Por Carlos Díaz.
El panorama político dominicano dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha entrado en una fase de reconfiguración acelerada, donde la retórica vacía ya no basta para sostener aspiraciones presidenciales. Hoy, el electorado penaliza la improvisación y premia un activo muy específico: la capacidad gerencial. La reciente salida de Sanz Lovatón (Yayo) de la carrera debido a bajos números, sumada a una Raquel Peña que no logra capitalizar más del 5% de la simpatía electoral de cara al relevo, ha reducido el verdadero campo de batalla a un cerrado cuarteto: Carolina Mejía, David Collado, Wellington Arnaud y Guido Gómez Mazara.
Guido Gómez Mazara pertenece al exclusivo grupo de gerentes de este gobierno en los cuales se cuentan de manera inequívoca los nombres de Ito Bisonó, el Dr. Landrón, Wellington Arnaud y el propio David Collado. En este selecto círculo de alta ejecución —donde Arnaud ha mostrado músculo en el INAPA, el Dr. Landrón comanda la eficiencia gerencial desde su posición en el sector salud estatal junto al SNS, e Ito Bisonó exhibe una sólida hoja de ruta tras mostrar su capacidad de gerencia en el Ministerio de Industria y Comercio, su posterior paso por el Ministerio de Vivienda y su actual rol estratégico como Canciller de la República—, la figura de Guido Gómez Mazara ha irrumpido con una fuerza que altera el orden establecido.
Su gestión al frente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) ha sorprendido a propios y extraños, demostrando que el veterano líder no solo posee una de las mentes jurídicas y políticas más brillantes del país, sino también una sorprendente y rigurosa capacidad de ejecución administrativa. Su paso por INDOTEL destaca por el impulso a la conectividad rural, el ordenamiento del espectro, la histórica ruptura de monopolios de mercado y la transparencia institucional, transformando un ente tradicionalmente pasivo en un motor de desarrollo técnico.
Este éxito gerencial ha colocado a Gómez Mazara en una posición envidiable dentro de la percepción pública, combinando su histórica base social con la validación de las clases medias y empresariales que exigen resultados concretos. Es precisamente esta evolución la que fundamenta el creciente rumor de su posible llegada al Ministerio de Educación (MINERD).
La llegada de Guido a Educación implicaría un giro de 180 grados para un ministerio que, lamentablemente, se ha convertido en el gran talón de Aquiles de los seis años de gobierno del presidente Luis Abinader. El MINERD arrastra una estela de sombras, retrocesos institucionales y nulos avances pedagógicos a pesar de administrar el presupuesto más robusto de la nación. Los retos pendientes son colosales: desde la reforma curricular profunda y la dignificación real del gasto, hasta el desmantelamiento de las mafias proveedoras. Para salvar la educación dominicana se necesita un gerente con autoridad moral, carácter inquebrantable y un peso político propio que le permita tomar decisiones difíciles sin doblegarse ante presiones corporativas o sindicales; cualidades que Guido ha demostrado poseer.
Sin embargo, esta posibilidad ha encendido las alarmas en los sectores más recalcitrantes ligados a David Collado. En los pasillos del poder es un secreto a voces que el litoral del ministro de Turismo le teme a la figura de Guido Gómez Mazara como el diablo a la cruz. El temor es puramente estratégico: un Guido al frente de un ministerio con la visibilidad del MINERD, respaldado por su demoledor poder de oratoria, su impecable capacidad de comunicación y su elocuencia natural, terminaría por desplazar por completo a Collado de la opinión pública y de la percepción mediática.
La confrontación de estilos es inevitable y deja en evidencia las debilidades estructurales del ministro de Turismo. Frente a la profundidad discursiva y el peso político de Guido, el legado de David Collado empieza a lucir plano y superficial para una candidatura presidencial, limitándose casi exclusivamente a la labor de «contar visitantes o turistas» que entran al país. La gestión de números alegres en el turismo ya no es suficiente para competir con una gerencia de Estado integral.
La lucha interna en el PRM es real, frontal y se juega en dos tableros simultáneos: el de la eficiencia en el Estado y el de la percepción en los medios. Guido Gómez Mazara ha demostrado en INDOTEL que sabe gobernar; de asumir el control de Educación, no solo rescataría el principal proyecto social del gobierno, sino que consolidaría un posicionamiento electoral capaz de reescribir el futuro de la nación de cara al 2028.
![]()

