Por Antonio Corcino

La geografía ayuda a comprender las posibilidades y limitaciones de un territorio y, a partir de los recursos que posee, se puede determinar cuál podría ser su devenir. De igual manera, el comportamiento de sus mercados sobre los bienes comercializados puede señalar su rumbo. El Caribe dominicano comparte atractivos comunes con los demás países del Caribe. Las ventajas comparativas se encuentran en todos los diseños de las estrategias basadas en el escenario actual regional, pero eso no es para siempre.

El estado de situación de Cuba es coyuntural; existe la posibilidad de que pueda variar, lo que significa que esta variable necesariamente tiene que estar incluida en cualquier análisis del turismo regional: no por lo que es ahora, sino por lo que puede convertirse en el futuro inmediato. El hecho de que no esté entre los destinos de turismo de salud y bienestar no quiere decir que no lo sea mañana.

Dado que el turismo de salud y bienestar es uno de los segmentos de mayor crecimiento mundial y que la demanda internacional de servicios médicos continuará expandiéndose. En ese sentido, Cuba cuenta con una variable estratégica que le sitúa por encima de la República Dominicana: su capital humano.

Al comparar sus potencialidades en el ámbito de la salud, si explota su capacidad de integrar su capital humano especializado, la innovación médica e infraestructura turística con conectividad internacional, en poco tiempo podrá convertirse en un destino competitivo en la región.

Una anomalía geopolítica en el Caribe

Independientemente de que tenga acceso limitado a recursos naturales, más de seis décadas de bloqueo económico y restricción financiera internacional, en cambio, el futuro previsible de la República de Cuba está sustentado por haber desarrollado un activo estratégico valioso, su inversión en lo que ningún embargo puede aislar: el capital humano.

La isla posee una tasa de alfabetización de 99.67 %, según la UNESCO, un sistema educativo universal y gratuito desde la educación básica hasta el posgrado, y una de las mayores proporciones de médicos por habitante del mundo. Más que indicadores sociales, estos factores manifiestan una acumulación de poder geopolítico invaluable: conocimiento, formación profesional y capacidad científica, bienes diferenciadores que no se corresponden con una nación en esas condiciones política, social y económica.

La ventaja que sobrevive a las crisis

Mientras la gran parte del Caribe depende del turismo y de servicios de bajo valor agregado, el Caribe cubano por décadas ha construido unas capacidades que pocos países de la región poseen. Su infraestructura científica, la formación de profesionales de la salud y su industria biotecnológica constituyen capitales estratégicos que trascienden cualquier coyuntura política.

Por ejemplo, sus medicamentos especializados ya tienen presencia en mercados internacionales, así como la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) es una institución de formación de acreditación internacional que ha graduado a miles de profesionales de múltiples países, bien valorada por su medicina comunitaria, preventiva y la solidez de la formación humana. Esa capacidad productiva no desaparece con una transición política y económica; permanece anclada en instituciones, conocimiento acumulado y en su fuerza laboral. Una ventaja competitiva en el Caribe.

Cuando cambie el mapa regional del turismo de salud

Cuando la competencia cambie de naturaleza. La pregunta para República Dominicana y el resto del Caribe no es si Cuba superará su crisis actual, sino cómo impactará la región cuando llegue a ese nicho. Un mercado de 11 millones de habitantes, combinado con capacidades en biotecnología y servicios médicos, podría pasar a ser un nuevo polo para entrar en el flujo del capital internacional.

Este momento, RD atrae a más de 300,000 pacientes internacionales al año, movidos por la relación calidad-precio. Hoy los especialistas en salud y bienestar atienden a miles de pacientes que genera, mueve millones de pesos cada año, una motivación que está incidiendo en el sector privado para su expansión en infraestructura médica más allá de ciudades como Santo Domingo, Santiago y Verón Punta Cana.

Estos turistas, que de acuerdo con su perfil como paciente y rentabilidad optan por los centros médicos de RD antes que por los del Caribe cubano lo hacen por la actual circunstancia. Una Cuba con mayor inversión extranjera, conectividad aérea normalizada con Estados Unidos y acceso pleno al mercado turístico norteamericano por sus ventajas comparativas competiría directamente por visitantes, inversiones hoteleras y proyectos vinculados al turismo de salud y bienestar, mantenerse y afianzarse en el mercado.

El turismo médico como campo de batalla

La competencia será especialmente visible en el segmento médico del flujo turístico internacional. Su crecimiento sostenido por el natural envejecimiento poblacional, los altos costos de salud en países desarrollados y la búsqueda de tratamientos más accesibles lo hacen estratégicamente rentable.

Sin importar el desenlace de Cuba, en la próxima década, el turismo global de salud y bienes supone que dejará de ser una simple subactividad del turismo para transformarse en una fuente de presión competitiva en la región; se espera que su crecimiento anual compuesto (CAGR) supere el 8%. Esas estimaciones inciden en que cualquier nación del Caribe aspire a tener acceso a ese mercado.

El Caribe dominicano goza de las ventajas de conectividad, de una infraestructura turística y de un posicionamiento internacional competitivo; sin embargo, en poco tiempo, con la inversión adecuada, Cuba puede integrar una red de hospitales, hoteles, transporte, seguros y servicios complementarios que, con una estrategia de comercialización adecuada operada por sus impulsores, podría convertirse en una fuente de presión competitiva para varios países del Caribe.

De modo que los esfuerzos estarán dirigidos a recibir más turismo e inversión directa extranjera. No se puede ignorar que Cuba ya cuenta con un activo difícil de replicar en el corto plazo, un servicio público orientado a la salud; eso significa que fácilmente los podrá certificar y estandarizar para generar más confianza entre los pacientes y los sistemas médicos globales.

Si en este momento el turismo de salud y bienestar genera a República Dominicana más de US$1,300 millones al año, conforme a estimaciones de la Asociación Dominicana de Turismo de Salud (ADTS), el desafío no consiste en beneficiarse de las dificultades cubanas. La verdadera tarea del sector privado es continuar fortaleciendo sus recursos humanos, como aumentando la capacidad en la formación especializada, aunada con la innovación y actividades económicas de mayor valor agregado.

El capital humano es poder geopolítico. Cuba lo ha demostrado durante décadas. La pregunta es si el resto del Caribe está construyendo el suyo antes de que la próxima etapa de competencia regional redefina los flujos de inversión, turismo e influencia económica.

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