Por Antonio Corcino

El turismo ya no es solo una industria del entretenimiento. Hoy es también un instrumento de poder económico, influencia cultural y posicionamiento geopolítico entre las naciones.

Por lo general, se suele emplear una herramienta para analizar la realidad global con enfoques vinculados a ciencias sociales como la geopolítica, la economía o la psicología política. Sin embargo, para una mayor comprensión, se apela a otro marco conceptual que nos permita analizar de una manera más amplia el papel del turismo en el desarrollo contemporáneo: la geopolítica del ocio. Esta perspectiva nos podría acercar a cómo los países utilizan el turismo, las vacaciones y las experiencias recreativas como instrumentos de influencia económica, territorial y cultural.

Desde ese punto de vista, la actividad turística ya ha dejado de ser solo meramente recreativa para constituirse en un recurso estratégico de captación de capital, proyección internacional y dinamización de la economía. Es así como el acto global de viajar y consumir experiencias se convierte en una actividad productiva central.

Entonces, en esta visión, se puede observar cómo la República Dominicana se ha posicionado como uno de los principales actores de la economía turística del Caribe.

El tablero turístico global

Si consideramos el turismo mundial como un tablero de ajedrez estratégico, cada país compite para atraer más visitantes, inversiones y eventos internacionales. En ese escenario, los destinos turísticos operan como posiciones estratégicas, donde los turistas representan flujos que se desplazan entre territorios y las inversiones en infraestructuras, hoteles, aeropuertos y puertos de cruceros actúan como movimientos tácticos.

En ese juego, cuando los países alcanzan a atraer mayores flujos de visitantes y capital, ejercen una mayor influencia económica y cultural. En ese sentido, el turismo funciona como una forma de diplomacia suave o soft power.

República Dominicana como plataforma del ocio

La ubicación geográfica en el Caribe de RD es aprovechada por sus playas, biodiversidad y patrimonio cultural; gestiona su territorio como una plataforma estratégica del ocio global.

Es así como el turismo se ha convertido en el eje articulador de sectores como la hospitalidad, el transporte, el comercio, la construcción, la producción de bienes y servicios como culturales. Este proceso es fruto de acuerdos, políticas públicas e inversiones privadas, lo que consolida el modelo de desarrollo basado en la economía del tiempo libre.

Inversión extranjera y expansión económica

El turismo tiene una importancia capital en el teatro internacional, ya que impulsa el crecimiento de la inversión extranjera directa (IED) en la República Dominicana. Por ejemplo, en 2025, el país alcanzó un récord histórico de US$5,032 millones, lo que significa un crecimiento del 11.3 % respecto a 2024, año en el que ya se había registrado una cifra notable de US$4,523 millones; de esa forma nos fortalece como uno de los principales destinos de inversión en Centroamérica y el Caribe.

Tanto el turismo como el sector de energía concentran más de la mitad de la inversión recibida, mientras que el inmobiliario y las zonas francas continúan desempeñando un papel clave en la generación de empleo y exportaciones. En general, las exportaciones totales fueron US$15,930.6 millones, de las cuales solo el turismo representa el 26.3 % del total, certificándose como uno de los principales generadores de divisas de nuestra economía.

Además, los ingresos combinados por turismo, remesas e inversión extranjera superaron US$47,300 millones, lo que robustece la estabilidad económica y la disponibilidad de divisas.

Diversificación del producto turístico

El país ha ampliado su oferta más allá de lo tradicional del esquema de sol y playa, lo que fortalece su competitividad internacional. Actualmente integra nuevas modalidades como el turismo cultural y patrimonial, ecológico y de naturaleza, de cruceros, deportivo y de salud, gastronómico y de reuniones.

Este compromiso de diversificación permite conectar el turismo con sectores como la agricultura, la cultura y el comercio local, generando mayor valor agregado dentro de la economía nacional.

República Dominicana como un hub turístico regional

La política fomentada a partir del acuerdo de cielos abiertos ha aumentado la conectividad aérea; hasta el año pasado había superado las 1,096 rutas aéreas, vinculándose con 365 aerolíneas y enlazando a más de 400 destinos en 71 países. En cambio, el turismo de cruceros y la expansión del sector hotelero en el país, lo que nos posiciona como un hub logístico aéreo y turístico clave en el Caribe con fuerte crecimiento regional.

El poder del ocio en el Caribe dominicano

Como se puede ver, el turismo es una fuerza poderosa capaz de movilizar una extensa cadena productiva que incluye transporte, construcción, comercio, gastronomía y servicios culturales; solo en el 2025 genera más de 815,000 empleos directos, indirectos e inducidos.

De modo que, más allá de su impacto económico, nuestra industria turística es una gran maquinaria que contribuye a transformar los territorios a los que están asociados como a proyectar la imagen internacional del país. Es así como el Caribe dominicano se posiciona como un epicentro de la economía global del ocio, donde el control de los destinos atractivos y rutas de visitantes, lo que lo convierte en una forma de poder económico.

En definitiva, el turismo dominicano ha dejado de ser solo una actividad recreativa para transformarlo en un instrumento de poder económico, proyección internacional y desarrollo territorial.

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