Rafael Pineda durante su labor en Noticias Univision 41, en el set de la cadena (Fuente: Univision).
Redacción Exposición Mediática.- Durante más de cuatro décadas, millones de hogares del área triestatal de Estados Unidos compartieron una misma rutina nocturna: encender el televisor y escuchar una voz serena, firme, inconfundible. No era solo un presentador de noticias. Era una referencia moral, un testigo constante del devenir histórico de la comunidad hispana en Nueva York. Esa voz pertenecía a Rafael Pineda, periodista cubano-estadounidense, figura emblemática de Univision 41 y uno de los rostros más longevos y respetados en la historia de la televisión local estadounidense.
El fallecimiento de Rafael Pineda, ocurrido en enero de 2026, marca el cierre definitivo de una era. No únicamente para Univision ni para el periodismo en español, sino para la memoria colectiva de una comunidad que encontró en él credibilidad, identidad y continuidad.
Orígenes y formación: vocación temprana, disciplina permanente
Rafael Pineda nació en Cuba en una época en la que el ejercicio del periodismo estaba profundamente vinculado al compromiso cívico y al rigor intelectual. Como muchos de su generación, su vida estuvo marcada por el exilio y la reconstrucción personal y profesional en Estados Unidos, un proceso que moldeó su carácter, su ética de trabajo y su mirada sobre la información.
Desde sus primeros pasos en el oficio, Pineda entendió que el periodismo no era una plataforma de protagonismo, sino un servicio. Esa convicción —aprendida, reforzada y practicada durante décadas— sería una de las claves de su longevidad profesional.
Univision 41: 43 años de presencia ininterrumpida
La historia de Rafael Pineda es inseparable de la de Noticias Univision 41 (WXTV). Ingresó a la cadena cuando el periodismo televisivo en español en Estados Unidos aún estaba en proceso de consolidación, y se convirtió rápidamente en uno de sus pilares fundamentales.
Durante 43 años consecutivos, Pineda fue el presentador principal del noticiero, estableciendo un récord sin precedentes en el área triestatal de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Ninguna otra figura informativa ha permanecido tanto tiempo al aire de manera ininterrumpida en ese mercado.
Su estilo se caracterizó por:
• Sobriedad absoluta, sin estridencias ni gestos superfluos.
• Precisión informativa, priorizando los hechos sobre la opinión.
• Respeto profundo por la audiencia, a la que nunca subestimó.
En una industria sometida a constantes cambios tecnológicos, presiones comerciales y transformaciones editoriales, Rafael Pineda se mantuvo fiel a un principio rector: la noticia debía explicarse con claridad, contexto y responsabilidad.
Testigo privilegiado de la historia contemporánea
Desde su escritorio de presentador, Pineda narró algunos de los episodios más decisivos de las últimas décadas:
• Crisis migratorias y transformaciones demográficas.
• Atentados terroristas y emergencias nacionales.
• Cambios políticos en Estados Unidos y América Latina.
• Evolución de los derechos civiles de la comunidad hispana.
• Catástrofes naturales, procesos electorales y coyunturas sociales.
Su mérito no fue solo informar sobre estos acontecimientos, sino hacerlo con equilibrio emocional, evitando el alarmismo y priorizando el entendimiento del público.
Para muchas familias inmigrantes, Rafael Pineda fue la primera fuente de información confiable en su idioma, un punto de anclaje en una sociedad que, en ocasiones, les resultaba ajena y hostil.
Una figura de autoridad sin autoritarismo
A diferencia de otros presentadores que construyen su relevancia desde el carisma o la confrontación, Pineda edificó la suya desde la autoridad profesional. No necesitaba levantar la voz para ser escuchado ni editorializar para ser influyente.
Compañeros de redacción y generaciones de periodistas lo describieron reiteradamente como:
• Meticuloso en la preparación.
• Exigente consigo mismo.
• Respetuoso del trabajo ajeno.
• Ajeno a protagonismos innecesarios.
Su liderazgo fue silencioso, pero constante. Formó, directa o indirectamente, a decenas de comunicadores que hoy ocupan posiciones clave en medios hispanos de todo el país.
El retiro: cerrar el ciclo con dignidad
En diciembre de 2013, Rafael Pineda anunció su retiro. Lo hizo sin dramatismos ni escenificaciones excesivas, coherente con la forma en que había ejercido el periodismo toda su vida. Se despidió de la audiencia con gratitud, consciente de haber cumplido una misión.
Su salida no significó una ruptura, sino una transición natural. El respeto que generó fue tal que su nombre siguió siendo referencia obligada en cualquier conversación sobre credibilidad informativa en español en Nueva York.
Tras el retiro, se estableció en Florida, donde llevó una vida discreta, alejada de los reflectores, fiel a su carácter reservado.
Fallecimiento y reacciones
El fallecimiento de Rafael Pineda, confirmado por reportes oficiales en enero de 2026, generó una oleada de reacciones en el ámbito periodístico, político y comunitario. Mensajes de colegas, directivos de medios, líderes comunitarios y espectadores coincidieron en un mismo punto: su legado es irreemplazable.
Más allá de los homenajes formales, la verdadera dimensión de su impacto se mide en la memoria cotidiana de quienes crecieron viéndolo, confiando en su voz para entender el mundo.
Un legado que trasciende la pantalla
Rafael Pineda no fue solo un presentador de noticias. Fue un símbolo de estabilidad en tiempos de incertidumbre, una referencia ética en una profesión constantemente puesta a prueba.
Su legado se expresa en:
• La normalización del periodismo en español como periodismo de primera línea.
• La consolidación de la figura del presentador como servidor público.
• El estándar de rigor que dejó como herencia a futuras generaciones.
En una era dominada por la inmediatez, la polarización y la espectacularización de la información, la trayectoria de Rafael Pineda adquiere un valor aún mayor: demuestra que el periodismo serio, responsable y humano no solo es posible, sino necesario.
Síntesis
La muerte de Rafael Pineda no silencia su voz. La convierte en memoria. Una memoria que seguirá resonando en cada redacción donde se entienda que informar es un acto de responsabilidad social.
Su historia es, en última instancia, la historia de una comunidad que encontró en él un espejo, una guía y una certeza: que la verdad, cuando se comunica con honestidad, puede acompañar a generaciones enteras.
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