Los fundadores de La Trinitaria: una élite moral al servicio de la patria

 

Redacción Exposición Mediática.- La historia de la República Dominicana no puede comprenderse sin detenerse, con respeto y rigor, en la génesis moral de su independencia. Antes del acto fundacional del 27 de febrero de 1844, antes del cañonazo, del juramento y de la proclamación, existió una decisión íntima y silenciosa: la de un pequeño grupo de jóvenes que asumieron como deber supremo la creación de una nación libre.

Ese núcleo inicial fue La Trinitaria, y sus fundadores constituyeron una auténtica élite moral, no definida por privilegios económicos ni por linajes heredados, sino por la elevación de su conciencia patriótica y su disposición al sacrificio personal.

La Trinitaria fue fundada el 16 de julio de 1838, en un contexto de ocupación extranjera, restricciones políticas y profunda incertidumbre colectiva. En ese escenario adverso, nueve jóvenes dominicanos articularon una organización secreta destinada a preparar, de manera sistemática y disciplinada, la independencia nacional. Su cohesión no se basó únicamente en la amistad, sino en una visión compartida de patria, entendida como comunidad soberana, justa y regida por principios republicanos.

Juan Pablo Duarte (1813–1876)

Juan Pablo Duarte y Díez nació el 26 de enero de 1813 en la ciudad de Santo Domingo y falleció el 15 de julio de 1876 en Caracas, Venezuela. Es el eje doctrinal y moral de La Trinitaria y el principal arquitecto del proyecto independentista dominicano.

Desde temprana edad, Duarte fue expuesto a ideas liberales y republicanas, especialmente durante su formación en Europa, donde asimiló conceptos de soberanía popular, constitucionalismo y autodeterminación nacional.

Duarte concibió la independencia no como una simple ruptura política, sino como una regeneración moral del pueblo dominicano. Su liderazgo fue esencialmente ético e intelectual. No buscó poder personal ni protagonismo militar; buscó formar ciudadanos. Su vida, marcada por el exilio, la incomprensión y la pobreza, constituye uno de los testimonios más elevados de desprendimiento personal al servicio de la patria.

Juan Isidro Pérez (1817–1868)

Juan Isidro Pérez nació en Santo Domingo en 1817 y falleció en 1868, también en la capital dominicana. Fue uno de los colaboradores más cercanos de Duarte y un miembro clave en la fundación y operación de La Trinitaria. Pérez representó el compromiso constante, discreto y firme que sostuvo la estructura interna del movimiento.

De carácter sobrio y disciplinado, su aporte se manifestó en la organización, la confidencialidad y la lealtad absoluta al ideario trinitario. Su figura simboliza al patriota que, sin buscar reconocimiento público, sostiene la causa desde la coherencia moral y la constancia.

Pedro Alejandro Pina (1819–1843)

Pedro Alejandro Pina nació en Santo Domingo en 1819 y falleció prematuramente en 1843, en la misma ciudad, antes de ver materializada la independencia. Su vida breve no limitó la profundidad de su compromiso. Pina destacó por su capacidad intelectual y su claridad política en momentos decisivos para el movimiento independentista.

Su temprana muerte privó a la República naciente de uno de sus jóvenes talentos más prometedores. No obstante, su legado permanece como símbolo de una generación que asumió riesgos extremos sin la garantía de ver cumplido el sueño por el que luchaba.

Félix María Ruiz (1815–1891)

Félix María Ruiz nació en Santo Domingo en 1815 y falleció en 1891. Fue un trinitario de acción constante, comprometido tanto con la planificación como con la ejecución de las actividades revolucionarias. Ruiz representó la firmeza del carácter frente a la persecución y el peligro.

Su trayectoria posterior demuestra que su patriotismo no fue episódico, sino sostenido a lo largo del tiempo. Encarnó la idea de que la independencia debía ser defendida y consolidada con la misma determinación con que fue concebida.

Benito González (1811–1883)

Benito González nació en Santo Domingo en 1811 y falleció en 1883. Fue uno de los miembros más disciplinados de La Trinitaria, reconocido por su conducta recta y su compromiso inquebrantable con la causa nacional.

González aportó estabilidad al movimiento en tiempos de incertidumbre, manteniendo la cohesión interna y el respeto estricto a los principios fundacionales. Su figura refleja la importancia del orden moral como base de cualquier proyecto político duradero.

Juan Nepomuceno Rabelo (1816–1889)

Juan Nepomuceno Rabelo nació en Santo Domingo en 1816 y falleció en 1889. Su participación en La Trinitaria estuvo marcada por la valentía y la capacidad de acción en momentos críticos. Rabelo comprendió que la independencia requería no solo ideales elevados, sino decisiones concretas y oportunas.

Fue un patriota de temple firme, capaz de asumir responsabilidades riesgosas sin vacilación. Su legado se inscribe en la tradición de quienes entendieron la libertad como una tarea activa y permanente.

Felipe Alfau (1814–1879)

Felipe Alfau nació en Santo Domingo en 1814 y falleció en 1879. Destacó por su vocación intelectual y su comprensión profunda de la necesidad de formar conciencia cívica en la población. Para Alfau, la independencia debía ir acompañada de educación y desarrollo moral.

Su contribución fue esencial en la difusión de ideas patrióticas y en la construcción de una base social que respaldara el proyecto independentista. Representa la dimensión cultural de la lucha por la soberanía.

José María Serra (1819–1888)

José María Serra nació en Santo Domingo en 1819 y falleció en 1888. Fue un estratega reflexivo, cuya participación se orientó a la planificación y coordinación del movimiento trinitario. Serra comprendió la importancia de la unidad y la disciplina como pilares de la acción revolucionaria.

Su figura demuestra que la independencia no fue obra de improvisación, sino de análisis cuidadoso y trabajo sistemático. Serra encarna la inteligencia puesta al servicio del bien común.

Jacinto de la Concha (1819–1886)

Jacinto de la Concha nació en Santo Domingo en 1819 y falleció en 1886. Fue un patriota de firme convicción, dispuesto a asumir los riesgos personales que implicaba pertenecer a una sociedad secreta en un contexto de represión.

Su compromiso se expresó en la acción directa y en la lealtad incondicional a los principios trinitarios. De la Concha representa al ciudadano consciente que entiende que la libertad tiene un costo y está dispuesto a pagarlo.

Una herencia moral permanente

Los fundadores de La Trinitaria no fueron héroes accidentales ni figuras mitificadas por el paso del tiempo. Fueron hombres reales, con virtudes y sacrificios concretos, que asumieron la responsabilidad histórica de fundar una nación. Su grandeza no reside únicamente en el éxito político de la independencia, sino en la calidad moral de su compromiso.

La Trinitaria fue, ante todo, una escuela de civismo, un pacto de honor y una afirmación de que la patria se construye desde la ética. El legado de sus fundadores interpela a cada generación dominicana a evaluar si está a la altura de aquel ejemplo fundacional. Porque la verdadera independencia no es un hecho concluido, sino una tarea permanente que exige ciudadanos con conciencia, carácter y amor profundo por la nación.

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