Por Lester Mckenzie
El pasado domingo 15 de los corrientes, junto a mi esposa, tuve el honor de compartir con mis alumnos del Colegio Agustiniano, promoción 1982, en una hermosa casa campestre en la comunidad de Barranca, La Vega.
Reencontrarse con compañeros de estudios en especial del colegio es una experiencia emotiva que fortalece lazos, comparte alegrías y revive historias después de años sin verse. Este tipo de actividad permite reconectar con amigos de infancia, recordar los años de asistir a clases en uniforme y celebrar la amistad verdadera en el ocaso de nuestras vidas transformándose en un refugio de un valor incalculable y convirtiéndose en un lazo de igualdad armoniosa que sobrevive al tiempo y la distancia.
En nuestros años de estudiantes tenemos una afinidad especial con ese grupo que fueron nuestros compañeros de aula con quienes compartimos maravillosas experiencias, esos que hacen que nuestra vida sea diferente y a quienes llegamos a considerar como hermanos.


Cuan maravilloso es reencontrarse con esas personas que en su momento fueron parte integra de nuestras vidas y que con el paso del tiempo y gracias a la tecnología siguen presentes en nuestros corazones llenándonos de felicidad.
No había vuelto a ver al grueso del grupo desde hace casi 50 años pues fueron mis alumnos en 7mo y 8vo grado y con cuanto agrado fuimos recibidos. Aquella frase, profe, cuánto tiempo?, abrazos, sonrisas, anécdotas, un verdadero momento compartido en franca camaradería fue lo disfrutado en ese encuentro.
La anfitriona, Flor Bernarda Espaillat Bencosme, se dignó en que no faltase el mínimo detalle para que todos quedásemos satisfechos con las finas atenciones de que fuimos objeto hasta el último momento.
Gracias Flor Bernarda en nombre de todos por abrir las puertas de tan acogedor hogar para recibirnos. Fue una hermosa tarde llena de alegría donde afloraron recuerdos y anécdotas de aquellos tiempos vividos en esos años de adolescencia.
¡Hasta una próxima entrega sabatina!
![]()

