualquier presión internacional contra Maduro es “exterminio humano en potencia”.

El Premio Nobel de la Paz nunca ha sido un concurso de almas puras. Se ha otorgado a figuras que, en contextos críticos, representaron una alternativa frente a males mayores. Y pocas cosas son hoy peores que una dictadura que produce millones de exiliados, hambre, represión y un Estado cuasi fallido.

Comparar a María Corina Machado con un jefe militar de 1965 no demuestra incoherencia del Nobel: demuestra la pobreza del argumento.

El remate humanitario (exigir que Machado reparta el premio entre huérfanos palestinos) no es ética internacional, es retórica de sobremesa.

Nada indica que Machado promueva guerras o genocidios. En cambio, el régimen que combate sí ha generado una de las mayores tragedias humanitarias del hemisferio.

Finalmente, si hoy Venezuela está sumida en el colapso, es precisamente porque allí ganaron los “constitucionalistas”. Y si República Dominicana no siguió ese camino, fue porque algunos (con todos sus errores humanos) evitaron que el país se despeñara por el mismo barranco ideológico.

La izquierda puede seguir repartiendo Premios Nobel retrospectivos y heroísmos de utilería. La historia, en cambio, sigue siendo implacable con los resultados.

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