Por Alfredo Cruz Polanco
alfredocruzpolanco@gmail.com

En la República Dominicana, un sector de la clase media y alta, residente en las principales urbanizaciones de Santo Domingo, Santiago y en las provincias más desarrolladas del país, que oscila entre un 12 y un 15% de la población votante, es capaz de decidir los resultados en unas elecciones para la escogencia del presidente de la República, de un determinado partido político.

Este sector social, que no participa en las diferentes protestas populares en las calles, encendiendo neumáticos ni en hechos violentos, ha creado un nuevo estilo de protestar muy creativo, sumamente pacífico y hasta individual, pero muy efectivo, pues se convierte repentinamente en un volcán social en erupción, enviando una fuerte señal al presidente de la República de turno y a todos sus funcionarios, del disgusto que siente por las decisiones incorrectas e inoportunas que se están tomando desde el gobierno, como lo fue la cien aprobada reforma fiscal, disfrazada y soterrada, conocida como «el plan anticrisis», ya convertida en la Ley No. 30-26, ya ha comenzado a surtir sus efectos negativos, afectando sus bolsillos y sus intereses personales.

Este mismo sector, con ese mismo sistema de protestar, que fue determinante para sacar del poder al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y a su presidente, licenciado Danilo Medina, en las elecciones generales del año 2020 y reeligiéndolo en el año 2024, de nuevo ha vuelto a protestar desde sus viviendas, en Bella Vista, Los Cacicazgos, Piantini, Naco, La Esperilla, Gazcue, entre otros tantos sectores, a través de los denominados «Cacerolazos». Este sector de clase8 no pertenece a ningún partido político, simplemente, apoya al partido y al candidato que considere que representa mejor sus intereses de clase, dando un voto de castigo a las autoridades y al gobierno de turno, por sus incumplimientos y por no atender sus reclamos.

De ahí que los partidos políticos, sobre todo, los candidatos que aspiran a dirigir los destinos del país, no deben presumir ni creer, que ese sector sicial es de una determinada parcela política y que continuará apoyándole por siempre.

Este modo de protestar y proceder es lo que siempre debe prevalecer para obligar a las autoridades a cumplir con las promesas contenidas en los programas de gobierno, así como por las medidas incorrectas, desafortunadas y desatinadas que se vienen tomando.

Entre esas medidas, podemos citar la reciente reforma fiscal, sometida, aprobada y promulgada al vapor; el congelamiento de los precios de los combustibles por tres meses en el valor más elevado, sobre todo, cuando se tenía informaciones de que el precio del barril de petróleo comensaría a descender. Esto constituyó una puñalada trapera al pueblo dominicano, así como querer pretender colocar una mordaza a la población para que no proteste, lo que constituye una violacion a la libertad de expresión y al libre pensamiento.

Esto forma parte de la voracidad y la insaciabilidad que tuene el gobierno para aumentar sus recaudaciones fiscales, lamentablemente, para continuar tirándolas por la borda, en nóminas públicas improductivas; en publicidad política, en pensiones inmerecidas y de muy alto valor; en gastos de viajes, en subsidios sociales, en francachelas, en grandes sumas para el pago de los intereses de la super deuda externa, entre otros.

Ni hablar de los grandes actos de corrupcion y el enriquecimiento ilícito que se vienen cometiendo en contra de los sectores más vulnerables, como fue el crimen lesa humanidad del fraude cometido contra el Seguro Nacional de Salud (SENASA), cuyos recursos fueron utilizados en la campaña para la reelección del presidente Abinader, al igual que el fraude cometido en el Instituto Oncológico del Cibao, así como el colapso de la mayoría de los servicios públicos básicos.

Por todo lo ante señalado, este sector social le ha retirado el apoyo definitivo a la presente gestión del presidente Lui Abianader Corona y al PRM, por lo que su derrota en las próximas eleciones generales, así como la salida del poder en el año 2028, será la crónica de una muerte anunciada. Así será.

El autor es Contador Público Autorizado
Máster en Relaciones Internacionales;  Ex diputado al Congreso Nacional y Ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016

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