Sicario: génesis, mutación histórica y banalización contemporánea de un término

 

Redacción Exposición Mediática, R.D.- Pocas palabras han sufrido una transformación semántica tan profunda, y a la vez tan silenciosa, como el término “sicario”. En el lenguaje cotidiano actual, su uso suele ser inmediato, emocional y simplificador: designa al asesino a sueldo, al ejecutor del crimen organizado, al brazo violento de estructuras ilícitas. Sin embargo, esta comprensión moderna es apenas la última capa de una historia larga, compleja y profundamente ligada al derecho, la política y el poder.

El presente artículo tiene como propósito examinar de forma didáctica y objetiva el origen del término “sicario”, su evolución histórica desde la Roma republicana, su incorporación al relato bíblico como categoría descriptiva, su tránsito por el derecho medieval y moderno, y finalmente su resignificación en el contexto contemporáneo, especialmente en América Latina y los medios de comunicación.

Comprender el recorrido de esta palabra no es un ejercicio meramente filológico: es también una forma de analizar cómo el lenguaje refleja, legitima o banaliza la violencia según el momento histórico en que se emplea.

Origen etimológico: el puñal y la ley

La palabra sicario proviene del latín sicarius, término derivado de sica, una daga corta, curva y fácilmente ocultable, utilizada en el mundo romano.

En su origen, sicarius no designaba a cualquier homicida, sino a aquel que mataba utilizando una sica, generalmente de manera premeditada y encubierta. El arma define al actor; el método define el crimen.

Este matiz es fundamental: el sicario no era simplemente un asesino, sino un asesino clandestino, cuyo acto atentaba contra el orden público y la estabilidad social.

La consolidación jurídica del término ocurre con la Lex Cornelia de Sicariis et Veneficiis (81 a. C.), promulgada durante la dictadura de Lucio Cornelio Sila. Esta ley perseguía y castigaba:

• A quienes asesinaran con armas ocultas

• A los salteadores armados

• A los envenenadores

Aquí, el sicario es ya una categoría penal, no una figura literaria ni moral. El Estado romano lo define como enemigo del orden, independientemente de su motivación personal.

El sicario como figura política: violencia y subversión

Con el paso del tiempo, el término sicarius dejó de estar asociado únicamente al crimen común y comenzó a adquirir una connotación política.

En el siglo I d. C., durante la ocupación romana de Judea, surge una facción judía radical conocida históricamente como los Sicarii. Este grupo utilizaba dagas ocultas para asesinar a colaboradores del poder romano en espacios públicos, aprovechando multitudes y festividades religiosas.

Desde la perspectiva romana, eran terroristas; desde la perspectiva interna, eran combatientes contra la ocupación extranjera. Lo relevante es que el nombre del grupo no es hebreo, sino latino, lo que confirma que el término ya estaba plenamente integrado al lenguaje político romano.

El sicario deja de ser solo un delincuente y se convierte en un instrumento de violencia ideológica.

El término en la Biblia: descripción, no origen

La presencia de la palabra “sicario” en algunas traducciones de la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, ha llevado a la creencia errónea de que se trata de un término bíblico.

Textos como Hechos de los Apóstoles 21:38 hacen referencia a los sicarios como un grupo violento y subversivo. Sin embargo, es crucial subrayar que:

• La Biblia no crea el término

• Lo utiliza como categoría histórica ya existente

• Su función es descriptiva, no doctrinal

La Biblia recoge el lenguaje político de su tiempo. En ese sentido, “sicario” entra al texto sagrado como entra “centurión” o “procónsul”: como una figura del orden romano.

Edad Media: del derecho romano a la condena moral

Durante la Edad Media, el término sicario no desaparece, pero se diluye dentro de categorías más amplias como homicida, asesino o bandido.

El derecho canónico y la moral cristiana tienden a desplazar la atención del método hacia la intención: el pecado del homicidio importa más que el arma utilizada.

No obstante, el término sobrevive en textos jurídicos latinizados y tratados legales, conservando su asociación con el asesinato premeditado y traicionero.

Aquí se produce una transición clave: el sicario deja de ser una figura estrictamente legal y comienza a adquirir una carga ética y moral negativa.

Modernidad temprana: profesionalización de la violencia

Con el surgimiento de los Estados modernos, los ejércitos permanentes y los aparatos de seguridad, la violencia comienza a institucionalizarse.

Paradójicamente, el sicario se redefine por oposición: es aquel que ejerce violencia fuera del monopolio legítimo del Estado.

En este período:

• El asesino político encubierto reaparece

• El mercenario y el sicario comienzan a diferenciarse

• La noción de pago por matar se vuelve central

El sicario empieza a asociarse con la idea de servicio criminal, aunque todavía no con la cultura popular que hoy lo rodea.

Siglo XX: crimen organizado y resignificación

Es en el siglo XX cuando el término “sicario” adquiere su sentido moderno predominante.

La expansión del crimen organizado, el narcotráfico y las economías ilícitas crea la figura del asesino a sueldo como engranaje funcional de estructuras criminales.

En América Latina, el término se populariza especialmente a partir de:

• Los carteles de droga

• Los conflictos armados internos

• La urbanización acelerada y la marginalidad

El sicario moderno ya no es ideológico ni jurídico: es instrumental. Mata por encargo, por dinero, por supervivencia o por pertenencia a una red.

Medios de comunicación: banalización y estetización

Uno de los fenómenos más preocupantes de la evolución del término es su banalización mediática.

Series, canciones, películas y titulares periodísticos han convertido al sicario en:

• Un arquetipo narrativo

• Un personaje casi mitológico

• Un símbolo de poder y temor

Este tratamiento tiende a:

• Descontextualizar la violencia

• Simplificar causas estructurales

• Normalizar el asesinato como oficio

El lenguaje, una vez más, no es neutro.

Análisis semántico final: de delito a etiqueta

Hoy, “sicario” funciona más como etiqueta social que como categoría jurídica precisa.

Designa al ejecutor, pero rara vez al sistema que lo produce. Nombrarlo es, muchas veces, una forma de cerrar el análisis.

La palabra ha recorrido un largo camino:

• De la daga romana

• A la ley penal

• Del fanatismo político

• Al crimen organizado

• Y finalmente, al consumo mediático

Síntesis

La historia del término “sicario” demuestra que las palabras no son estáticas. Evolucionan, se cargan de ideología, se vacían de contexto o se transforman en símbolos.

Comprender su origen y su mutación histórica no justifica la violencia, pero sí permite nombrarla con mayor precisión y responsabilidad.

En un tiempo donde la violencia se narra con ligereza, recuperar el peso histórico del lenguaje es, también, un acto de resistencia intelectual.

Fuentes consultadas:

Real Academia Española (RAE).
Diccionario de la lengua española, voz “sicario”.
https://dle.rae.es/sicario

• Merriam-Webster Dictionary.
Entry: sicarius.
https://www.merriam-webster.com/dictionary/sicarius

• El Castellano – Etimologías del español.
“Sicario”.
https://www.elcastellano.org/palabra/sicario

• Educalingo.
Definición y etimología de “sicario”.
https://educalingo.com/es/dic-es/sicario

• Names.org.
Origin and meaning of “Sicario”.
https://www.names.org/n/sicario/about

• Universidad Estatal Península de Santa Elena.
Trabajo académico sobre el sicariato y su evolución histórica.
https://repositorio.upse.edu.ec/bitstream/46000/8586/1/UPSE-TDR-2022-0034.pdf

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