Por Joel Julio García
No es un error del sistema que la cultura contemporánea sea superficial; en realidad, en muchos contextos, es su mayor éxito financiero.
Existe un bombardeo incesante de trivialidades y distracciones baratas, diseñado específicamente para que nadie tenga un segundo de silencio. Sin ese espacio, es difícil observar las grietas de la propia realidad.
La estupidización masiva se ha consolidado, en diversos niveles, como el negocio más lucrativo de la historia, porque un individuo distraído no cuestiona el rumbo de su vida ni el uso que otros hacen de ella.
Es una anestesia global; un saqueo de la voluntad que se ejecuta con tal precisión que el paciente, entretenido, ni siquiera se queja.
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