Reflexión Nacional: Hacia un Futuro Posible en la República Dominicana

 

Por Manuel Castillo

El año 2028 marcará nuevamente un punto de inflexión en la vida política dominicana. Las elecciones, lejos de ser un simple ejercicio democrático, representan la oportunidad de evaluar lo que hemos sido capaces de construir como nación, y lo que seguimos arrastrando como lastre de gobiernos que se han quedado cortos en las promesas hechas al pueblo.

La desconfianza ciudadana es enorme, y no sin razón. Se apostó a los llamados cambios de quienes una vez fueron oposición, se les otorgó la confianza, y lo único que transformaron fue la manera de endeudar al país, justificando lo que ayer criticaban con la excusa de que “los anteriores lo hicieron peor”.

El resultado es un ciclo vicioso: gobiernos que van y vienen sin encontrar la fórmula que garantice derechos básicos como el acceso continuo a agua potable, energía eléctrica estable y una canasta básica a precios dignos.

Cada día las familias dominicanas ven cómo suben los productos de primera necesidad mientras los salarios se mantienen congelados en la incertidumbre.

Ante cada denuncia de corrupción, el espectáculo se repite: procesos débiles, sanciones ridículas y casos que terminan premiando a los culpables con multas irrisorias, mientras que un ciudadano que roba por necesidad recibe años de cárcel.

¿Dónde está el equilibrio? ¿Dónde se esconde la justicia verdadera?

La República Dominicana necesita de manera urgente un nuevo rumbo. No basta con improvisar: se requieren políticos con experiencia comprobada, administradores eficaces, trabajadores sociales con vocación y un verdadero relevo político, nutrido por las nuevas generaciones.

El país que merecemos construir

• Un país que priorice la educación de sus propios hijos, garantizando un sistema de calidad, moderno y accesible.

• Un país que preserve su soberanía y seguridad ciudadana, depurando las fuerzas del orden y saneando todas las instituciones gubernamentales.

• Un país que pueda rescatar espacios de formación cultural: academias de música, librerías y bibliotecas que sirvan como sembradíos de conciencia.

• Un país que reinstaure en su currículo escolar moral y cívica, valores que nos enseñen a respetar lo nuestro y a rechazar la corrupción.

Para que esto sea posible, hay que trazar líneas firmes en contra de la impunidad. El corrupto no debe ser aplaudido, sino castigado con todo el peso de la ley.

La cárcel debe ser la respuesta para los que han convertido los fondos públicos en patrimonio privado. Solo así empezaremos a erradicar una cultura de saqueo que ha lacerado a nuestra sociedad durante décadas.

Educar es sembrar soberanía
Reitero que la inversión en educación es la clave. No se trata solamente de levantar aulas, sino de crear ciudadanos críticos, responsables y capaces de participar activamente en la transformación del país.

La modernización del sistema educativo debe ir acompañada de un modelo migratorio serio, justo y sostenible, que garantice orden y soberanía territorial.

Unidos por una meta común
La República Dominicana no puede seguir condenada al miedo, a los apagones, al desempleo ni al crimen.

No merecemos vivir encerrados tras rejas dentro de nuestras propias casas. Nos merecemos un país donde impere la ley para todos por igual y donde el sacrificio de nuestros padres y abuelos no haya sido en vano.

Llegó el momento de unirnos para construir esa nación fuerte, justa y libre que soñaron los fundadores, donde las palabras Dios, Patria y Libertad, no se conviertan en un eslogan vacío, sino en el verdadero motor de nuestro desarrollo.

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