Por: Carlos Díaz
Santo Domingo, R.D. – El Partido Revolucionario Moderno (PRM) vive una lucha interna sin precedentes. Observamos una estrategia agresiva por parte de un proyecto presidencial que intenta avasallar a sus rivales mediante una saturación de encuestas. Sin embargo, la frialdad de los gráficos en papel no contrasta con la hirviente realidad del terreno, donde la lealtad de las bases y las juramentaciones del último mes están redibujando el verdadero mapa del poder perremeísta.
El rugido de la calle y las juramentaciones estratégicas
Mientras un sector se enfoca en posicionar percepciones, otros proyectos avanzan con pasos de gigante en la sumatoria de estructuras clave. El dinamismo que ha demostrado Wellington Arnaud es un claro ejemplo de que la política real se hace sumando voluntades orgánicas. Arnaud acaba de asestar golpes contundentes en el tablero político al juramentar en su proyecto a figuras del peso de José Montás, exalcalde de San Cristóbal.
Asimismo, ha logrado agenciarse los liderazgos de Orlando Martínez, el diputado más votado de Bonao y firme aspirante a senador, de Carlos Sánchez, diputado de la Circunscripción 3 del Distrito Nacional (quien proviene de las filas de David Collado), y de la diputada Maritza de Ogando en la Circunscripción 2. Con estos movimientos, Arnaud consolida estratégicamente un diputado por cada circunscripción en el Distrito Nacional. La demostración de fuerza quedó sellada en Peravia, donde encabezó un acto multitudinario que respalda los números de la firma encuestadora Marketing Colorgrafic, la cual indica que Wellington lidera en Peravia, Santiago, Barahona, Mao y Montecristi.
Por otro lado, Carolina Mejía no se queda rezagada y demuestra su inmenso poder de convocatoria. En un acto masivo, juramentó al presidente del Senado, Ricardo de los Santos, como su coordinador de campaña. A esto se le suman los movimientos de Eligio Jáquez, quien hizo lo propio con una impresionante manifestación en el club San Carlos, y el respaldo activo de Geanilda Vásquez. Estos movimientos dejan claro que el control territorial está en manos de un bloque que se niega a ser minimizado por encuestas pagadas.
El recurrente fracaso de las encuestas
La historia electoral reciente es el peor enemigo de quienes pretenden ganar elecciones únicamente en los medios de comunicación. Los comicios de Brasil volvieron a dejar en evidencia que no gana quien pague más encuestas, sino quien logre movilizar más votos hacia las urnas. La ciencia demoscópica ha fallado estrepitosamente en procesos de Perú, Bolivia y Colombia.
A nivel doméstico, el errático historial de los sondeos es largo. Nos equivocamos al recordar las primarias internas del PRD en 1999 y del PLD en ese mismo año, así como los traumáticos procesos del PRD en 2007 y 2011, o las más recientes del PLD en 2022. Las encuestas son fotografías difusas del momento; las urnas son la realidad incontestable.
Las matemáticas de unas primarias internas
Parte de lo que no se cuenta en el debate público es la naturaleza de estos procesos: son primarias internas, donde vota la militancia inscrita y comprometida, no el universo abierto de votantes. Si analizamos la participación masiva en las primarias del PRM de 2023, donde su padrón movilizó a más de un millón de perremeístas, vemos que el núcleo duro se concentra en plazas como el Gran Santo Domingo, San Cristóbal y Santiago.
Es precisamente en estos grandes centros urbanos donde David Collado no está encabezando actualmente. En estos territorios determinantes, Wellington Arnaud y Carolina Mejía se juegan el primer y segundo puesto, polarizando el favor de las bases. Mientras tanto, un combativo Guido Gómez Mazara se mantiene firme en la cuarta posición y, de manera peligrosa para sus rivales, aún no ha desplegado toda su maquinaria en las calles.
El techo de David y el bloque del 63%
El gran dilema estratégico radica en el crecimiento. A diferencia de los demás proyectos, el de David ha encontrado un techo temprano para sumar adeptos. Aquí cabe hacerse la pregunta obligatoria: ¿Podrá este proyecto sumar a figuras del peso de Carolina Mejía, Wellington Arnaud, Guido Gómez Mazara o Tony Peña Guaba?.
La respuesta se vislumbra cuesta arriba, por no decir casi improbable. La resistencia natural y la falta de vasos comunicantes con la base histórica sitúan a ese sector en una posición sumamente difícil frente a un bloque disidente que, de manera combinada, acapara el 63% de la simpatía a lo interno del PRM. En la política dominicana, quien se aísla de las estructuras termina devorado por la maquinaria; el terreno ya está hablando, y las encuestas corporativas no podrán callarlo.
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