Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
Si picha dos juegos simultáneos uno de los dos acabará en derrota. En una encrucijada similar está el PLD. Les toca derrotar al partido de gobierno y a la Fuerza del Pueblo. ¿A cuál de ellos debería dar prioridad?
El proceso organizativo que lleva el Partido de la Liberación Dominicana —observado de cerca— deja ver resultados positivos. Resultados que van cosechando la confianza hacia la agrupación.
La estrategia para neutralizar a su antiguo líder, sin embargo, sigue siendo ineficiente. Y fíjese que digo neutralizar.
Antonio Peña Mirabal, exministro de Educación, dice: “El Comité Político del PLD ha sido incapaz de articular una política contra los ataques de Leonel Fernández”. En las reuniones del Comité Central “he reiterado la necesidad de enfrentar esa difícil situación para salir airosos en el 2028”.
Los aguacates —como llama Peña Mirabal a los leonelistas— “siguen infiltrados en la cúpula del partido”. Es decir, quedan todavía muchos seguidores de Leonel Fernández en el C.P. y en otros estamentos dirigenciales del partido. Ese caballo de Troya, dice el exministro: “ha impedido encaminar acciones tendentes a superar la situación”.
Pero dividir fuerzas para combatir en dos frentes es más amigo de la derrota que del triunfo. Y los peledeístas de eso saben porque han vivido la experiencia desde abajo y desde arriba. Ahora están debajo de nuevo.
Soy de opinión, por derivación, que el partido morado —sin quitar méritos a lo que expresó Peña Mirabal— debería enfocarse en enfrentar a uno de los dos adversarios.
Porque, para qué sirve la habilidad organizativa, el conocimiento del poder y la experiencia en hacer carpintería política de los líderes del PLD. Esas pericias deberían ser garantía para tomar la decisión que aporte el mayor beneficio al partido en esta encrucijada.
Cierto que hay “poderes fácticos del país maquinando para desmembrar al PLD”, que cuentan con apoyo en el exterior. Cierto que el partido cae pesado en la Embajada gringa.
Cierto también que —dice Antonio— “es probable que Leonel Fernández les garantice a esos sectores fácticos seguir mordiendo el presupuesto” nacional. Mordidas “que no están garantizadas en un gobierno del PLD”.
El partido está llamado a no dejarse llevar de las provocaciones de sus adversarios. Caer en ese tipo de treta tampoco es un buen consejo en las lides políticas.
De manera que, si los contrarios del PLD empezaron temprano a vender cantos de sirena. Cantos que dicen: “las elecciones presidenciales del 2028 se definirán entre el PRM y la FP”, amen. Que el “PLD como partido está en dificultades serias, sin posibilidades para el 2028”, amen.
La tarea de los peledeístas frente a esa propaganda consiste en demostrar su capacidad de levantarse a los que pretenden desmembrarlos. Pero no pregonando consignas en los medios y redes sociales, sino volviendo a la organización forjada por Juan Bosch de manera impecable.
En suma, el PLD debería enfocarse —sugiero— en trazar estrategias capaces de unificar la agrupación para vencer al partido de gobierno. Con un buen desempeño frente al candidato del PRM podrían neutralizar a los leonelistas para llevárselos de paso.
Porque romper la relación entre el PRM y la Fuerza del Pueblo, es probable que la división surta el efecto de repuntar al PLD.
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