Por: Manuel Castillo
Existe un fenómeno recurrente, casi de naturaleza biológica, en la fauna política dominicana: la metamorfosis que sufren los líderes cuando transitan de la oposición al Gobierno.
En la acera del frente, cuando están fuera del presupuesto estatal, todos son científicos sociales, estrategas infalibles y portadores de la varita mágica que solucionará, de la noche a la mañana, los males históricos de nuestra sociedad.
Sin embargo, una vez que logran ceñirse «la Ñoña» el codiciado e histórico botín del palacio presidencial—, esa lucidez teórica se desvanece en un preocupante ataque de amnesia colectiva. El costo de la desmemoria: Promesas rotas y el auge del «influencer»
La brecha entre la retórica de campaña y el pragmatismo gubernamental ha alcanzado niveles intolerables. El ciudadano de a pie observa con asombro cómo los vehementes pronunciamientos del pasado —del actual presidente, de la dirección del Ministerio de Interior y Policía, y de los principales estrategas del partido oficialista— se diluyen en justificaciones burocráticas.
Prometieron seguridad ciudadana, pero las calles siguen hablando el lenguaje del miedo. Prometieron erradicar el nepotismo y la corrupción estructural, pero los vicios institucionales continúan enquistados, disfrazados bajo nuevas etiquetas de modernidad y reformas estériles.
Esta desconexión extrema ha provocado una crisis de credibilidad sin precedentes que hoy pasa factura a la democracia misma. Al vaciar de contenido el debate político serio, el sistema tradicional le ha abierto las puertas de par en par al populismo digital.
Gobernar un país no es lo mismo que administrar una red social.
Hoy vemos desfilar a *influencers* y figuras del entretenimiento que, amparados en la indignación popular, pretenden dirigir los destinos de una nación tan compleja, viciada y estructuralmente desigual como la República Dominicana. Con la arrogancia de quien acumula «me gusta», aseguran que harían un mejor trabajo.
Pero erradicar los males estructurales de este país —el clientelismo, las mafias del transporte, la inseguridad y la debilidad institucional— no se logra con un video viral de quince segundos. No es tarea para amateurs.. Requerimos de profesionales con calidad probada, estadistas de carrera y técnicos comprometidos que entiendan la administración pública no como una pasarela, sino como una ciencia de servicio.
La abstención y el despertar de los ausentes
Durante años, miles de dominicanos decidieron castigar al sistema dándole la espalda a las urnas. La abstención electoral creció como una protesta silenciosa. Hoy, el diagnóstico es claro:
la indiferencia no castiga a los malos políticos; los legitima.
El abstencionismo solo sirvió para consolidar gobiernos mediocres y permitir que minorías organizadas por el clientelismo decidieran el futuro de la mayoría. Afortunadamente, ese letargo está llegando a su fin. La ciudadanía está despertando y asimilando que la única forma de recuperar la patria es asumiendo la responsabilidad del voto de manera consciente y crítica.
El camino hacia la nueva república
Voto Consciente
Reformas Reales Instituciones Sólidas
Exigencia de Resultado
Es tiempo del pueblo: Una agenda de prioridades innegociables
No podemos seguir permitiendo que nos vendan reformas de maquillaje político mientras los derechos fundamentales siguen siendo un lujo. Es hora de que los legisladores, elegidos con el sudor y la esperanza del pueblo, elaboren leyes que protejan a los ciudadanos que votaron por ellos y no a las élites corporativas o a sus propios intereses de partido.
La República Dominicana próspera que merecemos se fundamenta en pilares muy claros:
•No a la censura: Rechazo absoluto a cualquier intento legislativo de callar, amordazar o •limitar la libre expresión del ciudadano.
•Transparencia sin simulación: Erradicación total del nepotismo en las nóminas públicas y un combate real, sin favoritismos, contra la corrupción.
•Salud y educación dignas: El acceso a la salud médica de calidad y una educación verdaderamente transformadora no son dádivas de campaña; son necesidades básicas y derechos consagrados.
•Seguridad ciudadana real: Soluciones tangibles contra la delincuencia para recuperar la tranquilidad de nuestros barrios.
Un pacto intergeneracional
No olvidemos que nuestros envejecientes —quienes han sostenido esta nación con su trabajo y sacrificio— también votan, observan y tienen el poder moral de guiar e influir a las nuevas generaciones. Y nuestros niños, que crecen en este entorno, absorben cada ejemplo. Seamos el modelo de coherencia, valentía y honestidad que ellos necesitan heredar.
La República Dominicana tiene el potencial de ser un faro de prosperidad en la región. Pero para lograrlo, debemos clausurar la era de la demagogia y el populismo improvisado. Es tiempo de recuperar la nación, de exigir cuentas y de demostrar que el verdadero poder sigue perteneciendo al pueblo dominicano.
![]()

