18 de febrero: El Día Internacional de Beber Vino y la historia de una bebida que también fue medicina

 

Redacción Exposición Mediática.- Cada 18 de febrero se conmemora el llamado Día Internacional de Beber Vino (National/World Drink Wine Day), una fecha que, más allá del brindis social, ofrece una oportunidad para examinar el papel histórico, cultural y médico de una de las bebidas más antiguas de la civilización.

Lejos de tratarse de una celebración hedonista o competitiva, esta jornada busca reconocer la dimensión histórica del vino: su influencia en la economía, la religión, la farmacología primitiva y, más recientemente, en la investigación científica sobre salud cardiovascular.

Un producto milenario

La producción de vino se remonta a más de 6.000 años, con evidencias arqueológicas en regiones del Cáucaso y Mesopotamia. Desde entonces, su presencia se documenta en rituales religiosos, intercambios comerciales y prácticas médicas.

En textos antiguos, incluyendo la Biblia, el vino aparece no solo como símbolo espiritual, sino también como elemento terapéutico. En el ámbito grecorromano, el vino era considerado un vehículo para administrar hierbas y preparados medicinales.

El médico griego Hipócrates recomendaba vino para desinfectar heridas, aliviar dolores y tratar problemas digestivos. En una época previa al conocimiento microbiológico, su contenido alcohólico ofrecía una ventaja práctica: reducía la proliferación bacteriana en líquidos y superficies.

El vino como anestésico primitivo

Uno de los usos más significativos del vino en la antigüedad fue como anestésico rudimentario. Antes del desarrollo del éter en el siglo XIX, las intervenciones quirúrgicas se realizaban con medios limitados para el control del dolor.

El procedimiento era sencillo pero funcional: se administraban grandes cantidades de vino —a veces mezclado con extractos de plantas como la mandrágora u opio natural— para inducir un estado de sedación parcial. Aunque no garantizaba insensibilidad total, disminuía la percepción del dolor y la ansiedad del paciente.

En contextos militares, el vino cumplía además una doble función:

•Mitigaba el dolor tras heridas de combate.

•Servía como antiséptico cuando se vertía directamente sobre lesiones abiertas.

Si bien estos métodos estaban lejos de los estándares actuales de anestesiología, representaron un avance significativo en la historia de la medicina premoderna.

De bebida ritual a objeto científico

Durante siglos, el vino fue considerado saludable por intuición empírica. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando comenzó a estudiarse con mayor rigor. El químico francés Louis Pasteur describió el vino como “la más sana y la más higiénica de las bebidas”, destacando su estabilidad microbiológica frente al agua contaminada de la época.

Ya en el siglo XX, la investigación médica empezó a explorar el llamado “paradoja francesa”: la observación de tasas relativamente bajas de enfermedad coronaria en poblaciones con consumo moderado de vino tinto dentro de dietas ricas en grasas saturadas.

Estudios posteriores identificaron compuestos fenólicos, como el resveratrol y los flavonoides, con posibles efectos antioxidantes y cardioprotectores. Estos compuestos:

•Contribuyen a reducir la oxidación del colesterol LDL.

•Favorecen la función endotelial.

•Podrían tener efectos antiinflamatorios.

No obstante, el debate científico continúa abierto respecto al peso real del vino frente a otros factores dietéticos y de estilo de vida.

Salud y moderación: la postura contemporánea

En la actualidad, organismos como la Organización Mundial de la Salud advierten que no existe un nivel de consumo completamente exento de riesgo. El alcohol está asociado a múltiples patologías cuando se ingiere en exceso, incluyendo enfermedades hepáticas, ciertos tipos de cáncer y trastornos cardiovasculares.

La clave, según la mayoría de consensos médicos, es la moderación estricta. En términos generales:

•Se considera consumo moderado hasta una copa diaria para mujeres.

•Hasta dos copas diarias para hombres.

•Con días sin consumo durante la semana.

Además, los posibles beneficios cardiovasculares no justifican iniciar el consumo en personas abstemias.

El enfoque contemporáneo es claro: el vino puede formar parte de un estilo de vida saludable si se integra dentro de una dieta equilibrada, ejercicio regular y ausencia de factores de riesgo adicionales.

Más que alcohol: dimensión cultural y económica

El Día Internacional de Beber Vino también reconoce el impacto económico y cultural de la industria vitivinícola global. Millones de empleos dependen directa o indirectamente de la producción de uva, vinificación, distribución y enoturismo.

Desde denominaciones de origen protegidas hasta la sofisticación de la enología moderna, el vino representa:

•Identidad territorial.

•Patrimonio gastronómico.

•Innovación tecnológica en fermentación y conservación.

Su estudio hoy involucra disciplinas como microbiología, química analítica, agronomía y marketing internacional.

Entre tradición y responsabilidad

Celebrar el 18 de febrero no implica promover el exceso, sino comprender el trasfondo histórico de una bebida que ha acompañado a la humanidad durante milenios.

El vino fue:

•Anestésico en la antigüedad.

•Antiséptico en tiempos premodernos.

•Vehículo medicinal en culturas clásicas.

•Objeto de estudio científico en la era contemporánea.

Hoy, su valor radica tanto en la experiencia sensorial como en la herencia cultural que encarna.

Síntesis

El Día Internacional de Beber Vino ofrece una oportunidad para trascender el simple brindis y reconocer el recorrido histórico de esta bebida. Desde su uso como anestésico rudimentario hasta su análisis bajo parámetros biomédicos actuales, el vino ha ocupado un lugar singular en la evolución de la medicina y la salud pública.

La evidencia moderna invita a una postura equilibrada: el consumo moderado puede integrarse en un estilo de vida saludable, pero nunca sustituye hábitos fundamentales como una alimentación balanceada y actividad física regular.

En definitiva, el vino no es únicamente un producto gastronómico. Es un testimonio líquido de la historia humana: medicina, cultura y ciencia fermentadas en una misma copa.

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