Entrevista | Persio Maldonado: del campo de Guayubín a una vida consagrada al periodismo, la libertad y la verdad verificada

Persio Maldonado, periodista y director de El Nuevo Diario, durante una trayectoria marcada por la defensa del ejercicio periodístico, la búsqueda de la verdad verificada y la adaptación de los medios a las transformaciones tecnológicas.

El director de El Nuevo Diario y presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios repasa sus orígenes, su llegada al periodismo, la transformación de los medios, la relación con el poder, el impacto de la inteligencia artificial y los desafíos que aguardan a las nuevas generaciones de periodistas.

Por Marcos Sánchez

Redacción Exposición Mediática, La Romana, R.D.-  Antes de convertirse en una de las figuras de mayor permanencia en la prensa dominicana, Persio Maldonado fue un niño criado por sus abuelos paternos en La Guajaca, Guayubín, en medio de una realidad rural marcada por acontecimientos que dejarían una profunda huella en la historia contemporánea del país.

Desde allí observó, siendo apenas un niño, las consecuencias del desembarco guerrillero de Estero Hondo y posteriormente el ambiente político que siguió al surgimiento del Movimiento 14 de Junio. También conoció tempranamente el dolor de perder a su padre cuando este apenas había cumplido 30 años, una experiencia que, según recuerda, pudo sobrellevar gracias al amparo de su familia.

Aquel niño del campo terminaría encontrándose con los libros, la poesía y, finalmente, con el periodismo. Un profesor particular, Pablo Qurleaux, despertó su interés por la lectura y la poesía. En 1971, su ingreso al periódico El Sol, en Santiago, lo colocó en contacto directo con algunas de las figuras más reconocidas del periodismo y la cultura dominicana de aquella época.

Décadas después, Maldonado dirige El Nuevo Diario y preside la Sociedad Dominicana de Diarios desde una posición privilegiada para observar cómo ha cambiado el oficio, pero también para defender aquello que considera inalterable: la responsabilidad de procurar la verdad verificada.

En esta conversación con Exposición Mediática Maldonado habla de sus raíces, de las circunstancias que lo condujeron al periodismo, de la transformación provocada por Internet y la tecnología, de la credibilidad como capital de los medios, de la relación entre prensa y poder, del desafío que representa la inteligencia artificial y de la necesidad de preparar a las nuevas generaciones para un periodismo distinto, pero todavía esencial para la libertad y la democracia.

Marcos Sánchez: Si dejamos por un momento al director de El Nuevo Diario y al presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, ¿quién es Persio Maldonado? ¿Qué experiencias de sus primeros años considera que terminaron definiendo al hombre y al profesional que es hoy?

Persio Maldonado: Vengo del campo, relacionado con el hato. Criado por mis abuelos paternos, en La Guajaca, Guayubín, Monte Cristi, donde permanece la casa familiar. Vengo de la postrimería de la dictadura y viví a los siete años de edad, en mi zona, el desembarco guerrillero por Estero Hondo, donde lograron dispersarse muchos de los jóvenes combatientes y la persecución militar. Y posterior a eso el Movimiento Político 1J4 de Junio, encabezado por el montecristeño Manuel Aurelio Tavarez Justo. Fueron acontecimientos de gran impacto para quienes crecíamos a la luz de la esperanza de la libertad. Igual puedo decir que vengo de la tragedia al perder a mi padre justo cuando cumplió los 30 años, situación que fue blindada con el amor familiar.

MS: ¿En qué momento descubrió que el periodismo no sería simplemente una profesión, sino una forma de vida? ¿Hubo alguna persona, circunstancia o experiencia que haya resultado determinante en esa decisión?

PM: Creo que fue algo que me fue envolviendo. Tuve un profesor particular llamado Pablo Qurleaux que me introdujo en la lectura y en la poesía. Y luego entré a trabajar en 1971 en el periódico El Sol en Santiago, el primer medio impreso a color del país. Allí conocí a muchas personas relacionadas con el periodismo, como el Dr. Bienvenido Corominas Pepín, el poeta Juan José Ayuso, Don Armando Almánzar, el Dr. José Canó López, Yaqui Núñez del Risco, Violeta Yanguela, Fermín Arias Belliard y Bonaparte Gautreaux Piñeyro, entre otros. Fueron años de mucha convulsión política, incluyendo el desembarco guerrillero de 1973, encabezado por Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Y, finalmente, creo que la decisión de fundar El Nuevo Diario y los desafíos de sostener un medio de comunicación me catapulto en este oficio.

MS: Usted lleva décadas vinculado a El Nuevo Diario. ¿Qué ha significado dirigir un periódico durante una época en la que el modelo tradicional de prensa ha tenido que transformarse radicalmente? ¿Qué cosas han cambiado y cuáles considera que siguen siendo esencialmente las mismas?

PM: El primer significado es el sentido de responsabilidad frente a la sociedad y a los valores éticos de nuestra formación, procurando cumplir con el propósito esencial de bien informar. El segundo significado es haber asimilado un proceso de transformación atendiendo a los cambios a los que nos expuso la tecnología y la Internet. Creo que todo ha cambiado para el ejercicio del periodismo, excepto la misión de procurar la verdad verificada. Entre los cambios más profundos y trascendentes es la universalización en el alcance, los tiempos en el lenguaje, la interacción entre los emisores y los receptores de los contenidos. Y la posibilidad de convertir cualquier medio en una multimedia. Es como si el límite fuera la imaginación.

MS: En alguna ocasión ha señalado que la credibilidad es el mayor capital de un medio de comunicación. En un ecosistema dominado por redes sociales, viralidad, desinformación y contenidos generados mediante inteligencia artificial, ¿cómo se construye y se conserva hoy esa credibilidad?

PM: Creo que eso sigue siendo válido. Y justo esa realidad convulsa hace mucho más relevante e importante el ejercicio del periodismo, aún frente a quienes desde distintas posiciones de poder procuran restarle valor a los periodistas y a los medios. Sin verdad verificada la libertad peligra, lo mismo que la democracia. El mundo de hoy no sólo se enfrenta al bombardeo de informaciones falsas multiplicas por la inteligencia artificial, si no a un estado de confusión, pues los receptores no pueden determinar si lo que reciben es falso o verdadero. Y es aquí cuando se acude a los medios y los periodistas acreditados con el propósito de verificar la certeza de los hechos. Ahí es donde descansa ese capital de los medios, que es la confianza de sus lectores y audiencias.

MS: Como presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, usted tiene una perspectiva privilegiada sobre el ejercicio de la prensa nacional. ¿Cuál considera que es actualmente el principal desafío que enfrenta el periodismo dominicano? ¿Y cuál es, a su juicio, la mayor fortaleza que todavía conserva?

PM: Creo que el principal desafío es transformarse para mantener la conexión con un mundo dinámico en términos de generación y de realidad. Asumir las necesidades de la población como un canal de sostener esa vinculación continúa para construir confianza y capital. Y diría que de eso nace la mayor fortaleza. Esto es válido para todos, pues el buen periodismo se puede ejercer desde cualquier medio o plataforma.

MS: ¿Ha cambiado la relación entre los medios de comunicación, el poder político y la sociedad dominicana? Desde su experiencia, ¿dónde debería situarse la frontera entre el ejercicio responsable del periodismo y las presiones o intereses que pueden intentar condicionarlo?

PM: La relación del ejercicio del periodismo no siempre es cómoda con el poder, bien público o privado. Y resulta mucho más complicada cuando quienes están en posiciones de poder procuran un ejercicio de relaciones públicas. Es decir que sólo se diga lo bueno y no quieran ser cuestionados. Incluso, figuras principales de la vida del país con frecuencia le huyen a los periodistas y los medios. E incluso, procuran sacar buenos periodistas de las redacciones en vez de fortalecer los medios que es donde se sustenta la libertad y la democracia. Es una vieja práctica que ha debilitado el ejercicio. Y es evidente que se requiere de una clase política y empresarial que no sólo sea usuaria de los medios, si no que asuma el rol de los periodistas y los medios como una cuestión esencial para la libertad y la transparencia.

MS: La inteligencia artificial ya está modificando la manera en que se producen, distribuyen y consumen las noticias. ¿Ve la IA principalmente como una amenaza para el periodismo, como una herramienta de transformación o como ambas cosas a la vez? ¿Qué no debería delegar nunca un periodista en una máquina?

PM: El mundo de hoy es irreversible. Y no hay manera de darle para atrás. La inteligencia artificial es el producto de la inteligencia humana. Es necesario que asimilemos esta realidad, incorporando todos los recursos que se desprenden de la tecnología y de la inteligencia artificial para ayudarnos hacer mejor lo que hacemos. No la veo como una amenaza, la veo como una oportunidad. Aunque como en todo, si la intención de alguien es dañar cualquier bien puede ser útil para malos fines. El periodista ni el medio pueden dejarle a la máquina la verificación de la certeza de lo que publica. Esa seguirá siendo una responsabilidad del periodismo profesional.

MS: Su trayectoria también está vinculada al tenis dominicano y al liderazgo deportivo. ¿Qué encuentra en el deporte —particularmente en el tenis— que complementa o incluso enriquece su manera de entender el liderazgo, la disciplina y la competencia profesional?

PM: Estoy vinculado al deporte desde mis inicios en la escuela, principalmente al béisbol, el volibol, el futbol, el softbol. Y más profundamente al tenis. Igual que familiares como Guayubín y Chichí Olivo Maldonado, quienes jugaron beisbol profesional. Estoy convencido de que los deportes tienen un impacto transversal en la vida de las personas, en la educación y la economía. Creo que es salud, es disciplina, cortesía, solidaridad, respeto, es juego limpio, es marca país, es turismo y es reivindicación económica para los atletas y sus familias. Es, además, control social. El país ha mostrado ese potencial en múltiples disciplinas y tiene una infraestructura deportiva valiosísima de nivel panamericana. Lamento, sin embargo, que el deporte no este en las escuelas como algo esencial, incluso, como he propuesto, con un bachillerato deportivo, formando competidores y capital humano como gestores. Contamos con lo suficiente como para dar un gran salto.

MS: Después de tantos años en posiciones de responsabilidad, ¿hay alguna decisión profesional que haya tomado y que, vista desde la perspectiva actual, haría de manera diferente? ¿Qué le enseñó esa experiencia?

PM: Es difícil definir eso. Pero diría que desde temprano me movía en la idea de ser sacerdote, médico y político. Sin embargo, tal como dije en el inicio de esta conversación el periodismo me fue envolviendo en la medida en que me vinculé con los medios, mientras estaba en la política y los estudios de Ciencias Políticas y Derecho. Pero, si me colocan entre la espada y la pared para decir algo, diría que político. Creo que es una instancia desde donde se puede incidir más para transformar una sociedad.

Marcos Sánchez: Finalmente, pensando en las nuevas generaciones que están entrando al periodismo y en el futuro de los medios dominicanos: ¿qué consejo le daría a un joven que quiere dedicarse al periodismo en una época en la que cualquiera puede publicar, pero no necesariamente cualquiera puede informar?

Persio Maldonado: Le diría que se anime a estudiar y formarse para una realidad nueva, que es la suya, porque el periodismo sigue siendo relevante para la libertad y la democracia. Pero igual que no se confunda con la responsabilidad de informar y el ruido. Su responsabilidad es lo primero. Y también le agregaría que la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo siempre tendrán una relación incómoda con el poder. Expuesto siempre a una resistencia y vigilancia interminables, negándose a conceder más de lo necesario.

Marcos Sánchez: Auténticas gracias estimado Persio Maldonado, por habernos concedido esta entrevista.

Persio Maldonado: Un gusto poder colaborar con esta causa y un honor por la distinción.

Después de más de cinco décadas de vinculación con el periodismo, Persio Maldonado observa un oficio radicalmente transformado en sus herramientas, sus velocidades y sus plataformas, pero no necesariamente en su responsabilidad esencial.

Para él, la tecnología puede cambiar la manera de producir y distribuir las noticias, pero no puede asumir la responsabilidad última de determinar si aquello que se publica es cierto. En su visión, esa tarea continúa perteneciendo al periodista y al medio.

Su recorrido personal también explica buena parte de esa convicción. Desde la memoria de Guayubín y los acontecimientos políticos que presenció en su infancia hasta su llegada a las redacciones, la fundación de El Nuevo Diario y su actual responsabilidad gremial, su trayectoria ha transcurrido en paralelo con profundas transformaciones de la sociedad dominicana y de la propia prensa.

Quizás por eso, cuando se le pregunta qué recomendaría a quienes ahora comienzan, su respuesta no apunta únicamente a aprender nuevas herramientas. Les pide estudiar, formarse y comprender que publicar no equivale necesariamente a informar.

En una época en la que cualquiera puede convertirse en emisor de contenidos, Maldonado reivindica precisamente aquello que considera irrenunciable: la responsabilidad de informar, la búsqueda de la verdad verificada y la defensa de una prensa capaz de mantener una relación necesariamente incómoda con el poder.

Ese parece ser, al final, el hilo que conecta al niño de Guayubín con el periodista de hoy: la convicción de que el oficio puede cambiar de forma, pero su responsabilidad frente a la sociedad permanece.

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