Marcos Sánchez (izquierda) recibe de Ramón Moreta (derecha) el reconocimiento de Distribuidora de Gomas Trinidad, entidad distinguida por su trayectoria y aportes al desarrollo de La Romana, autorizado por José María Castillo, hijo mayor de la entidad familiar reconocida.
La iniciativa, celebrada en el parque Duarte durante las Fiestas Patronales de Santa Rosa de Lima, reconoció trayectorias que atraviesan generaciones y fronteras, desde figuras históricas de la vida romanense hasta profesionales, artistas, deportistas, comunicadores e instituciones que han proyectado el nombre de la ciudad en República Dominicana y el extranjero.
La Romana, R.D.— Una ciudad también puede contarse a través de las personas que la han servido, representado, transformado y llevado consigo mucho después de haber cruzado sus fronteras. Bajo esa premisa, “Romanenses en el Mundo 26.26.26” convirtió este miércoles el reconocimiento ciudadano en un ejercicio de memoria colectiva, identidad y gratitud.
Celebrada en el parque Duarte, en el marco de las Fiestas Patronales de Santa Rosa de Lima, la iniciativa reunió en un mismo programa a protagonistas de ámbitos tan diversos como la ciudadanía, el deporte, las profesiones liberales, la comunicación, el periodismo, las bellas artes y la vida institucional.
Pero el alcance de la propuesta va más allá de una ceremonia de reconocimientos.
Su estructura revela una intención de rescatar nombres, trayectorias y aportes que forman parte de la historia social y cultural de La Romana, al tiempo que coloca bajo una misma mirada a quienes hicieron su obra dentro de la provincia y a aquellos que llevaron su identidad romanense a otros territorios.
La propia filosofía del encuentro lo resume: “Honrando el pasado, reconociendo el presente e inspirando el futuro de La Romana.”
Una ciudad narrada por sus protagonistas
Las categorías seleccionadas construyen una especie de mapa humano de La Romana.
El programa contempla Mérito Ciudadano y Trayectoria Ejemplar, Glorias del Deporte Romanense, Excelencia y Trayectoria Profesional, Grandes Voces de la Comunicación y el Periodismo, Maestros y Talentos en las Bellas Artes, Instituciones Emblemáticas: Orgullo de La Romana y Embajadores de La Romana en el Mundo.
Cada una aborda una manera distinta de contribuir al desarrollo de una comunidad.
En la primera aparecen ciudadanos reconocidos por sus trayectorias y aportes; en la segunda, deportistas y figuras vinculadas a una actividad que durante décadas ha servido como vehículo de disciplina, representación y orgullo local.
La categoría profesional, por su parte, reconoce a exponentes de distintas áreas, entre ellos médicos, ingenieros, educadores, abogados, empresarios y otros profesionales cuya labor ha trascendido el ejercicio individual de una carrera para convertirse en servicio y aporte social.
La palabra también construye memoria
En una ciudad cuya historia ha estado estrechamente vinculada a la radio, la cultura popular y la comunicación, dedicar una categoría específica a las “Grandes Voces de la Comunicación y el Periodismo” adquiere especial significado.
Allí aparecen nombres como Andrés Padua Naranjo, Manuel Emilio Beltré Sánchez, George Anthony, Arnaime Medina y Nexcy De León, representantes de distintas vertientes del oficio comunicacional.
El reconocimiento también refleja la evolución de una profesión que ha pasado de las ondas radiales y los medios tradicionales a nuevos formatos y plataformas, pero que conserva una misma función esencial: contar lo que ocurre y dejar constancia de una época.
El arte como herencia
Quizá uno de los componentes más emotivos del programa sea el dedicado a Maestros y Talentos en las Bellas Artes.
La propuesta no se limita a reconocer a quienes desarrollaron una obra artística. También incorpora la memoria de figuras fallecidas mediante sus descendientes, reconociendo que una parte del patrimonio cultural de una ciudad sobrevive precisamente a través de quienes reciben y preservan ese legado.
Entre ellos figuran los descendientes de maestros como Julio Santana Pichardo, Ramón (Mon) Marino, Heriberto Payán y Toño Irey, vinculados particularmente a la música y a la formación de generaciones de artistas.
Es una concepción de la cultura que no mide el legado únicamente por la obra tangible, sino también por la capacidad de una persona para formar, inspirar y dejar discípulos.
Instituciones que también escriben la historia
“Romanenses en el Mundo” amplía su mirada más allá de las personas.
La categoría Instituciones Emblemáticas: Orgullo de La Romana reconoce que el desarrollo de una ciudad también se construye desde empresas, organizaciones y entidades que permanecen durante años aportando servicios, empleos, educación, inversión y espacios de crecimiento.
De esta manera, el programa incorpora a su relato la dimensión institucional de La Romana y reconoce que la memoria de una comunidad también se encuentra en aquellas entidades que han acompañado su transformación.
















Cuando La Romana cruza sus fronteras
Es, sin embargo, la séptima categoría la que probablemente expresa con mayor claridad el alcance internacional del concepto.
Bajo el título Embajadores de La Romana en el Mundo, la organización reconoce a diez personas cuyas trayectorias representan distintas formas de proyección romanense fuera de su territorio.
La lista comienza con una figura profundamente vinculada a la memoria religiosa de la ciudad: monseñor Juan Antonio Abreu Espinal, conocido como el Padre Abreu, presentado como párroco histórico de Santa Rosa de Lima y recordado a 49 años de su partida física.
Le sigue Norberto Enrique Mariñez Rodríguez, identificado como locutor y pionero de la radiodifusión en La Romana; y Napoleón Dhimes, cantante y productor de televisión con trayectoria tanto en el país como en el exterior.
La dimensión eclesiástica aparece nuevamente con el obispo Moisés Quezada Mota, señalado en el programa como obispo episcopal y referente de su generación.
Desde el ámbito público aparecen Rafael Peguero Ramírez, concejal en Providence, y Rafael Marte, comisionado del condado de Bergenfield. Sus trayectorias representan otra forma de presencia romanense: la participación en la vida institucional y comunitaria de Estados Unidos.
También figura Héctor Urbea, presentado como catedrático de Ingeniería y decano en universidades de México y Norteamérica, llevando el componente académico a esta representación internacional.
Particularmente singular es el caso de Carmen Del Rosario Castro, reconocida por más de dos décadas de misión humanitaria en África, incluyendo períodos de trabajo en Etiopía, el Congo y Mali, incluso durante contextos de guerra.
La lista incorpora asimismo a William J. Skilton, obispo episcopal al que se atribuyen importantes aportes a La Romana entre 1965 y 1975, entre ellos el Colegio Episcopal, y a Nuryis Bienvenida De Oleo Pérez, identificada como secretaria en el Congreso norteamericano.
Diez nombres, diez recorridos y, en realidad, diez maneras de representar una misma raíz.
Aquí el término embajadores adquiere un sentido cultural antes que diplomático. Son personas que, desde la religión, la comunicación, la música, la televisión, la academia, la política, la acción humanitaria o el servicio institucional, llevaron —o llevan— consigo una conexión con La Romana.
Más que homenajear: decidir qué merece ser recordado
Ese es probablemente el aspecto más interesante de “Romanenses en el Mundo 26.26.26”.
La actividad no se limita a decir quiénes son los homenajeados. Propone, implícitamente, una definición de lo que una comunidad considera valioso.
Reconocer a un locutor pionero, a un deportista, a un médico, a un maestro, a un artista, a una institución, a un servidor público o a una persona dedicada a la labor humanitaria equivale a afirmar que el desarrollo de una ciudad no tiene una sola expresión.
Hay desarrollo cuando se educa, cuando se cura, cuando se comunica, cuando se crea, cuando se compite, cuando se emprende, cuando se sirve y cuando se conserva la memoria.
Por eso, el concepto resulta especialmente pertinente en el marco de unas fiestas patronales. Mientras Santa Rosa de Lima sirve como punto de encuentro para una comunidad que celebra su tradición, **“Romanenses en el Mundo” introduce una celebración paralela: la de sus propios protagonistas.**
Una geografía emocional de La Romana
Vista en conjunto, la selección de categorías dibuja una geografía que no aparece en ningún mapa convencional.
Está la La Romana de sus ciudadanos meritorios; la de sus atletas; la de sus médicos, ingenieros y educadores; la de sus voces radiales y periodistas; la de sus músicos y artistas; la de sus instituciones y, finalmente, la de aquellos que partieron para construir nuevas trayectorias sin desprenderse de su lugar de origen.
Es precisamente ahí donde la iniciativa adquiere su mayor dimensión cultural. Una ciudad no deja de pertenecer a sus hijos porque estos emigren.
A veces, ocurre exactamente lo contrario: cuando un romanense alcanza un escenario nacional o internacional, la ciudad de origen comienza a viajar con él.
“Romanenses en el Mundo 26.26.26” convierte esa idea en reconocimiento público y reúne bajo una misma narrativa a generaciones, profesiones y destinos diferentes.
Porque al final, más que una lista de galardonados, lo que la actividad pone sobre la mesa es una historia compartida: la de una ciudad que decide mirar hacia atrás para reconocer sus raíces, observar el presente para valorar a quienes continúan construyéndola y mirar hacia adelante en busca de nuevas generaciones capaces de llevar su nombre todavía más lejos.
La Romana, esta vez, no solo celebró sus fiestas. Celebró su memoria. Y lo hizo a través de sus propios hijos.
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